Manteniendo viva la tradición del ‘esmorzaret’ valenciano
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Viernes 27 de febrero
Tras la excursión montañera de ayer, este viernes ha sido cien por cien urbano en Valencia capital. Me alojo justo al lado del Metro de Ruzafa. Desde ahí ha sido todo caminando. La primera parada ha sido la única que tenía dentro de mi programación: el Trinquete de Pelayo, cerca de la estación del Norte. Me ha parecido una maravilla de lugar. Desde bien pronto ya estaba a tope de grupos de amigos o compañeros de trabajo almorzando y, justo cuando he llegado, entraba también a entrenar un grupo de chavales de algún colegio o club. El Trinquete de Pelayo es eso, un trinquete donde se juega a Pilota valenciana, con un amplio calendario que no sé si podré disfrutar estos días. Si no hay partido, como era el caso, la puerta está abierta para visitarlo y retratarlo. Desde el propio bar se ve la cancha de juego.
A partir de ahí, más paseo sin rumbo, con algunas paradas, la más larga para disfrutar de unos fartones. He vuelto a entrar a la preciosa Plaza Redona. En la Plaza de la Reina se veían varios grupos escolares y de turistas. En todos los sitios empieza a oler a Fallas de manera importante. He entrado además a dos lugares que no están entre los cinco más visitados de Valencia pero que me han gustado mucho, la iglesia de San Juan de la Cruz y el Centro Cultural La Nau.
He regresado por la peatonal y ya muy animada calle de Don Juan de Austria, para coger las cosas en el hostal antes de dirigirme, siempre a pie, hacia la zona de la Fonteta de San Luis, el pabellón donde se juega la Copa del Rey de Voleibol, donde he comido y donde soñaba con pasar las tardes de viernes, sábado y domingo. Sin embargo, solo pasaré la de este viernes, debido a la derrota del Grupo Herce Soria ante Cisneros de Tenerife en los cuartos de final, 1-3. Una pena, también para los numerosos aficionados sorianos que han viajado a Valencia.
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Sábado 28 de febrero
No tenía planes definidos para esta mañana en Valencia, así que se me iluminó el día cuando recibí un wasap la tarde del viernes haciéndome esa pregunta. Así que me propusieron uno: ir a almorzar a un sitio típico de Valencia. En concreto, a la cercana localidad de Almácera, en la Huerta Norte, al lado de la ciudad, unos diez o quince minutos. Si en Soria los almuerzos son el momento favorito de la semana de muchas personas, en Valencia son casi un rito sagrado, con sus olivas, su cacao (cacahuetes) y su cremaet. Es lo que se llamaba tradicionalmente ‘el gasto’, en referencia a lo que se gastaban los trabajadores del campo que acudían a los bares con su bocadillo de casa.
El plan me lo propuso David, y hasta el bar Les Tendes nos hemos acercado con Luis y Jesús, tres sorianos y un bilbaíno con un mismo objetivo: ayudar a perpetuar la tradición del ‘esmorzaret’ valenciano. No hemos sido los únicos y eso que hemos quedado a las 9.30, así que nos ha tocado esperar unos 15-20 minutos para entrar a disfrutar de los bocadillos y de toda su compañía. Daba gusto ver el local y las caras de la gente.
Como la quedada ha sido temprana, me ha dado tiempo a ir a ver la jornada matutina del Campeonato de España de Atletismo que se celebra en el velódromo Luis Puig, al menos las últimas carreras de la misma. De nuevo, no teníamos plan definido para comer a mediodía. Nacho, que me había escuchado hablar varias veces de Torres Torres, ha propuesto ir para allá Era media hora de camino y nos han dicho por teléfono que había sitio y comida para cuatro: los citados más Álvaro y Marta. Hemos llegado pasadas las tres y el local estaba abarrotado. Cuando se ha quedado libre una mesa hemos podido comer en ella unas bravas, calamares, morro, paella, postres… mmmmmmm.
Además de comiendo y trabajando, he pasado buena parte del día buscando aparcamiento, primero por la mañana en el Luis Puig y después a la tarde cuando he regresado a mi hogar. La razón de esto último la he descubierto cuando he podido desprenderme de mi coche: tocaba Viva Suecia en el Roig Arena. Los bares de los alrededores estaban llenos de personas disfrutando del clásico preconcierto, típicos grupos de amigos que se ven con menos frecuencia de la que desearían, por los abrazos que se daban.
Gracias a D
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