Blog | Por Sergio Tierno / Viajes, geografía, deportes y curiosidades

Cap. 232. 21-11-2019. Luxemburgo (3). Treveris, Echternach, Vianden, la capital...

Domingo 17

Pusimos los despertadores una hora más tarde, a las ocho, que sigue siendo madrugar pero que impresiona menos que las siete. Como nos habíamos acostado pronto, no hubo problemas para incorporarse. 

Crónica completa del viaje

Mientras unos se duchaban otros bajábamos al Cactus de Remich a comprar pan y un par de cosas más. El plan de hoy era no salir del país de Luxemburgo y visitar algunos de sus pueblos más famosos.

El inicio de la ruta era el mismo que el del sábado, evitando unas carreteras cortadas por obras, como medio país. Sin embargo, esta ruta no pasaba por la orilla del río Mosela, el que separa Luxemburgo y Alemania. Por ello, y como ya empezábamos a conocer el terreno, engañamos al navegador de nuestro coche para ir directamente al Mosela.

Carretera y río marchan paralelos durante bastantes kilómetros. El Mosela es navegable y puede albergar barcos de gran tamaño, algunos de los cuales vimos fondeados en Remich, pero en esta época baja del año no hay paseos turísticos ni apenas cruceros.

Según íbamos por la carretera, vimos que Treveris estaba a solo 14 kilómetros. Aunque nuestra idea era quedarnos todo el día en Luxemburgo, la incumplimos para conocer esta ciudad alemana en la que destacan sus monumentos romanos, con una concentración de los mismos que no se da en ningún otro lugar del mundo fuera de Roma. Nosotros visitamos solo el más famoso, la Porta Nigra, inolvidable una vez que se conoce,, antes de darnos un paseo hasta la Catedral y ver, por segunda vez en este viaje, el montaje de un Mercado de Navidad que tampoco disfrutaríamos en funcionamiento.

De Treveris regresamos a Luxemburgo, país que ya sí no abandonaríamos más. Nuestra ruta incluía los dos destinos más turísticos del país, sin contar con la capital, y una breve parada en el camino.

Esos dos pueblos son Echternach y Vianden, unidos por una de las múltiples ramificaciones del Camino de Santiago y los dos únicos lugares del país que han pertenecido a la Lista Indicativa del Patrimonio de la Humanidad, si bien no consiguieron formar parte de él. Sí lo son, del Inmaterial, las procesiones danzantes de Echternach.

La gran abadía fundada por el patrón de Luxemburgo, San Willibrod, es lo más destacado de este pueblo que puede verse en un breve paseo si no se dispone de mucho más tiempo, como era nuestro caso por la escapada imprevista a Treveris. Con otro tipo de tiempo (más calor y más horas de luz), se puede disfrutar de numerosas actividades al aire libre pensadas para la gran cantidad de turistas que lo visitan.

La siguiente parada de nuestro itinerario fue Beaufort que, como tantos lugares de Luxemburgo, se escribe de varias maneras: Befort en alemán y Beefort en luxemburgués; yo he elegido la palabra francesa por cercanía. Allí, después de pasar por unos bosques impresionantes y por unos paisajes rocosos tan idóneos para la escalada que parecían artificiales (hace no mucho había soñado con unos parajes así), llegamos al gran castillo de Beaufort, también en obras y, por tanto, cerrado.

El castillo que sí estaba abierto era el de Vianden, pero ya se nos había escapado demasiado el tiempo así que decidimos no entrar. Vianden me pareció mucho más preparado para el turismo de masas (masas nivel Luxemburgo) que Echternach. El pueblo es precioso, lo mismo que los alrededores y que ese gran castillo que lo corona. Subimos caminando hasta la entrada del recinto, antes de regresar al coche para dirigirnos hacia la capital del país.

Llegamos a Luxemburgo ciudad alrededor de las tres y media de la tarde. Conseguimos comer en el restaurante que nos recomendó Cristina (soriana residente en Luxemburgo que no estaba esos días por allí) a pesar de que la hora prevista del cierre de la cocina eran las tres. 

Salimos ya de noche y nos acercamos hasta uno de los rincones del gran balcón de Luxemburgo, el más cercano al lugar donde comimos y donde pudimos ver el tercer y último mercado navideño, todavía en montaje, de nuestro fin de semana largo. Es fácil leer que este balcón es el más hermoso de Europa. Tampoco es cuestión de comparar, pero es cierto que la fisonomía de la ciudad de Luxemburgo es muy característica, con una parte alta y otra baja, el Grund, separadas por unos grandes cortados salvo en uno de sus extremos, donde hay una carretera que las une.

De hecho, fuimos caminando hasta el Palacio Ducal para montarnos después en el ascensor que baja al Grund. Nos tomamos una rápida (había empezado a llover por primera vez en nuestro viaje) y regresamos andando hasta el coche en un paseo de unos 20 minutos para recogernos de nuevo en Greiveldange. Aunque parecen muchas cosas, yo creo que poco después de las siete ya estábamos en nuestro pueblo.