Misil sobre fondo azul

No tengo ‘Whatsapp’, con la firme intención de que no me encuentren a todas horas. Ni conexión a Internet desde el móvil, ni siquiera acceso desde casa. Retrógrado tecnológico que es uno. Pero hasta los que somos así gozamos con algunos hitos del siglo XXI, y uno de ellos existe gracias a la Sociedad Española de Ornitología (SEO). Pinche aquí: http://www.seo.org/webcam-halcon-peregrino-madrid/. Y de pronto la magia de la red de redes se combina con la del mundo natural. Conectaremos con la torre del Museo de América de Madrid, el imperio del asfalto. Y encontraremos al otro lado de la pantalla la imagen en directo de un nido de halcón peregrino, uno de los animales más fantásticos de la Tierra. Del aire, el que más.

El Museo de América y su torre.
El Museo de América y su torre.

Aunque la familia de peregrinos no lo sepa, es protagonista de todo un pequeño ‘show de Truman’ al alcance del vistazo. Como revela la SEO, la cámara apunta a una caja nido colocada por la ONG en 2007. Es una de las 7 parejas de este halcón que criaron en la urbe capitalina en 2013, un lugar muy diferente a ése donde nuestro imaginario colectivo sitúa a las rapaces salvajes. Y para nuestro disfrute, vuelve a criar esta temporada también. Porque los halcones se emparejan para siempre, y tienden a nidificar donde lo hicieron el año anterior.

En cuanto superemos los breves segundos de inevitables anuncios, probablemente veremos a la hembra (casi un tercio mayor que el macho) tumbada sobre los huevos, que están a punto de eclosionar (a 10 de abril). Y cuando nazcan las pequeñas bolas de plumón, de no mediar imprevisto, ella apenas se va a mover de allí hasta que sus retoños estén en condiciones de buscarse la vida. Aún queda rato para eso. A principios de marzo comenzó la incubación, que dura en torno al mes. ¡Están al caer! (ACTUALIZACIÓN: lamentablemente, el 16 de abril la SEO comunica que se da por perdida la puesta, que la hembra ha dejado de incubar, y es el segundo año seguido que sucede; ahora toca investigar por qué no ha salido adelante).

Precioso en todos sus extremos (FOTO: Borja Martín / www.bioarchivo.com)
Precioso en todos sus extremos (FOTO: Borja Martín / www.bioarchivo.com)

¿Y él? De caza, que hay que alimentar a la pareja, y después también a una prole cada vez más voraz. Con un poco de suerte, le veremos aterrizar con un poco de carne para su pareja y sus hijos. En cualquier caso, ¡qué maravilla! Será interesante seguir su evolución, cómo crecerán a una velocidad casi tan vertiginosa como la que alcanzarán de adultos, cómo en mes y medio los ya emplumados halconcillos se lanzarán a sus primeras aventuras aéreas. ¿Por qué no, un vistazo diario?

Cada vez más halcones crían en las grandes ciudades. También en Barcelona hace lustros que se inició un proyecto de reintroducción, y ahora hasta la Sagrada Familia de Gaudí tiene su nido. Porque, convenientemente protegidos, han sabido adaptarse a un medio que parecía opuesto a lo que se espera de ellos. Observando con la mente abierta, no es tan distinto: sustituyamos el cortado tradicional donde poner los huevos por un edificio tranquilo, mejor aún si es un rascacielos que sobresalga por encima de otras torres, y el resto viene dado. Palomas de las que nutrirse –su presa por excelencia- habrá a mansalva.

Sobrevolando Barcelona (FOTO: www.falconsbarcelona.net).
Sobrevolando Barcelona (FOTO: www.falconsbarcelona.net).

Así que, si no se los incordia, no necesitan más: una de las criaturas más cercanas a ostentar superpoderes se instalará entre nosotros. Si el halcón peregrino es la rapaz más distruibuida por el planeta entero, es en parte por su escaso nivel de exigencia: cantil donde establecer el sencillísimo nido –prácticamente pone los huevos sobre la roca-, espacios abiertos donde cazar y cielo, mucho cielo.

Dueño del aire

Y alguien que en estas urbes mire de vez en cuando hacia arriba, más allá de la acera, podrá sorprender a una especie de flecha motorizada sobrevolando su cabeza. De aleteo breve, de planeo rápido, hasta inquietante. Cuando el halcón patrulla entre las nubes, pocos seres alados respiran tranquilos. Si es que lo ven. Y si no lo hacen… peligro de muerte instantánea. Precisamente, aprovechando este pavor instintivo, en aeropuertos como el de Barajas se cuenta con una plantilla de halcones amaestrados siguiendos el arte milenario de la cetrería, precisamente para alejar a bandadas de otras aves que pueden crear problemas a los aviones.

Porque si es bello de ver posado, o en el puño de un cetrero, donde el peregrino se convierte en inigualable es en el aire. Su silueta parece una cruz formada por cuatro puñales: alas puntiagudas, cola estrecha y afilada, cuerpo compacto. Las rapaces diurnas europeas se dividen en dos grandes ramas: accipítridos y falcónidos. Los primeros son esos de planeo majestuoso, de círculos lentos en el cielo, de plumas primarias que destacan como dedos abiertos: águilas, buitres y otros. Nada que ver con los segundos, a los que el creador, si es que existe, moldeó para cortar el viento con sus ángulos agudos, como un caza. Y el halcón es su más fantástico exponente.

Halcón peregrino, la flecha de los cielos (FOTO: Borja Martín / www.bioarchivo.com)
Halcón peregrino, la flecha de los cielos (FOTO: Borja Martín / www.bioarchivo.com)

Éste es el citado gran superpoder del halcón. Como muchos saben, esta rapaz es la criatura que mayores velocidades alcanza de lo que conocemos de universo. En línea recta puede volar a unos 100 kilómetros por hora, aunque no sea el récord. Pero donde no tiene parangón es en picado, su seña distintiva, su método característico de caza: pliega las alas, gira hacia abajo, se convierte en bomba y supera los 300 kilómetros por hora. Como un Fórmula Uno pero sin motor y sin conductor: él es el motor, el chasis y el piloto.

Está adaptado para soportar la enorme presión de viajar a esa velocidad estratosférica, incluso con especializadas fosas nasales del pico que le permiten respirar sin autodestruirse los pulmones mientras se transforma en rayo. Su vista prodigiosa le permite también localizar menú desde muy lejos, y trata de situarse en posición dominante. Cuando la víctima se pone a tiro, se convierte en un bólido que aparece de la nada, desde más arriba que los incautos patos, palomas, gaviotas, vencejos o cualquier ave de más o menos porte que le vuele a menor altura. Y como el aire es su imperio, en el aire los acuchilla, de un golpe certero con las garras que, cuando menos, deja al desdichado a disposición de una segunda y definitiva pasada. ‘El proyectil viviente’, se titula su capítulo en la Enciclopedia Salvat de la Fauna.

Una vez, una sola vez, tuve el privilegio de contemplar esto con un halcón salvaje de por medio. Fue, cómo no, rapidísimo. En las Islas Cíes, antes del chapapote y de la declaración de Parque Nacional, caminaba con mi viejo amigo gallego el Profesor Barros, de esos tipos dotados con un radar para el bicherío aéreo. “Halcón peregrino”. Prismáticos arriba, apenas me dio tiempo a localizar a la flecha, que seguía una recta imaginaria, muy alto. Porque justo por debajo volaba una distraida bandada de palomas.

La fiera alada cambió de pronto de trayectoria: subió un poco, en segundos cayó decenas de metros más abajo y pegó en su presa. Herida de muerte, la víctima voló un instante torcida, como una avioneta alcanzada por las ametralladoras. Su enemigo volvió a tomar impulso, hizo otro pequeño picado para agarrarla con las garras como quien coge la cesta de la compra y se la llevó hacia el infinito, detrás de los acantilados. Una paloma menos, dos fascinados más.

Recreación del sueño

Tengo dos sueños imposibles: uno, la máquina del tiempo. Otro, volar (yo solo, sin artilugios). Pero, ¿cómo sería volar así? No cabe en la cabeza. Si la escena de los dos párrafos anteriores me marcó, también lo hizo el documental de Animal Camera de la BBC que cayó en mis manos hace bastantes años. Ya empezaba a evolucionar la tecnología fílmica, y sus autores colocaron microcámaras en el lomo de tres sensacionales rapaces: el águila real, el azor y el halcón peregrino. Lo que se veía desde la primera parecía tomado desde un parapente: accipítrido puro. Las otras dos eran increíbles. El azor, esquivando árboles y arbustos a todo trapo, parecía competir en la carrera de motos voladoras de El retorno del Jedi. Y el halcón casi se asemeja a la propia máquina del tiempo (minuto 3:22): está en el cielo y el halconero que lo reclama parece una pulga; en un pestañeo se planta a su lado, como un disparo.

Estragos del DDT

Adaptable, increíble, genial. ¿Quién puede con el halcón peregrino? La respuesta es la misma de siempre: ¡nosotros! Según el último censo nacional de SEO/Birdlife en 2008, la población española se sitúa en torno a 2.400-2.800 parejas reproductoras, máximo europeo. Parece que ha repuntado un poco en los últimos años, tras el terrible bajón que pegó la especie sobre todo desde los años 50. Aparte de la persecución, del expolio de huevos y pollos –con los citados superpoderes es normal que sea de lo más codiciado en cetrería-, la popularización de pesticidas basados en el compuesto organoclorado DDT hizo estragos en la especie, en este caso más débil que otras. Curiosamente, la acumulación de este veneno con el que se fumigaba los campos provocaba que la cáscara de los huevos de peregrino fuera menos gruesa, y muchas puestas sucumbieron bajo el peso de sus propias madres en la incuabación… Por suerte, se prohibió en los ’70.

Hoces de Riaza, hábitat más típico del peregrino.
Hoces de Riaza, hábitat más típico del peregrino.

¿Y en Soria? Ese mismo censo habla de 19 parejas confirmadas y 2 probables, sobre todo del tercio occidental de la provincia y en cañones calizos. No en vano, el del Río Lobos es el que más parejas acoge (4). La realidad es que, como destaca en su texto el ornitólogo soriano Juan Luis Hernández, hay “estimaciones fiables” de población que demuestran un hundimiento impresionante desde los años ’80 (50-60 parejas), pasando por los ’90 (35-40) y el censo de 2002 (28). La tasa de reproducción es además baja.

¿Qué pasa con los halcones sorianos? Hernández apunta a que, aparte de las causas de declive general antes comentadas, también hay otra sorprendente como “la competencia con otros predadores como el búho real”. Se ha comprobado que la desaparición del primero ha sucedido a la vez que la aparición del segundo “en 16 territorios en los últimos 14 años. No obstante, entre el censo de 2002 y el de 2008 ha desaparecido en zonas serranas donde no hay búho real y en otras donde convivía sin aparentes problemas con esta rapaz nocturna”. Por mucho que estudiemos, nunca lo sabremos todo.

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