Blog | Por Sergio Tierno / Viajes, geografía, deportes y curiosidades

Cap. 332. 13/14-5-2024

Mostar, Google Maps, Dubrovnik, Adriático, Split, Drazen

2 Mostar (7)
photo_camera 2 Mostar (7)

GALERÍA DE FOTOS

Seguimos con el viaje por los Balcanes, por dos de sus países, Croacia y Bosnia.

Lunes 13 de mayo

Este lunes nos levantamos en Sarajevo y nos lanzamos a los pequeños placeres matutinos en las ciudades que se visitan: un trote, un café… Satisfechos dichos placeres, nos montamos en el coche rumbo a Dubrovnik, en un viaje que hicimos ayer y que ya me cuesta recordar con definición, pero que tuvo dos partes no claramente diferenciadas, sino del todo antagónicas.

De Sarajevo a Mostar, una carretera con bastante tráfico, gran cantidad de localidades, preciosos lagos, altas montañas, hoteles, restaurantes, gasolineras… La única parada que hicimos fue en Jablanica, donde tuvo lugar la batalla del Neretva en la Segunda Guerra Mundial, en 1943. Hay un memorial y se conserva el gran puente reconstruido para la película estrenada 26 años después.

De Mostar a Dubrovnik… una carretera con numerosas serpientes atropelladas a pesar de que apenas hay tráfico, varios mamíferos silvestres, cientos de curvas, escasísimas y muy pequeñas poblaciones, un paisaje también muy montuno y verde pero no tan escarpado como el de antes… y ni una sola gasolinera en decenas de kilómetros.

Elegimos esta carretera porque era la opción que nos resultaba más atractiva entre las tres o cuatro que nos ofrecía Google Maps. El problema es que esa misma opción, pasado un minúsculo pueblo, seguía por una especie de camino que estaba en obras, totalmente cortado al tráfico. No nos quedó otra que desandar lo andado, hablar con dos lugareños que tomaban algo en un bar y enterarnos gracias a ellos de que nos habíamos dejado 20 kilómetros atrás una gasolinera en Ljubinje.

Conseguimos llegar a ella, llenamos el depósito (es más barato en Bosnia que en Croacia) y continuamos rumbo a Dubrovnik obviando ese atroche que nos ofrecía Google al llegar a Ravno.

GALERÍA DE FOTOS

No se me ha olvidado Mostar. En la famosísima ciudad apenas estuvimos el rato necesario para dar un paseo por su atestado casco histórico, fotografiar su puente y esperar a ver si se tiraba uno de los clavadistas que esperaba en bañador allí arriba. No sé exactamente cómo funciona el sistema, hay que ir ofreciéndole dinero hasta que reúne la cantidad que él calcula apropiada para lanzarse desde los 20 metros de altura para zambullirse en el río Neretva.

Comimos nada más salir Mostar, muy bien (como casi siempre en este viaje), y reemprendimos el viaje por la ya descrita reviradísima, hermosa y solitaria carretera.

Entre todas estas vicisitudes y el paso de frontera, llegamos a Dubrovnik tardíos. Aunque nuestro apartamento estaba algo lejos del centro, no hicimos pereza y caminamos hasta allí. Dubrovnik es la típica ciudad que cualquier persona que viaje con cierta frecuencia intuye que visitará algún día, con el temor o la precaución de sentirse decepcionada.

No fue así. Creo que fuimos afortunados de visitarla de noche y después de un largo viaje motorizado. Dimos un tranquilo paseo y nos sentimos impresionados. Es lógico que cada año la visiten cientos de miles de personas, cantidad que se ve favorecida por ser un punto estratégico de los cruceros que surcan el Adriático. La ciudad es preciosa, como creada por inteligencia artificial. Regresamos a casa en taxi.

Martes 14 de mayo

Nos sentíamos satisfechos con nuestra visita de ayer a Dubrovnik, así que nada más aviarnos hemos cogido la furgoneta y, de nuevo, hemos elegido la ruta más panorámica de Google (esta opción no existe todavía) en lugar de la más rápida. Acierto.

El viaje lo hemos dividido en tres tramos, siempre dejando a la izquierda el mar Adriático y, rodeadas por él, decenas de islas, muchas de ellas también acogedoras de gran cantidad de visitantes todos los años. La zona es una maravilla. Los bañistas han ejercido de tales en la playa de Gornja Vala mientras los demás tomábamos algo en, quizás, el único bar abierto. Es temporada baja o, como muchísimo, media.

Aun sabedores de que se nos iba a hacer tarde para comer, hemos fijado Split como nuestra siguiente parada. Split puede recordar a Dubrovnik por su monumentalidad y por su estrecha relación con los cruceros, pero creo que sorprende más. El Palacio de Diocleciano y sus extensiones conforman uno de los cascos históricos más espectaculares que puedan ser visitados, con el añadido de que muchas de sus piedras llevan allí desde que el emperador romano que da nombre al lugar, en el siglo IV, mandó colocarlas. Nos hemos dado allí dentro un pequeño homenaje en su honor.

La tercera y última parada, donde dormimos, es Sibenik. Los fanáticos del baloncesto ochentero y noventero ya se habrán puesto alerta. Allí nació el Genio de Sibenik, Drazen Petrovic, el baloncestista que ha sido capaz de despertar sentimientos de mayor intensidad.

Nada más dejar nuestras cosas en el bonito desván donde nos alojamos en pleno centro, hemos caminado hasta el barrio donde nació y creció Drazen. Hemos visitado su Memorial (el Museo está cerrado por obras hasta octubre) y la cancha de baloncesto a la que da nombre, donde estaba jugando un niño que nos ha permitido lanzar cuatro tiros con él.

Quien no sepa cuántos jugadores conforman un equipo de baloncesto, que no se preocupe. Sibenik es otra ciudad bien bonita de la Costa Dálmata. Hemos subido hasta el castillo, cerrado lógicamente a estas horas, hemos bajado hasta la Catedral, y hemos completado un paseo por sus estrechas y bien cuidadas calles. Se ve algo de turismo, pero nada que ver con lo que veníamos de antes. Estamos de nuevo en nuestro desván que, salvo los electrodomésticos y alguna otra cosa, está básicamente igual que cuando lo construyeran hace 60 o 70 años.

GALERÍA DE FOTOS