15-8-2017. La aventura de los tresmiles pirenaicos (19). La Gran Facha

Embalse de Respomuso al inicio de la ruta
Ibón de Campo Plano
Ibón de Campo Plano desde su otro extremo
Ibones de La Facha
Carlos iniciando la subida al Col de la Facha
No daba tregua la subida, pero muy entretenida
Desde casi la cima, parte del objetivo del día siguiente: Los Picos del Infierno, con sus inconfundibles mármoles
Cima de la Gran Facha
Disfrutando de este mirador del Pirineo, con el Vignemale al fondo. Hay que estar ahí para sentirlo
De vuelta al coche, con la Gran Facha al fondo y a la izquierda

Hay días en los que, por el carácter solitario de los picos, Ángel Aguirre solo puede hacer un tresmil pirenaico. Pero la idea es hacerlos todos. Antes de ayer, otro de los míticos: La Gran Facha, de nuevo con Carlos.

"Domingo 13 de Agosto: La Gran Facha

Este día, Carlos y yo decidimos tomarnos lo un poco de 'relax' y hacer un pico separado del resto en la zona y que no da opción de subir ningún otro cercano con facilidad. Aun así, son unas seis horas de pateada, más la bajada de dos horas desde el refugio al coche. Vamos... que descanso, descanso... no fue mucho.

Iniciamos la ruta sin prisa a las 8 de la mañana, hacia este bonito pico piramidal y muy estético. Al principio, las piernas estaban un poco perezosas del día anterior, pero después de una hora caminando, como si nada.

El camino es también muy entretenido y sencillo, pasando por lagos e ibones rodeados de inmensas praderas, hasta llegar al Col de la Facha. En este punto, iniciamos una pronunciada pendiente, que a medida que íbamos subiendo, era necesario utilizar también las manos, para hacer sencillas trepadas (comparadas con las de otros días) que tras una ancha arista cimera, nos dejaba en la cima este impresionante mirador del Pirineo.

Desde su cima disfrutamos de las vistas de la etapa del día anterior, pero sobre todo, ya íbamos pensando en la del día siguiente y que parte de ella la teníamos enfrente: Infiernos, Arnales, Garmo Negro... Un día en el que si el tiempo era bueno, podríamos encadenar nueve picos más.

Esos pensamientos los dejamos de lado en cuanto empezamos el delicado descenso hasta el collado. Seguidamente, la bajada al refugio, nos la tomamos con calma. Una vez allí, ya solo quedaban dos horas al coche, donde nos esperaba una duchita y buena comilona, para meternos lo antes posible a dormir y descansar para el día siguiente.

Con este solitario pico, pero que suma igual, ya son 108".