Blog | Por Sergio Tierno / Viajes, geografía, deportes y curiosidades

Cap. 330. 11-9-2024

Bosnia: Testigos de una pedida de mano y rescatados en un embalse

Jajce (9)
photo_camera Jajce (9)

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Seguimos de viaje por tierras balcánicas. Hoy hemos pasado nuestro primer día completo en Bosnia. Anoche, como creo que ya comenté, llegamos a Jajce, a orillas del río Plivo. Más concretamente, a un alojamiento ubicado al lado del embalse Plivsko que tanto nos gustó que, cuando nos dio las llaves, le pedimos quedarnos dos noches.

Eso hemos hecho, así que hoy hemos disfrutado del ‘slow travel’, el ‘viajar lento’. Hemos pasado el día entero en Jajce porque así lo ha dictaminado el destino-guía de nuestra estancia en Croacia y Bosnia.

Jajce es un lugar bastante turístico pero en el que, al contrario que ayer en Plitvice, no había hordas de turistas. Tiene pinta de que en verano habrá bastante más gente que ahora.

Como íbamos a pasar el día completo aquí, no hemos corrido ni para salir de casa ni para visitar Jajce. Hemos aparcado en el supermercado por si acaso y ahí ha comenzado la caminata. Lo primero ha sido subir a la fortaleza, donde nos ha sucedido la primera anécdota.

Nada más pagar la entrada, hemos visto una pareja que se disponía a lo mismo. Ella llevaba un ramo de flores, pero nada hemos sido capaces de intuir en ese momento, ni nosotros ni nadie.

Desde lejos, hemos visto que él estaba en la parte almenada del castillo, arriba, mientras ella no se decidía a subir. Lo ha hecho a los dos o tres minutos. Justo después, hemos caminado hacia ellos y, al llegar donde estaban, nos hemos parado porque se estaban haciendo un selfie.

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Para ayudar a mejorar la foto, Nacho les ha propuesto hacerles una foto él. Ellos han accedido y, cuando ha terminado de hacerles dos o tres, el novio le ha pedido que no se marchara. Ha echado mano al bolsillo, ha sacado una cajita, ha extraído un anillo de él, ha hincado rodilla en tierra y le ha pedido matrimonio.

Nacho lo ha grabado todo en el móvil del novio. No sabemos si hemos añadido algo de magia a ese momento literalmente único o si se la hemos arrebatado por completo, pero ha sido tan inesperado como emocionante.

De la fortaleza hemos bajado al centro de la ciudad. Como es sábado, hemos visto a chavales jugando al voleibol y al fútbol. Con estos últimos hemos estado pegando cuatro patadas al balón después de que nos hicieran las fotos de grupo junto a unos columpios de los que ahora están prohibidos o al menos desaparecidos en España.

Lo más famoso de Jajce son las cascadas del río Plivo. Las hay, como en Plitvice, altas, bajas, anchas, estrechas… hay varias a lo largo de la ciudad, aunque una destaca sobre todas las demás por su gran tamaño. En sus cercanías está todo el ambiente de Jajce, muy agradable hoy por la temperatura, la cantidad de gente…

Hemos comido muy bien y muy barato. Como ya dije ayer, en Bosnia nos ha pasado en bastantes sitios que no se admiten tarjetas de crédito. Apenas tenemos marcos, pero por suerte sí aceptan euros. Resumen: no os paséis de modernos y llevad ‘cash’. Si no, tampoco es tan grave, tendréis que sacar dinero. Estamos notando que todo cuesta menos que en Croacia.

Después de comer, café y trilece, y compra en el supermercado. Si ayer tocó una gran tortilla de patatas construida en una minúscula sartén, hoy nos atreveremos con un pollo asado, que de momento va oliendo bien.

De regreso a casa, hemos parado a una zona parecido al Sotoplaya para que los bañistas se dieran un chapuzón, y hemos seguido hasta la zona del embalse situada justo enfrente de nuestra casa. Allí queríamos tomar algo, sin saber ni que había barcos que podían alquilarse ni lo que nos iba a suceder en el que hemos cogido, y en el que pretendíamos ver el atardecer mientras tomábamos algo. Casi vemos el amanecer también.

El barco lo conducíamos nosotros, un manejo muy sencillo lógicamente. Cuando estábamos justo al otro lado del puerto de amarre (al lado de nuestra casa, de hecho), los que manejaban el timón han empezado a decir que aquello no tiraba. El resto pensábamos que estaban bromeando, porque no todos somos muy amigos del agua.

Pero no, no bromeaban. Y no había remos. Por suerte, a los cinco minutos de ir casi a la deriva, ha pasado otra barca con cuatro personas. Les hemos dictado el teléfono de emergencia, han llamado y, sin mucho tardar, han venido a por nosotros. Han cambiado la batería, y la barca ha vuelto a funcionar. Resulta que nos la habían dejado al 16% de carga, así que yo creo que ni se han extrañado de lo sucedido.

Lo mejor ha sido que, cuando estábamos a punto de llegar, los cuatro que nos han hecho el favor de llamar por teléfono estaban ellos también varados sin batería, así que los de la empresa han rescatado a dos embarcaciones en la misma salida.

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