Blog | Por Sergio Tierno / Viajes, geografía, deportes y curiosidades

Cap. 35. 16-7-2015. Soria-Cuenca en bici (2)

Segunda etapa. Monteagudo de las Vicarías-Molina de Aragón (85 kilómetros)

Salvo sorpresa en los días que faltan, hoy era la etapa más dura de esta ruta en bicicleta entre las urbes de Soria y Cuenca. Lo es por la distancia, ya que he pedaleado casi 90 kilómetros, y lo es por el desnivel.

Como intuía todo eso, y por el respeto que le tengo estos días a la ola de calor que se ha quedado a vivir en España, hoy he salido antes que ayer. A las 6.20 ya estaba dando pedales en Monteagudo de las Vicarías, y a las 12.40 he dejado de hacerlo, aquí en Molina de Aragón bajo cuyo célebre castillo descanso. La última hora ya apretaba bien el sol.

El amanecer me ha sorprendido en Monreal de Ariza El amanecer me ha sorprendido en Monreal de Ariza

¿Qué pueblos he pasado? Después de salir del soriano Monteagudo, he hecho una ruta por la provincia de Zaragoza que me ha hecho conocer estas localidades: Monreal de Ariza, Torrehermosa, Alconchel de Ariza, Cabolafuente y Sisamón.

Allí me he despedido de las tierras mañas para decirle hola qué tal a las alcarreñas: Villel de Mesa, Mochales, Amayas, Labros, Hinojosa, Tartanedo, Torrubia, Rueda de la Sierra y Molina de Aragón. Ojalá hubiera tardado el doble en recorrerlas que en escribirlas.

Comienzo tranquilo

El comienzo ha sido muy tranquilo y fresco, hasta que me ha amanecido en Monreal de Ariza. Conocía de hace tiempo las quebradas que hace el terreno en Torrehermosa y Alconchel, pero no hay grandes desniveles.

Entre Alconchel y Cabolafuente, como bien me ha advertido una pareja, decir que la carretera estaba asfaltada sería una exageración. En estas primeras horas de la mañana todavía veía bastante gente pasear, la mayoría de ellos con apariencia de jubilados que cambian en verano la ciudad por el pueblo.

Villel de Mesa Villel de Mesa

Entre Cabolafuente y Sisamón ya sí me he encontrado un puerto duro para mí, que apenas cojo la bicicleta. Aun así, con plato 2, con piñón 2, con piernas y con riñones, lo he subido sin apearme.

Pasado Sisamón había un cartel que decía “Provincia de Guadalajara”. A los lados, junto a las señales nuevas de kilómetros (donde las había), había mojones de piedra de estos antiquísimos en los que también se iban marcando incluso a veces los hectómetros. Estaban pintadas de amarillo y no las he fotografiado porque hoy no quería entretenerme mucho. Quizás cuando la haga en octubre.

Pasado ese cartel de separación de provincias he iniciado un descenso larguísimo y de gran desnivel hasta Villel de Mesa. Por un lado he pensado “menos mal que voy de Soria a Cuenca y no de Cuenca a Soria". Por otro, he pensado “esto no acaba aquí”. Había leído muchas veces el nombre de Villel de Mesa porque está muy cerca de Iruecha, pero no había estado.

Vas a sudar

En Mochales, el siguiente pueblo, he rellenado el bote de agua en un manantial fresquísimo. El que me lo ha enseñado me ha advertido que iba a gastar toda esa agua en la subida a Amayas. “¿Es larga?”. “Larga del todo”, han sido sus declaraciones. Cuando le he despedido, le he preguntado a otro señor y me ha dicho “vas a sudar”, mientras descansaba en la sombra de su porche. Eran todavía las nueve y media pasadas, calculo.

Entre Hinojosa y Tartanedo Entre Hinojosa y Tartanedo

Los dos llevaban razón. Ya imaginaba yo que ese valle tan encajonado no podía tener una escapatoria llana. El valle es el del río Mesa, y me ha parecido precioso durante mi paseo ciclista, con unas rocas y unos cortados que merecen una visita más despacio.

En la subida a Amayas sí me he bajado alguna vez de la bicicleta. No me ha visto ningún coche, solo un ciclista que bajaba. Son unos cinco kilómetros de subida tendida, no es durísimo. Entre Amayas y Labros hay otra subida, pero nada que ver.

Agua fresca

En Labros he cambiado de carretera. El trayecto que recorre Hinojosa, Tartanedo, Torrubia y Rueda es para disfrutarlo, aunque ya empezaba a hacer calor. En Tartanedo he vuelto a beber agua fresquísima. Mucho cereal he visto.

De Rueda a Molina son diez kilómetros también tranquilos. Se agradecen las dos bajadas finales. En la última ya se ven el castillo y la Torre de Aragón tan características de esta población tan importante.

El castillo de Molina El castillo de Molina

He escuchado música de cornetas y tambores cuando entraba al pueblo. Celebra Molina una de sus fiestas importantes, la Virgen del Carmen. Esta tarde vuelve a haber procesión, volveré a verla. A mediodía, la música era de una verbena, un baile-vermú a lo grande.

Estoy en una pensión justo al lado de la feria, pero sé que voy a dormir bien. Ahora me daré un paseo por el casco antiguo de Molina, pero la subida al castillo y a la torre me temo que tendrán que esperar.