Japón (12): Un paseo histórico en el tranvía de Tokio
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A la buena impresión general que me voy a llevar de Tokio va a contribuir mucho una jornada como la de hoy, en la que hemos descubierto que hay amplias zonas de la capital de Japón en las que es posible respirar tranquilidad auténtica para descansar de tanto neón, electrónica, anime, tiendas y restaurantes uno detrás de otro, gente y más gente… Y todo ello, sin perder encanto ni interés verdaderos.
Es más, muy probablemente existan más lugares así, pero el que nosotros hemos tenido la suerte de visitar es el de la zona de la Universidad de Waseda. Y todo ha sido un poco casual, ya que el objetivo era tan solo conocer y dar un paseo en la línea Toden-Arakawa, activa con alguna variación desde 1911. No es una línea de Metro, ni de los trenes JR. Es la única línea de tranvía original que se conserva en Tokio.
Son un total de 30 estaciones y 12 kilómetros que se recorren en 50 minutos. Buena parte de ese trayecto, que siempre es muy sosegado, se realiza entre cerezos, de ahí que el apelativo turístico de esta línea sea Sakura Tram (Sakura es el nombre de la famosísima floración primaveral de los cerezos en Japón). No sé si en esa época de primavera habrá muchos turistas. Hoy no había ninguno.
No hemos hecho la línea entera, ni mucho menos. De hecho, Guillermo y yo hemos ido caminando hasta la estación más cercana a nuestra casa, Otsuka-Ekimae. En ese trayecto a pie entre Ikebukuro y Otsuka, además de encontrarnos con nuestra guía de la excursión de ayer, sí hemos visto lo explicado al final del primer párrafo, una zona bastante comercial, salpicada por gran cantidad de hoteles, muchos de los cuales funcionan por horas como anuncian sus numerosos carteles.
La Sakura Tram transcurre entre los 12 kilómetros ya citados que van desde Minowabashi hasta Waseda. Son 30 paradas, de las cuales nosotros solo hemos hecho ocho, lo que ya nos ha servido para ver que el ritmo es completamente diferente al que se vive en el Metro y en el JR, al menos en los vagones que llevamos utilizados durante esta semana y pico en Tokio. Si tuviera que dar una recomendación, es la de hacer la línea entera. Y, si se va con ciertos apuros de tiempo, mejor hacer lo que hemos hecho nosotros antes que nada.
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Una vez en Waseda no teníamos plan alguno, así que hemos mirado el mapa y le hemos preguntado: “¿Dónde vamos?”. Y nos ha contestado: “Al Parque Atlético de Merijodai y a su contiguo Jardín Higo-Hosokawa”. Para ello, hemos tenido que cruzar el río Kanda. En el primer sitio hemos visto un partidillo de cadetes del deporte más popular en Japón, el béisbol, con los familiares tras la valla jaleando cada acción exitosa. El Higo-Hosokawa es uno de los tradicionales jardines feudales de Japón, tan cuidado en sus partes visitables como tupido en su interior. En noviembre, como sucede en estos parques japoneses, se colocan unas estructuras cónicas en los árboles para evitar el peso de la nieve sobre ellos.
Como no hay viaje sin gastronomía, informo de nuestros dos siguientes destinos. El primero ha sido el Ramen Gossou, donde hemos comido un ramen espectacular en una zona donde hay muchos menos establecimientos hosteleros al no existir apenas turismo. Mucho más especial ha sido el lugar del postre, Rapport Antiques+Café, cuya traducción sería algo así como “la armonía entre las antigüedades y el café”. Preciosa tienda en la que se sirve café o preciosa cafetería en la que es posible comprar antigüedades.
Justo al lado se encontraba una especie de cochera abierta, el lugar de celebración de un matsuri, ritual sintoísta mucho más reducido que el que vi hace unos días en Shibuya. Aquí, los dos mikoshis (templetes procesionales) que hemos visto apenas estaban acompañados por una veintena de personas y sin decenas de móviles fotografiándoles. En concreto, solo los dos nuestros. El matsuri empezaba a las 16.00, y nosotros nos marchábamos de esta zona tan tranquila y agradable una media hora antes.
De ahí nos hemos separado y yo he venido directo al Estadio, donde se celebra la penúltima jornada del Mundial de Atletismo. Antes, he visitado el Museo Olímpico en la sede de Asics y nos hemos encontrado varios del grupo con José Luis López para comentar algunas historias atléticas del presente y, sobre todo, del pasado.
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