Dormir en el monasterio de Rila, montaña y un poco de Serbia en Nis
Por quinto mayo consecutivo, todos desde 2022, hemos hecho un viaje a los Balcanes el mismo grupo de personas, esta vez con algunas ausencias. Los viajes anteriores fueron: Albania y Montenegro en 2022, Albania, Macedonia del Norte y Kosovo en 2023, Croacia y Bosnia en 2024, Italia y Eslovenia en 2025, y Bulgaria y Serbia en 2026. Este último viaje está todavía en curso con Adrián, José Mari, Nacho y Sergio.
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El vuelo inaugural fue ayer miércoles 6 de mayo a las 6.40, retrasado finalmente a las 7.20. Madrid-Sofía. Esos horarios nos impidieron dormir a los sorianos y no se lo pusieron fácil al de Madrid. Nada más llegar a Sofía, coche de alquiler y a la aparentemente modesta iglesia de Boyana… hasta que se abren sus puertas y se descubren sus impresionantes frescos, datados en 1259, tres siglos después de la construcción de la iglesia. Gracias a que pertenecen donde están, se consideran uno de los mejores ejemplos del arte medieval en el Este de Europa.
Allí mismo en Boyana, un barrio de Sofía, comimos en un supermercado, porque los restaurantes estaban llenos y no teníamos reserva. No era un miércoles cualquiera, sino San Jorge, patrón de las Fuerzas Armadas de Bulgaria y festivo nacional. Nuestro coche nos llevó poco después desde Boyana hasta el objetivo del día, el lugar más visitado de Bulgaria: el Monasterio de Rila. En apenas un par de horas visitamos dos Patrimonios de la Humanidad.
Estuve en Rila en 2015. El lugar es impresionante, tanto su emplazamiento como la belleza de su construcción. El monasterio sigue habitado por monjes ortodoxos y, como sucede con muchos monasterios, es posible alojarse en él. La experiencia es más que recomendable. Muchos de los hospedados viajaban en solitario. En la página web del monasterio viene el teléfono al que hay que escribir un wasap para reservar, no puede hacerse por internet al uso.
La tarde la dedicamos a pasear o correr cerca del monasterio, y a cenar bien pronto en Kirilova Polyana, a unos siete kilómetros. Cenamos en grande: truchas, tortilla, yogur de oveja… Regresamos al monasterio a las 20.59, un minuto antes de que un miembro de seguridad cerrara sus puertas hasta la mañana de hoy.
Tras la noche no dormida del día anterior, el descanso en el monasterio ha sido como nos lo merecíamos. Tras comprar algo de pan en la panadería situada al lado del monasterio, en la mañana de hoy jueves 7 de mayo nos hemos dirigido a un lugar que ya conocíamos, Kirilova Polyana. No para comer… todavía, sino para iniciar nuestra ruta hacia el Lago Seco. Han sido unos siete kilómetros en total con más de 400 metros positivos. La zona es una maravilla, laderas empinadísimas, un bosque cerrado con cientos de árboles caídos y montañas todavía llenas de nieve. Solo la hemos pisado en los cinco o diez minutos finales, a algo más de 1.900 metros de altitud.
La comida, ahora sí, ha sido en este restaurante de Kirilova Polyana, ya sin las prisas de ayer, e introduciendo en nuestra dieta el yogur de búfalo. Ay qué bueno. Tocaba desandar en coche el camino de ayer hasta la capital Sofía, pero sin entrar en ella: más rumbo hacia Occidente para hacer un primer descanso cafetero en un bonito bar de la localidad de Dragoman.
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Ha sido nuestra última parada en Bulgaria. La siguiente ya ha sido en la frontera con Serbia. Después de cumplimentar los trámites sin problemas, ya no hemos parado hasta Nis, la tercera ciudad más grande del país. Estamos alojados muy cerca del centro, en un apartamento que sale a ocho euros por persona. Nada más dejar las cosas, hemos ido a pasear hacia el lugar más famoso de Nis, su Fortaleza. La actual es la que levantaron los turcos en el siglo XVIII, si bien las excavaciones demostraron que en ese mismo lugar hubo edificaciones romanas, bizantinas y otros fuertes medievales. En alguno de estos emplazamientos de Nis nació en el siglo III Constantino El Grande, el emperador romano que permitió el culto libre del cristianismo.
Tras cruzar de nuevo el río Nisava, hemos caminado la gran calle peatonal de Nis y alguna de las perpendiculares, para tomar algo antes de volver al barrio. Hemos cenado justo enfrente del apartamento, en un restaurante bien típico donde la gente fuma como se fumaba en España hasta no hace tanto. Allí nos hemos comido el segundo trilece del viaje, también el segundo de Serbia tras algunos intentos vanos en Bulgaria. En medio minuto estábamos ya en casa, donde hemos visto el final de dos partidos de equipos españoles y madrileños: los triunfos del Real Madrid de baloncesto ante el Hapoel de Tel Aviv y del Rayo Vallecano ante el Estrasburgo.
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