28-6-2016. El cementerio, las rosas silvestres y las pinturas de la iglesia de Valdegrulla
Mi primera y anterior visita a Valdegrulla fue hace ya bastantes años, calculo 18. Hoy martes ha sido la segunda. El pueblo estaba igual de abandonado las dos veces, pero el paso del tiempo se ha notado.
Valdegrulla está a unos kilómetros de El Burgo de Osma. Antes de llegar a Berzosa, un desvío a la derecha indica claramente: "Valdegrulla". Allí se acaba el asfalto y empieza un camino de tierra perfectamente apto para vehículos de cualquier tipo.
Hay pueblos abandonados en los que las casas se mantienen todavía en pie, y en cuyo interior todavía pueden encontrarse algunos objetos que recuerdan sus tiempos de localidad habitada.
No es el caso de Valdegrulla. Sus casas de adobe están completamente destrozadas, con las vigas de madera y las tejas esparcidas por el suelo.
¿Cuándo quedó deshabitado? Sin tener ni idea, lo fácil es pensar que en los años 60 o 70, como gran parte de los pueblos abandonados de Soria, sobre todo los de la zona de Tierras Altas.
Pues no. Sucedió mucho después. Si los datos que he encontrado en internet son fidedignos, a principios de los años 80 todavía vivían allí 15 personas. Una de ellas, Dionisio, todavía aguantó allí algunos años más, hasta 1997. Viendo Valdegrulla, y viendo decenas y decenas de pueblos de la provincia de Soria, no sé por qué este ha corrido esta suerte: no hay ninguna casa habitable en ninguna época del año.
Las únicas señales de vida humana se encuentran en el cementerio, algo lógico si se piensa que Valdegrulla ha sido un pueblo habitado hasta hace nada. La mayoría de sus tumbas tienen flores que depositan regularmente los descendientes de sus moradores.
En la tapia del cementerio hay un cartel que reza "Prohibido pintar en las paredes". De hecho, no hay ni un solo grafiti en esta tapia, al contrario de lo que sucede en el resto de las casas cuyos muros todavía quedan moderadamente en pie.
Junto al cementerio está la iglesia. Nos ha costado, pero hemos podido entrar sorteando zarzas, tejas y vigas. Rodeando al altar, en las paredes internas, hay unas pinturas muy curiosas y relativamente bien conservadas, excepcionalmente conservadas para lo que es el resto del pueblo. No parecen tener gran valor artístico, pero no soy nadie para valorarlo.
Y junto a la iglesia y el cementerio, unas rosas silvestres de ese mismo color, rosa, son la principal fuente de alegría de Valdegrulla. El Sábado Agés no descarto viajar de nuevo hasta Valdegrulla, por tercera vez en mi vida, para arrancar un par de esas rosas y colocarlas en la Caldera de la Cuadrilla de San Miguel.
Dedicada a B.S. y J.C.