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Cliente satisfecho

Cliente satisfecho
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Ya le había endosado a la solitaria anciana los doce tomos de la enciclopedia universal, la colección de fauna ibérica y las obras completas de Luis de Góngora cuando, tras apurar aquella tacita de té con platito a juego, el persuasivo comercial sintió un repentino y profundo sopor. Despertó amarrado de pies y manos a la cama. Al descubrilo consciente, la viejita se sentó a su lado, tomó el primero de aquellos mamotretos y comenzó a leer feliz con su reciente adquisición.