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Codicia

Javier de Julián
photo_camera Javier de Julián

Mandó cribar los ríos y abrir el vientre de las montañas. Dio orden de buscarlo en antiguos templos y lugares sagrados. Pero no halló ese número áureo o número de Dios que mencionaban los antiguos. Viendo como su anhelo de oro se esfumaba, llamó a los sabios del reino. Fue un matemático quien le habló del número phi y de la sucesión de Fibonacci. Le explicó que la proporción áurea se halla en todas partes: en la espiral del caracol, en un árbol, en el propio cuerpo humano. Y el rey, contrariado, ordenó cortarle la cabeza.