Cap. 113. 11-2-2017. Cáceres, montaña y ciudad (1)

Partido Torreón Calvitero-Proyecto ‘Las 45 cimas’: anota el segundo el Torreón

Hace un par de años, dentro del proyecto ‘Las 45 cimas’, intentamos subir varias personas al pico más alto de la provincia de Cáceres y de Extremadura, llamado a veces el Torreón y a veces el Calvitero. Sucedió que sí, que subimos a un pico que se llama también Calvitero, que está cerca y que mide lo mismo, pero que está en la provincia de Salamanca. Leer crónica

Ayer viernes, dentro de ese proyecto de las cimas más altas más de cada provincia de España, partimos cinco personas de Soria (Ángel, Ramiro, José Luis, José Vicente, Sergio) y una de Madrid (Félix). Alrededor de las 21.30 ya estábamos los seis en Béjar, tomando algo en la plaza, cenando en el mismo hotel donde dormíamos y, a medianoche, acostándonos.

En el Canchal de la Ceja

Entretanto, estuvimos investigando. Había personas que nos decían que no se podía subir hasta la segunda plataforma del Travieso y había otras que nos decían que sí. En la mañana de hoy sábado, cuando hemos llegado al hostal de la primera plataforma, nos han ratificado que no había problemas en sortear la señal de prohibido y seguir carretera arriba, para empezar la caminata a casi 1.900 metros. Nos hemos llevado una alegría. La carretera está bien porque no ha nevado mucho y a lo largo del día hemos visto bastantes coches.

A las 8.45 hemos empezado a andar. Nuestra ruta era fácil: subir desde el Travieso casi en línea recta hasta el cresterío (siempre con un poco de tendencia a la derecha), girar a la derecha al llegar a la cresta para coronar el primer Calvitero y el Canchal de la Ceja (el pico más alto de Salamanca, al que sí subimos hace dos años), y seguir desde la Ceja hasta el otro Calvitero o Torreón.

Foto engañosa: hay un importante desnivel antes del Calvitero extremeño

Pronto hemos entrado en calor, porque de 1.900 a 2.300 metros es una subida constante, con una inclinación media-alta. A los 2.200 metros hemos parado a ponernos los crampones algunos de nosotros, porque la escasísima nieve que había era hielo. En esa zona, ese hielo-nieve compartía espacio con todos los matorrales que sufrieron el incendio de hace apenas dos semanas, y que fue ayudado a extinguir precisamente por las precipitaciones. Todavía huele a quemado.

Para no hacer continuas referencias al tiempo que hemos tenido hoy, lo escribo todo seguido: no nos ha llovido ni nevado en todo el rato, hemos tenido algunas ráfagas de viento de quizás 50 kilómetros por hora en numerosos momentos sobre la cresta, ha hecho frío, solo hemos visto claramente el sol en la Ceja durante unos minutos y la niebla se nos ha echado plenamente encima justo después de nuestro primer y único visionado del segundo Calvitero, ese que sigue intacto.

Regresamos. Al llegar a la cresta se gira a la derecha y, siempre ayudados por el track porque visión nunca hemos tenido mucha, hemos coronado el primer Calvitero (2.400, poca cuesta). Allí ya nos hemos puesto todos los crampones, porque ahora el hielo sí que estaba durísimo. Desde ahí, tras una ligera bajada y un ascenso algo más pronunciado, hemos subido a la Ceja (2.428). Animados por el sol, hemos comido chocolate, magdalenas y hemos seguido hacia el Oeste.

Probando el Paso del Diablo

Este tramo no es cresta como tal (bueno, quizás sí) en el sentido de que hay bajar unos cuantos metros y subir otros cuantos más, antes de ver perfectamente el Calvitero extremeño, cuyo vértice geodésico tiene una construcción muy reconocible.

A menos de un centenar de metros en línea recta, sabíamos que teníamos que pasar el Paso del Diablo, en el que hay una cadena para ayudar a la bajada (subida, al regreso). Son unos seis o siete metros, me cuesta calcular. Hemos tardado en encontrar ese paso porque el inicio de la cadena estaba cubierto por nieve y hielo, igual que todas las paredes que debían servirnos de apoyo. Llevábamos ya demasiadas horas de caminata, el paso iba llevarnos también bastante tiempo y encerraba cierto peligro, así que hemos decidido volvernos, sin problemas ni nada reseñable, hasta el coche aparcado en el Travieso.

Hay dos verdades incontrovertibles: siempre es un acierto irse a casa cuando se está por ahí y siempre es un acierto darse la vuelta en la montaña. Quiero volver en julio o agosto, para ver si está más sencillo ese paso y para darme unos baños en las numerosas piscinas naturales del norte de Cáceres.

Llegando a los coches, Béjar al fondo

El día no ha terminado ahí. Después de comer en la misma plataforma del Travieso, hemos ido en coche hasta Cáceres. Allí nos hemos distribuido en apartamentos y en el hotel de mis amigos Santi y Rosa, en plena plaza Mayor (La Boheme). Otro de los momentos grandes ha llegado a las 20.30, cuando Santi, Félix y yo hemos ido al Gran Teatro de Cáceres a ver a Faemino y Cansado.

Estábamos cansados, yo por lo menos, pero nos lo hemos pasado en grande, sobre todo viendo cómo se ríe la gente y cómo repiten los chascarrillos de los humoristas, sobre todo las frases sueltas que se le caen a Faemino.

Desde ahí, para terminar el día, cena en Hornos 25, propiedad de Fernando, un soriano del Valle, de Aldehuela del Rincón. Muy buena cena, breve paseo hasta nuestras casas y, hoy con más merecimiento que la mayoría de las veces, a dormir.