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La tierra prometida

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El día de tu nacimiento te marca. Y no me refiero a la patraña esa del horóscopo que, si no lo han cambiado, soy Aries. Aunque mi mujer le diría que más que carnero, cabra loca. Yo nací un 25 de marzo. De haber sido niña, me hubieran llamado Anunciación o Encarnación. Pero salí varón y conforme al santoral, me pusieron de nombre Dimas. Ya sabe, el buen ladrón que murió junto a Jesús en la cruz. Y claro, como comprenderá, estaba destinado a terminar aquí.

Vengo de una humilde familia de labradores de la provincia de Badajoz. Pobres pero honrados, solía repetir madre cuando nos aviábamos para ir a la misa de los domingos. Lo suyo sí que era hacer milagros para que nunca nos faltara comida en el plato. Algo así a lo del pan y los peces de su jefe. ¿Cómo era aquello que decía?  “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados”. Y me acordé de los del 25 de marzo del 36 que ocuparon de manera pacífica y araron la tierra que se les había prometido en la reforma agraria. ¿Sabe? Entre aquellos yunteros se encontraba mi padre que, por cierto, vino al mundo un 4 de Septiembre. Se llamaba Moisés.