Blog | Por Sergio Tierno / Viajes, geografía, deportes y curiosidades

Cap. 323. 16/18-1-2024

El voleibol y las impresionantes ruinas reconstruidas de Éfeso

Calle de mármol y Biblioteca de Celso
photo_camera Calle de mármol y Biblioteca de Celso

VER GALERÍA DE FOTOS

Una vez más, ha sido el deporte el detonante de nuestro último viaje. De los tres grandes deportes de Soria (atletismo, fútbol, voleibol), ahora ha sido este último el que nos ha hecho montarnos en un avión para regresar a un país conocido, Turquía, a una ciudad desconocida, Esmirna, la tercera más grande del país detrás de Estambul y la capital Ankara con alrededor de tres o cuatro millones.

El partido de voleibol que hemos venido a ver ha sido la vuelta de la eliminatoria de play-off de la Copa CEV entre Arkas Izmir y Grupo Herce Soria. En la ida, perdimos 1-3 en Soria, así que a ver qué pasa en esta vuelta y podemos hacer lo mismo que contra Novi Sad y Chenois Ginebra.

VER GALERÍA DE FOTOS

Martes 16 de enero

El viaje ha sido de tres días. Para ir de Soria a Esmirna la única opción comercial es coger tres medios de transporte: autobús de Soria a Madrid (poco más de dos horas), avión de Madrid a Estambul (cuatro horas y cuarto), avión de Estambul a Esmirna (una hora). Salimos a las 2.30 de Soria, en plena madrugada, y llegamos a orillas del Egeo a las 17.30 (son dos horas más en Turquía).

Como esto es un blog de viajes, aprovecho para recordar la importancia de vigilar siempre las condiciones de entrada a todos los países. Es algo más molesto que grave, pero todos los días se les niega la entrada a algún país a cientos de personas. El dato es recién inventado, pero seguro que es cierto.

Como siempre en este tipo de eliminatorias, nos esperaba el autobús del Arkas Izmir en el aeropuerto de Esmirna, y una hora después estábamos en el hotel. En ese viaje de autobús vimos miles de construcciones arracimadas en las laderas de las colinas de Esmirna, así como una gran cara tallada en la roca al estilo de las más famosas de los cuatro presidentes de los Estados Unidos de América.

El hotel (Volley Hotel) y el pabellón (Ataturk, 6.000 espectadores) están en el mismo recinto, hasta el punto de que ni siquiera se sale a la calle para ir de uno a otro. Una maravilla para estos viajes exprés. Este martes estuvimos viendo entrenar al equipo y, a las nueve de la noche, a cenar. Después de cenar, el cansancio no nos impidió a Alfredo, Juanfer, Marisa y Sergio dar un paseo por el ídem marítimo. Buena temperatura a orillas del Egeo, y eso que la lluvia fue la que nos recibió nada más aterrizar.

VER GALERÍA DE FOTOS

Miércoles 17 de enero

Típico día que no me creo que tuviera 24 horas. El de ayer en verdad no las tuvo (fueron 22), y el de mañana tampoco las tendrá (serán 26), pero este miércoles 17 de enero de 2024 ha sido de un cundido impresionante. A las 7.30, los cuatro mismos que ayer paseábamos hoy estábamos desayunando en el hotel. A las 8.00 nos cogía un transfer contratado en el propio Volley Hotel para ir nada menos que a Éfeso, a poco más de una hora de viaje.

Alrededor de las 9.30 estábamos en la puerta del inmenso recinto. Mientras comprábamos las entradas, un guía local (Vulkan) nos ha ofrecido sus servicios y los hemos contratado. La visita dura entre una hora y media y dos horas. Voy a contar las cosas más destacables que se me han quedado en la cabeza de las que nos contó Vulkan, aprovechando que no tengo internet.

Éfeso fue en su día la tercera ciudad más grande del Imperio Romano, con 250.000 habitantes. Los terremotos y la sedimentación, que la fue alejando del mar, provocaron que la inmensa ciudad quedara de pronto un día por completo abandonada. Esa sedimentación, además, la fue cubriendo y cubriendo, hasta el punto de que permaneció 1.500 años enterrada. Impresiona.

En el siglo XIX ya se empezó a excavar en Éfeso, y ahí sigue la labor. En siglo y medio muy redondeado se ha excavado alrededor del 20% de la ciudad, así que todavía quedan décadas y décadas de apasionantes descubrimientos en Éfeso (por ejemplo, la estatua principal del templo de Artemisa), pues no tiene nada que ver mover la tierra con una retroexcavadora que con un pequeño pico, una pala y un cepillo.

Esa sedimentación hizo que todas las grandes construcciones fueran derribadas. Muchas piedras fueron utilizadas por los vecinos de la zona para sus casas, pero otras muchas permanecieron in situ y han sido recolocadas minuciosamente por los arqueólogos para que los turistas podamos disfrutar de la grandeza de Éfeso.

Aparte de decenas de templos, letrinas, plazas, el lupanar, el parlamento con 1.400 asientos, las tuberías originales de terracota, los mosaicos o la simbólica puerta de Hércules que separaba la parte comercial de la política, hay tres elementos que destacan sobre todo los demás.

El primero, que me ha encantado, son las tres increíbles calles de las 24 que llegó a tener Éfeso. Las otras 21 no han sido excavadas o recuperadas. Estas calles, de diferentes anchuras, se encontraban rodeadas de tiendas y soportales para defenderse del calor y la lluvia. Todavía se conserva mucho de su pavimento original, nada menos que de mármol, pues según Vulkan casi la mitad del mármol del mundo se encuentra en Turquía.

El segundo elemento es el gran teatro donde 24.000 personas disfrutaban de los espectáculos que hubiera programados. Muchas veces cuando escribo estas cosas me acuerdo del gran sueño de César de inventar una máquina del tiempo. Enfrente del graderío del teatro se encuentra la más ancha de las tres calles y, al final de la misma, estaba el Egeo, con lo que lo primero que veían los viajeros del mar al llegar a Éfeso era esta inmensa construcción con una sonoridad que no ha podido ser mejorada dos milenios después. En este teatro les habló San Pablo a los efesios, y fue también en Éfeso donde San Juan escribió el cuarto de los Evangelios, con lo que es fácil calibrar la trascendencia histórica de este lugar.

El tercer y último elemento es el más famoso de Éfeso, su gran símbolo, la Biblioteca de Celso, también la tercera más grande del Imperio Romano por volumen de libros, aunque no se ha conservado ninguno. Situada en la esquina de las otras dos calles amarmoladas que se conservan, esta biblioteca ha sido levantada piedra a piedra como el resto del sitio. Las cuatro grandes estatuas de la Biblioteca de Celso son reproducciones de yeso, pues las originales se encuentran en Viena.

Después de este paseo por la historia y por la niebla, que le ha dado un punto a nuestra visita, hemos regresado a Esmirna. En Éfeso nos hemos encontrado, por decir algo, con un centenar de personas de los aproximadamente dos millones de visitantes anuales a estas ruinas romanas. Es enero y es miércoles. El gran volumen de visitas llega a partir de la primavera, y procede sobre todo de los cruceros.

Hemos llegado de sobra para comer a las 13.30 en Esmirna. Como el partido era a las 19.00, ha habido tiempo para dar otra vuelta por la ciudad: callejuelas repletas de comercios y bares, mucha zona peatonal, el gran paseo marítimo con pescadores y muchos grupos de amigos o familias, un poco de correos, un poco de prensa, un poco de café y trilece… Desde allí, siesta al hotel y, dos minutos después de despertar, ya estábamos sentados en nuestra posición del polideportivo.

El partido ha terminado con la victoria del Arkas Izmir 3-0, mucho más igualado de lo que podría pensarse, sobre todo el primer set y el último (25-22, 25-20, 25-23). Había alrededor de un millar de personas en las gradas, seis de ellas de España, residentes en Esmirna que se han enterado del partido y allí estaban animando. Nos hemos hecho unas fotos con ellos al terminar. LEER CRÓNICA DEL PARTIDO

Como está todo tan a mano, nos hemos tomado algo en el hotel mientras terminábamos de trabajar, hemos cenado y nos hemos vuelto de nuevo a toda la zona del Kordon, los cuatro de ayer más Alberto y Miguel. En el bar que nos ha parecido, hemos estado tomando algo durante un par de horas.

VER GALERÍA DE FOTOS

Jueves 18 de enero

Y ya. Cinco horas después de tumbarnos en la cama hemos tenido que abandonarla. Desayuno a las 7.30, autobús a las 8.15 y primer vuelo Esmirna-Estambul a las 11.00. La escala ha sido de algo más de una hora. A las 13.50 estaba programado el segundo vuelo de Turkish Airlines, el Estambul-Madrid en el que ahora nos encontramos y que nos priva de internet. Pronto llegaremos a la capital de España y dos horas después a la del mundo, a la de nuestro mundo al menos, Soria, con Autocares Rubio y Jesús.

Enhorabuena al Grupo Herce Soria por la gran temporada europea, inicio de la culminación de un largo trabajo de una década para recolocar al voleibol soriano donde estuvo

Y, sobre todo, muchas gracias al Río Duero Soria por todas las facilidades para la planificación de este viaje y por todo el trato y acompañamiento posteriores