Celebrando con la familia de Thomas Silva su triunfo en la etapa del Giro de Italia con final en Veliko Tarnovo
VER GALERÍA DE FOTOS
No es habitual que la primera visita de una persona a una ciudad coincida con la primera visita del Giro de Italia a esa misma ciudad, y de hecho a mí es la primera vez que me sucede, pero si alguien me preguntara si merece la pena visitar Veliko Tarnovo, le respondería que por supuesto que sí.
La verdad completa es que no ha sido una casualidad completa. Compramos hace meses los billetes de avión a Bulgaria. Poco antes de nuestro viaje, nos enteramos de que el Giro de Italia salía de Bulgaria justo los días que nosotros estábamos por aquí, así que nos hemos organizado el recorrido para intentar verlo.
Como es lógico, Bulgaria ha elegido algunas de sus ciudades más bonitas para que las conozca todo el mundo a través de las imágenes del Giro. Y Veliko Tarnovo es una de esas ciudades elegidas. Nos ha encantado, y no solo porque hayamos tenido la suerte de ver un precioso final de etapa con Jonas Vingegaard escapado a falta de 1.200 metros junto a otros dos corredores… y atrapado poco después.
Nosotros hemos elegido para ver el final ese punto poco antes de la pancarta del último kilómetro, justo debajo de la histórica fortaleza de Veliko Tarnovo y al final de un tramo adoquinado y en cuesta. Como pocos kilómetros ha habido además un puerto de Tercera categoría, se ha roto el grupo en varios pedazos y hemos visto un gran final con sorprendente triunfo del uruguayo Guillermo Thomas Silva.
El adjetivo ‘sorprendente’ es apreciativo, porque en meta, portadores de dos grandes banderas uruguayas, estaban el padre y el hermano de Guillermo, convencidos de que el primer ciclista charrúa en la historia del Giro podría ganar una etapa… y las que vengan. Ellos van a completar la carrera italiana completa junto a su hijo y hermano Thomas.
Por hacer un breve escrito cronológico, diré que nos hemos despertado en Botevgrad a una hora normal y que hemos tomado el café en un curiosísimo bar que parecía, o incluso era, el salón de la casa de los propietarios.
El viaje en coche hasta Veliko Tarnovo, de algo más de dos horas, ha sido sin paradas porque estaba jarreando a más no poder. Antes de la una del mediodía estábamos en casa y poco después de la una la hemos abandonado. No hemos vuelto a ella hasta bastantes horas después, hasta las 22.30 aproximadamente.
Lo primero ha sido comer, muy bien. Lo segundo, dar un paseo por la ciudad que, como digo, es preciosa: su casco viejo, el animado centro (hoy más por el Giro), la impresionante Fortaleza Tsarevets, el gran monumento a los cuatro reyes de la dinastía Asen… Veliko Tarnovo fue la antigua capital de Bulgaria durante un largo periodo medieval, y cuando digo Bulgaria lo digo sin comillas pues, según ciertas clasificaciones, se trata del segundo país más antiguo del mundo, con existencia continuada desde el siglo VII.
El objetivo de ese paseo era ubicar el lugar donde nos queríamos poner para ver la llegada. No nos ha costado nada encontrarlo y, como había tiempo de sobra, antes hemos entrado a visitar la fortaleza hasta su punto natural más elevado, donde se levanta la Catedral Patriarcal de la Santa Ascensión.
VER GALERÍA DE FOTOS
Desde allí ya nos hemos apostado en nuestro sitio, donde hemos visto el paso de toda la caravana del Giro. Lo que menean estos eventos… Allí hemos estado asombrándonos con ello, con todo el impresionante montaje y con la velocidad del desmontaje, porque mañana toca nueva etapa de Plovdiv a la capital Sofía.
Ya con algo de hambre, hemos tomado un helado en uno de los numerosos bares con terraza hacia el cerradísimo meandro del río Yantra, hasta cuyas orillas se va poco a poco desplomando la ciudad. Desde la terraza veíamos ambiente al otro lado del río, y algo se escuchaba. Como no teníamos a quién preguntarle, para allá hemos ido.
Lo que nos hemos encontrado ha sido un concierto con motivo del paso del Giro por Veliko Tarnovo. Sobre las tablas estaban nada menos que Torino & Pashata, un curioso dúo como reggaetonero y rapero, con un trompetista de acompañamiento. Acertadísima elección. Buenísimos, aunque quizás algo escasos de repertorio porque han repetido una canción segura y puede que hasta dos.
Cuando ha terminado, hemos cruzado de nuevo el río Yantra por el puente Stambolov, y cinco minutos después estábamos cenando en el mismo restaurante del mediodía. Y nada más. Paseo con bastante desnivel positivo hasta casa y mañana será otro día. El país más antiguo del mundo según esa lista consultada es Japón, del siglo VI.
VER GALERÍA DE FOTOS