Ronroneos secretos

Pocos territorios ibéricos hay más impactantes que la Montaña Palentina, para mí la belleza más desconocida de España. Es que la provincia de Palencia es engañosa. Alargada y estrecha como una columna, hunde su base en la Tierra de Campos, el imperio de la llanura cerealística hasta el infinito. No se diferencia en nada de todo lo que le rodea, administrativamente Valladolid, Burgos y León. Realmente trigo, cebada y tierra de secano por doquier, ya desde los romanos. Si empezamos a recorrer íntegramente la provincia de sur a norte, se mantienen estas características durante decenas de kilómetros, durante el 90% del trayecto. Y de pronto, al fondo, en el extremo norte, alcanzamos el capitel de la columna. Un capitel ‘corintio’, ornamentado: increíbles montañas, frondosos bosques caducifolios. Maravillas.

Cuando nadie podía imaginárselo, un murallón rocoso y privilegiado corona Palencia. Casi íntegramente protegido por el llamado ‘Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre-Montaña Palentina’, nada menos. Nacen aquí los ríos Carrión (ya lo dice el nombre del parque) y Pisuerga, que se descuelgan paralelos desde las alturas, regando toda la llanura de punta a punta. Hasta que, según se dice, el palentinísimo Carrión ‘se suicida’: desemboca en el Pisuerga justo antes de cruzar la frontera con Valladolid, solo ‘por no ser pucelano’.

El caso es que, volviendo al norte, mientras miles y miles de turistas se deleitan en las limítrofes montañas de Asturias, León y Cantabria, las de Palencia están relativamente olvidadas. Y eso que son igual de espectaculares, o más. Sus atractivas cumbres no son mucho más bajas que las de los Picos de Europa, con hitos como el Curavacas (2.520 metros), el Espigüete (2.450) o Peña Prieta (2.539), cuya cumbre está en Cantabria pero por poquito. Todo parece pensado para caminar y trepar.

El día ‘G’

La gente es poca por allí, sobre todo fuera de temporada. Y hace varios años, una fresca y luminosa mañana de otoño muy avanzado, un grupo de amigos y yo nos movíamos en coche por alguna de las reviradas y montunas carreteras en torno a Velilla del Río Carrión. Solo muy de tarde en tarde nos cruzábamos con algún otro coche a la salida de alguna curva. El paisaje era sencillamente magnífico: arboledas majestuosas pero ya bastante peladas, prados de verde esmeralda reluciendo cuando más lo hacen (al salir el sol, justo después de que las nubes hayan descargado), grandes neveros que convertían esos herbazales como en un pelaje de vaca frisona ‘pop art’.

Posado invernal (FOTO: Héctor Ruiz / http://gatomontescantabrico.blogspot.com.es)
Posado invernal (FOTO: Héctor Ruiz / http://gatomontescantabrico.blogspot.com.es)

Y de pronto, que es como más disfrutas los encuentros felices, tras la enésima curva un gatazo ‘cachas’ corretea para ponerse a salvo. Baja por la cuneta, se mete en la hierba, para un momento y nos mira. Una mirada impactante, de ojos entre verdosos y amarillentos. Poseía una cabezota casi desproporcionada, con bigotes que tiraban hacia abajo, como caídos; un grueso pelaje como de auténtico abrigo, grisáceo con bandas más oscuras; y, sobre todo, una cola de anillos negros, tan gorda que era más ancha que sus mismas patas. Frené, y los cinco ocupantes del coche –cuatro de ellos con bastante menos interés faunístico que el otro- nos quedamos petrificados con idéntica unanimidad: todos hemos tratado con millones de gatos, pero nunca con uno así. Esto es otra cosa.

Solo son un par de segundos: el bicho retoma su andar soberbio, como el de un león con la cabeza alta, y desaparece tras los arbustos. ¡El gato montés! Nunca lo había visto antes, y nunca lo he vuelto a ver. He hecho unas cuantas esperas para observar el lobo, el oso pardo, el lince, y colateralmente ves muchos más animales. Me he pateado infinidad de senderos, a menudo solo y callado, que es cuando más fácil es que algo importante te suceda. Horas, y horas, y horas ‘perdidas’ en el monte, pero jamás se me ha cruzado esta pequeña fiera. Apareció cuando quiso él. He leído en más de un blog naturalístico que, quien ve un gato montés, no lo olvida. Estoy de acuerdo, y alguna vez he comprobado que ninguno de esos cinco lo hemos olvidado. “¿Te acuerdas cuando el gato…?”.

Misterios

Poco se sabe aún del gato montés, príncipe de la discreción. Ni siquiera la situación real de sus poblaciones. Habitualmente actúa de noche, y solo en invierno se mueve algo más por el día, a lo que atribuyo que nos lo encontráramos aquel día junto al asfalto, porque ‘allí arriba’ era invierno ya. Durante las horas de sol descansa en agujeros del terreno o los árboles. A diferencia del gato doméstico, huye de la compañía, incluso de sus propios congéneres. Vive normalmente en lo más profundo del bosque, no llama la atención. Ni se le ve ni se le siente. Doblemente fascinante, o más.

El único momento en que estos félidos socializan más es en la época de apareamiento. Pero es por poco tiempo: las hembras son ‘madres solteras’ que cuando dan a luz (abril o mayo y 3-4 cachorros, normalmente) defienden con más ahínco si cabe el territorio. Dotado de unos sentidos máximos, como todo lo salvaje, es hábil procurándose el pan. Sus presas favoritas son pequeños roedores, pero en realidad caza cualquier cosa que se le ponga a tiro y entre en su rango de tamaño.

Campeando, con garza detrás (FOTO: Héctor Ruiz / http://gatomontescantabrico.blogspot.com.es)
Campeando, con garza detrás (FOTO: Héctor Ruiz / http://gatomontescantabrico.blogspot.com.es)

Y poco más se puede decir. En Europa occidental falta desde hace decenios de países enteros. Desapareció de Inglaterra, por ejemplo, aunque sí lo hay en Escocia. Se distribuye por toda la Península Ibérica, pero en los lugares adecuados para él: su propia presencia indica, sin ir más lejos, que el hábitat va medianamente bien. Pero hay grandes espacios en blanco, entre unas poblaciones y otras. Los más cercanos, si miramos más allá de los Pirineos, son los de la zona norte de Francia-Bélgica-Alemania. Su piel carece de valor, pero se le acusa históricamente de atacar a las aves de corral, cuando a menudo el culpable es el pariente doméstico o algún ‘asalvajado’. Y por eso ha sido tiroteado y envenenado durante siglos.

Historia identitaria

Para darle algo más de complicación al tema, ni siquiera hay unanimidad acerca de qué incluye exactamente la expresión ‘gato montés’. Expliquémonos algo más: se desconoce qué diferencia decisivamente al gato montés europeo, los similares que pueblan Asia y África y nuestros mismísimos gatos domésticos. Opiniones autorizadas hay para todos los gustos, aunque últimamente, y tras estudios genéticos, la más arraigada es que los cuatro son realmente subespecies del mismo animal. Aunque de aspecto (de color y dibujo del pelaje, por ejemplo) sean muy diferentes. El nombre científico de todos sería Felis silvestris, y en lo que a Europa se refiere coinciden el F.s. silvestris, el montés, y el F.s. catus, el gato de casa. El pelaje del montés europeo se parece más a la común variedad gatuna llamada atigrado listado o tabby: el gato gris con rayas oscuras de toda la vida.

Las aldeas y sus gatos domésticos... peligrosas para el montés.
Las aldeas y sus gatos domésticos… peligrosas para el montés.

En cierto modo, la relación sería como compararnos a nosotros mismos con un verdadero cromañón que hubiese sobrevivido hasta hoy, oculto en las montañas y sin vínculo alguno con nuestra ‘civilización’. Los genes dirán que somos la misma especie, Homo sapiens, pero no podemos quedarnos ahí. Cuestión racial aparte, él sería nuestra versión poderosa, embrutecida, conocedora de todos los recovecos de su entorno y los trucos para sobrevivir como cazador-recolector. Entre otras cosas, el hombre de las cavernas conservaría esa sabiduría que a nosotros se nos olvidó. Con el gato montés es parecido: técnicamente será lo mismo que el que ronronea en nuestro regazo, pero el salvaje tiene que ganarse la vida. En invierno, ni siquiera tiene a mano el motor caliente del coche recién aparcado.

En este parentesco cercano radica otra de las amenazas para la variedad silvestre: la pérdida de pureza. El gato de casa fue domesticado hace muchos miles de años, parece que partiendo de la variedad africana del salvaje. Se aprecian gatos mansos, por ejemplo, en los jeroglíficos y esculturas del antiguo Egipto, aunque la domesticación es anterior, como la del lobo convertido en perro. Y los humanos experimentamos lo indecible con el nuevo animal de compañía, dando lugar al crisol de colores, formas y tamaños gatunos que existen hoy. Razas tan dispares como el de angora, el persa o el siamés. Pero el hosco gato montés no deja de ser la misma especie, y la prueba es que se puede cruzar con el casero dando además descendencia fértil.

Marcando territorio (FOTO: Héctor Ruiz / http://gatomontescantabrico.blogspot.com.es)
Marcando territorio (FOTO: Héctor Ruiz / http://gatomontescantabrico.blogspot.com.es)

De pequeño leí en alguna parte, o eso creo recordar, que los hijos híbridos de gato montés y doméstico eran fértiles, pero los nietos estériles. Mentira: siguen siendo fértiles, solo que pierden parte de las características únicas del felino altivo y compacto que nos sorprendió en la Montaña Palentina. Cuanto más mezclados estén, menos ‘monteses’ serán, y más difuminada quedará la súper especializada variedad ‘cromañón’. Si los gatos monteses escasean, lo normal es que se acerquen a los domésticos. Y peor aún si son estos últimos los que se asilvestran y huyen del pueblo al bosque, convirtiéndose en los llamados ‘cimarrones’. Pueden hacer que degenere la sangre inalterada de sus parientes puramente salvajes.

¿Has visto alguno?, colabora

Toparse con un gato montés no es fácil. Por eso el testimonio puede ser importante para quienes intentan descubrir los secretos de su anónima vida. Incluso si es un cadáver desgraciadamente atropellado, puede dar pistas importantes a sus estudiosos. Por ejemplo, los biólogos Héctor Ruiz (que gentilmente ha cedido varias de las fotos de esta entrada) y Jorge Falagán han lanzado el ‘Proyecto Gato Montés’. Incluye un blog que sirve como punto de encuentro para aportar datos sobre observaciones. También una pequeña pero sensacional guía ‘online’ para distinguir al gato montés de pura cepa de las variedades domésticas o híbridas con las que se puede confundir:

http://gatomontescantabrico.blogspot.com.es/2014_03_01_archive.html

Y de paso ofrecen formularios para rellenar, por si uno se ha encontrado con un montés, vivo o muerto. Su intención es crear una base de datos lo más completa posible, y para eso hace falta la colaboración de todo el que pueda. Como reza el nombre del blog, se centran más en la Cordillera Cantábrica, pero sirven vivencias de cualquier punto de España. ¿Algún gatazo soriano? Si tienes la suerte de que la joya te regale un momento, puedes ayudarles. La conservación es tarea de todos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

ERROR: si-captcha.pnp dice: captcha_library no encontrada.