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Compañía

Sea por vagancia o por no tener con que vestir la pared, lo cierto es que todavía conservo este viejo retrato. Sospecho que se trata de la antigua inquilina a la que no llegué a conocer pues realicé la compra del piso a través de una inmobiliaria. Las visitas, incómodas con su presencia, me aconsejaban deshacerme del cuadro, pero cada vez que lo sugerían acontecía algún tipo de percance. Ya sea atragantarse con el consomé o cortarse con el cuchillo de untar. Así que ya no me dicen nada. De hecho, ya ni vienen a verme. Pero no me siento solo. Noto como ella me observa en todo momento. Esos ojos suyos tan expresivos que parecen hablar. Precisamente ahora mismo me están recordando que es la hora de la telenovela.
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