Blog | Por Sergio Tierno / Viajes, geografía, deportes y curiosidades

En las montañas nevadas de Turquía. Teleférico Bursa-Uludag

Estambul. Con la sola competencia de Samarcanda, la ciudad del mundo cuya simple mención más poder evocador desprende. El centro del mundo, de nuestro mundo. Una vez más, el atletismo nos trae hasta otra ciudad, la más conocida de Turquía, en la que se celebra el Campeonato de Europa en pista cubierta del 2 al 5 de marzo, de jueves a domingo.

Lunes 27

Y hasta aquí hemos venido tres días antes Alberto, Alex, Álvaro, Miguel, Nacho y el autor de estos recuerdos. Hemos volado con Turkish desde Madrid a mediodía del lunes. Con el cambio horario y el traslado a cargo de la organización, hemos llegado tardísimo a nuestro alojamiento, desde cuyo inmenso ventanal se ve, a escasos cinco minutos a pie, la Mezquita Azul.

Tras la instalación en el apartamento, atendemos la recomendación de cenar en un sitio barato y de calidad, el Ortaklar. Las dos cosas nos han resultado ciertas, y tiene pinta de que no va a ser nuestra última visita del viaje a este restaurante. Vemos la elaboración de un plato a base de fuego y de música de percusión del propio camarero. Algún día lo pediremos.

Después de cenar, y aunque ya era bien pasada la medianoche, paseo para ver de cerca la Mezquita Azul y Santa Sofía, acompañados por varios de los perros callejeros de Estambul, todos ellos de gran tamaño y mejor aspecto. Uno de ellos viene con nosotros hasta casa.

Martes 28

Día sin despertador. No madrugamos en exceso pero tampoco nos pasamos de remolones. Unos se van a trotar a orillas del mar y otros nos quedamos en el barrio, para desayunar-comer donde ayer cenamos. Como yo ya había visitado Estambul en 2015 y quería recorrer otros lugares, voy a pie hasta el muelle de la compañía Budo. Los dos ferrys hasta Bursa de hoy están llenos. Contratiempo de bajo fuste.

Cojo un taxi hasta el muelle de la otra compañía que hace ese trayecto, Ido. Ha habido suerte. Hay plazas de sobra a las 15.15. En menos de dos horas llego hasta Mudanya, casualmente donde estoy ahora, después de que el barco haya hecho un par de paradas. Desde Mudanya hasta Bursa hay autobuses y furgonetas. Yo cojo una de estas y veo miles de olivos en mi camino hasta Bursa. A la entrada de la gran ciudad, otro taxi me lleva hasta el centro, hasta el hotel que había elegido para pasar una noche.

El hotel está a mitad de camino entre la Gran Mezquita y entre la Mezquita del Sultán Emir, algo más cerca de la primera. Ya es noche cerrada cuando dejo las cosas en el hotel, y me acerco primero al gran bazar que está justo al lado, ya está todo cerrando. Después, entre callejuelas, camino unos 15 minutos para visitar primero la Mezquita del Sultán Emir, en cuyas dependencias hay bastantes personas. Hay un mirador con unas extensas vistas de la parte baja de la ciudad.

Vuelvo de nuevo hacia el puro centro de la ciudad, donde me alojo, para visitar la Gran Mezquita y tomarme a su lado un café en uno de los numerosos establecimientos que hay en las azoteas de los edificios. Hace una noche más primaveral que invernal, se está muy bien. No mucho después de las diez de la noche estoy en mi morada de esta noche.

Miércoles 1

La principal razón para venir a Bursa, aparte de salir un par de días de Estambul, era conocer su teleférico. No es un teleférico cualquiera. Con nueve kilómetros de longitud, dicen que es el más largo de Turquía y el más largo del mundo, pero esas cosas ya no me molesto en comprobarlas porque seguramente en China haya varios que lo superen.

Antes de ir al teleférico, he regresado al bazar. Si ayer llegué tarde, hoy lo he hecho demasiado pronto, justo cuando estaban colocando los miles de productos y especies que venden. He entrado a un par de placitas, llamadas ‘han’, preciosas, situadas a los lados del bazar y llenas de cafeterías o teterías. Todavía no había casi nadie en ellas.

He vuelto al hotel a coger el equipaje, y un nuevo taxi me ha llevado, colina arriba de la ciudad, hasta la estación inferior del teleférico. Por la gran cantidad de tiendas e instalaciones que hay, intuyo que en fines de semana o temporada alta habrá miles de personas. Hoy había unas cuantas, calculo que al menos la mitad de las cabinas recibían a algún pasajero, y eso que pasaban cada poco rato (en las fotos se ve bien).

Este teleférico parte de 236 metros sobre el nivel del mar y llega a 1.810, con dos paradas intermedias. En el primer tramo, a nuestras espaldas, vamos dejando unas impresionantes vistas de Bursa, una ciudad de unos tres millones de habitantes, muy importante históricamente y con una gran industria automovilística, como pude comprobar ayer cuando vi cientos de coches Renault de no sé qué modelo recién fabricados y esperando su destino.

En la primera parada intermedia no se puede salir y en la segunda, Sarialan, es obligatorio hacerlo si no quieres regresar para abajo. Sarialan está a 1.635 metros y ya me encuentro bastante nieve, además de numerosas posibles actividades, bares, tiendas…

Yo me limito a cambiar de cabina para subir hasta Uludag, el verdadero destino del viaje. Por curiosidad, los días previos, busqué alojamiento en este lugar de esquí al que también es posible llegar por carretera. Los precios son desorbitados, al menos lo que aparecía en mis búsquedas para una sola noche.

Uludag tiene varios hoteles de gran tamaño. Sus puertas principales dan a la carretera y las traseras directamente a las pistas. Diría que están todas en funcionamiento porque el paquete de nieve es considerable, aunque quizás por ser martes no había apreturas. Además, a lo lejos se ven bastantes más pistas en otras laderas del gran complejo.

Además de esquiar, otras posibilidades deportivas en Uludag son el senderismo y el montañismo. Leo que una excursión tradicional es subir desde la estación superior hasta la cima del pico, llamado igualmente Uludag y que está a 2.543 metros. Para la próxima tendrá que ser, y eso que hoy hacía una mañana inigualable de sol para una excursión montañera de nieve (también se ve bien en las fotos).

Después de tomar algo tranquilamente en uno de los hoteles, he tomado el teleférico de regreso. El sol de arriba contrastaba con el gran mar de nubes que ahora cubría Bursa, nubes que no estaban en el camino de ida.

Desde el mismo teleférico de Bursa salen los autobuses hasta Mudanya, donde me encuentro ahora como recordarán los lectores atentos. Lo que veo de esta ciudad, además del muelle donde esperan los barcos, es un largo paseo paralelo al Mar de Mármara, paseo marítimo lleno de tiendas y restaurantes y que adivino también lleno de personas en la temporada estival, personas venidas de Bursa o de otros lugares para disfrutar del agua.

En un rato sale el ferry que habrá de devolverme a Estambul, donde nos encontraremos de nuevo todos los expedicionarios a la espera de decidir qué hacemos los próximos días, además de ver atletismo.