22-7-2025

Pepe Alonso, el constructor de los vistosos majanos de Rello

Pepe Alonso, junto a su casa en Rello. Foto Concha Ortega

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El sur de la provincia de Soria está surcado por numerosos caminos que hacen más cortos, en distancia, los trayectos entre muchos de sus pueblos. Eso es lo que sucede, por ejemplo, entre Rello y Barcones, separados por unos 14 kilómetros por carretera que se convierten en nueve si se va por un camino que, en estos días, a sus lados, muestra el intenso amarillo del cereal en plena época de cosecha, el marrón de las tierras no sembradas y el verde de los altos girasoles antes de la espectacular aparición de sus inflorescencias.

Y aunque no parezca zona de tales, a la derecha, yendo de Rello a Barcones, a unos cuatro kilómetros, también hay algunos pinos de corta edad y, por tanto, no mucha estatura. Pero no son ahora esos pinos lo que buscamos, sino lo que hay justo enfrente, al otro lado del camino. Allí, sobre un par de tierras de labor, aparecen alrededor de una veintena de majanos abundantemente nutridos, dado el carácter pedregoso de estos suelos.

Lo que llama la atención no es tanto el número de majanos, sino su forma, nada de piedras amontonadas unas encima de otra según van cayendo, sino cuidadosamente apiladas para que tengan una estructura muy definida: paralelepípedos de unos 150 o 200 centímetros de alto, y con base claramente rectangular. Esa forma y ese número elevado de majanos hace inevitable dirigir la vista hacia ellos, hacia la zona que ocupan.

José Alonso Miguel nació en Rello en 1943. Desde entonces ha vivido siempre en su pueblo natal salvo dos periodos antes de su boda a los 29 años, el del servicio militar entre Tenerife y Lanzarote y un año como trabajador de la construcción en Barcelona. Todo el mundo le conoce como Pepe. Casado con Juana, siete años menor, también natural de Rello, el matrimonio siempre ha residido en la preciosa localidad amurallada, donde nacieron y crecieron sus tres hijos, que ya no viven allí.

La vida laboral de Pepe Alonso no difería mucho de la del resto de habitantes de Rello, que a mediados del pasado siglo superaban los dos centenares y medio. Ahora, de continuo, hay alrededor de una docena. El trabajo en aquella época era la de labrar y la de ejercer de pastor. Salvo en la vega, donde había algo de patatas o judías, los frutos de la tierra eran sobre todo cereal, trigo y cebada, con algo de espacio para la avena y el centeno.

Por lo que se refiere a las ovejas, en la época de juventud de Pepe todo el mundo tenía unas cuantas, muchas o pocas. Él, que dejó la yunta tiempo atrás, siguió con la ganadería ovina hasta su jubilación, hace 17 años. Por aquel entonces tenía unas 500 ovejas, que fueron las últimas de Rello. Ahora todavía quedan algunos rebaños en pueblos cercanos como Arenillas, Marazovel, Barcones, Barahona…

Llegados los días de la jubilación, no llegaron los días de dejar de ir al campo. Pepe seguía acudiendo a sus tierras de labor, ya como un entretenimiento y una ayuda a los nuevos encargados de trabajarlas.

De joven, en las tainas, siempre le había gustado dejar la paja muy bien colocada. Y, pasados los años, hizo algo similar con todas esas piedras de sus terrenos. Para facilitar el paso de las máquinas, iba quitando las piedras y las iba colocando en estos majanos que, como se ve en las fotos, pueden considerarse más bien construcciones que meros amontonamientos. En la finca de al lado, su suegro también se había esmerado en esta retirada y colocación de piedras, actividad que luego fue perfeccionada por Pepe Alonso a raíz de su jubilación, en un trabajo de varias horas cada día, durante años.

La obra puede completar la visita a uno de los pueblos más bonitos de la provincia como es Rello, en cuyos alrededores también se encuentran atractivas atalayas, entre las que destaca la del Tiñón. En ambos casos, hay que circular por caminos. Ahora en verano, además, el bar de Rello abre todos los días y casi todo el día, desde las diez de la mañana hasta la medianoche, así que cualquier hora sería buena para tomarse un descanso en la plaza, junto a su curioso rollo de hierro.

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Gracias a Miguel Ángel (alcalde) y Montse (hija)