8-4-2019. Final feliz para la maleta sin dueño en la estación de autobuses de Soria
La historia es muy sencilla y sucedió ayer en la estación de autobuses de Soria, en la parada del autobús Madrid-Logroño.
El conductor acude al maletero donde se habían depositado las maletas de los viajeros que debían bajarse en Soria. No debería haber ninguna pero... queda todavía una, de color celeste, con flores como adorno.
Ha podido suceder que el viajero que se haya bajado en Soria haya salido disparado olvidando su maleta. Ha podido suceder que alguna persona que viaja a Logroño se equivocara de lado del autobús en Madrid al dejar la maleta.
Por este segundo supuesto, el conductor pide a los pasajeros que recuerden dónde dejaron la maleta. Una chica duda, baja a comprobarlo, pero no, ese no es su equipaje.
Como en los viejos tiempos, y con el revuelo por la maleta abandonada in crescendo, el conductor procede a contar a los viajeros. Un, dos, tres, cuatro... y así hasta equis. Comprueba en el sistema y ve que ese trayecto solo lo debían hacer equis menos una personas.
Las piezas empiezan a encajar y, de nuevo, surge un abanico de dos posibilidades lógicas.
La primera, que alguna persona quisiera viajar como polizón de Soria a Logroño.
La segunda, que alguna persona estuviera tan profundamente dormida que no se hubiera dado cuenta de que el autobús había llegado ya a Soria, donde debía bajarse.
Pues sí, la respuesta correcta es esta última. Una joven decidió echarse una cabezadita al montarse en el autobús en Avenida de América y la falta de sueño la mantuvo dormida en la soriana Avenida de Valladolid.
Supongo que cualquier conductor de autobús podría contar decenas de anécdotas como esta, que son una parte muy habitual de los viajes. Podría hacerse un bonito capítulo o una bonita serie de personas que deseaban acudir a un lugar y terminaron en otro.
Es muy fácil verse reflejado en esa joven protagonista de ayer. No sé cómo no se le ocurrió a ningún viajero el posible desenlace del misterio antes de que el conductor tuviera que revisar todos los billetes. Alguien debió darle dos golpecitos con el índice en el hombro... o quizás lo hizo y fue en vano.
Todo ello lo contó ayer otra joven periodista de La Rioja que viajaba en ese mismo autobús, a través tres tuits que empezaban con este: