Blog | Por Sergio Tierno / Viajes, geografía, deportes y curiosidades

Cap. 336. 8/10-6-2024

Haciendo un poco de montaña en plena Roma

18 Villa Borghese
photo_camera 18 Villa Borghese

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Voy a dividir en tres o cuatro partes el relato de estos días romanos, así que aquí va la segunda entrega.

Sábado 8 de junio

Mientras unos fueron al estadio a seguir viendo atletismo, otros decidimos quedarnos en nuestro agradable barrio probando los amaretti (las galletas, no las bebidas… me quedo con los polvorones de largo), dando un breve paseo, trabajando en el apartamento…

Desde allí, nos desplazamos hasta donde habíamos quedado para comer, el barrio con encanto por excelencia de la capital italiana, Detrás del Tíber. Por ese nombre nadie lo conoce, pero sí por su versión italiana, el Trastévere, mil veces más evocadora que su traducción al español, al estilo de lo que sucede con Río de Janeiro y Río de Enero.

Quedamos directamente en la gran basílica de Santa María, donde nos juntamos ocho de los acreditados para este Campeonato de Europa de Atletismo (los ayer citados más Isma y José Luis). Desde allí, paseo a bajo ritmo, impuesto por el calor, para hacer la ‘turistada’ de visitar la Boca de la Verdad, en la iglesia de Santa María in Cosmedin.

Y allí, disgregación del grupo. Unos en taxi al estadio, otro a pie para conocer y adquirir, y otros en bus para alargar la siesta o el descanso en el apartamento antes de dirigirnos todos al estadio para ver, entre otras cosas, las medallas de plata de Paul McGrath en 20 kilómetros marcha y de Enrique Llopis en 110 vallas.

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Domingo 9 de junio

Roma es famosa, entre otras muchas cosas, por estar erigida a los pies de siete colinas. Pues bien, bastante más alto que esas siete colinas se encuentra el Monte Mario, con tan buena suerte de que tanto nuestra casa como el Estado Olímpico se encuentran a los pies del mismo.

Así que este domingo decidí madrugar para subir hasta arriba del todo, donde se encuentran el Instituto Nacional Italiano de Astrofísica, un restaurante abandonado (Zodiaco) y un espléndido mirador de la ciudad. Después de subir desde mi barrio, bajé por un tramo adoquinado de la Vía Francigena, un par de kilómetros de los más de 2.000 que tiene, por varios países de Europa, este inmenso e importante camino de peregrinación.

Ello me permitió dar directamente con el circuito por donde en ese momento se estaban disputando los dos medios maratones del Campeonato de Europa. Además de competición individual, había también por equipos: las chicas de España fueron terceras y los chicos, cuartos.

En varios grupos fuimos regresando a casa, siempre andando. Comimos por el barrio y, a la tarde, hicimos otro poco de turismo a nuestra manera, que suele ser paseando. La caminata de este domingo nos llevó hasta la Plaza del Pópolo y hasta su vecina, la Villa Borghese, desde donde también se disfruta de una generosa visión de la capital italiana, animada además por un concierto callejero.

Tampoco debíamos entretenernos más, porque el momento central del Campeonato de Europa era justo en la noche de este domingo. A partir de las 22.40, Marta Pérez corrió la final del 1.500, disfrutando y haciendo disfrutar con su sexto puesto en una gran carrera cuya crónica puede leerse en este enlace. Un buen grupo de familiares y acreditados estuvimos esperándola a la salida, para celebrar cerca del estadio su participación en este gran campeonato. Nuevo paseo de media hora y a dormir, esta vez más bien tarde para nuestros usos.

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Lunes 10 de junio

Esta entrega termina con el resumen de este día, resumen que en principio va a ser breve. Tras el habitual desayuno matutino en nuestro barrio con la prensa del día (aprovecho para decir que en ningún momento de nuestra estancia ha sido ni será necesaria la manga larga), nos vamos al Estadio Olímpico para ver el atletismo, con una sorprendente jornada matutina para la selección española: cuatro de nuestros atletas no avanzan de ronda por apenas un puesto (alguno fue luego recalificado).

Planeamos comer por el centro de la ciudad, hasta que, una vez fuera del recinto deportivo, cambiamos de pronto de idea para meternos en el Cucurrucú, un amplio restaurante situado en la zona peatonal y ciclista justo al lado del Tíber. Se está en la gloria. De ahí nos acercamos a casa por cuestión de ingeniería de llaves y para tomar un heladito con el que bajar la comida.

Meterse en casa habría sido sinónimo de siesta, así que hemos sido fuertes para caminar despacio hacia otro país: el Vaticano, junto a Alberto y Fernando. Comprobamos con nuestro sentido de la vista lo acertado que estuvo Bernini al colocar las columnas de la, quizás, plaza más famosa del mundo, la de San Pedro. Aún nos ha dado tiempo a volver a la zona del Panteón, donde ya estuvimos el primer día. Nos dijeron entonces que cerraba a la siete, pero a partir de las seis y media solo se puede entrar con reserva de internet, así que nos tomamos otro relax, montamos en bus y vamos hasta el Estadio para ver la quinta medalla de España, el primer oro, Ana Peleteiro en triple en una reñidísima final.

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