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La variedad cromática del otoño en Almazán

Basta con pararse un poco a reflexionar y llegar a la conclusión de que no hay ciencia ficción ni efectos especiales que superen en ingenio y espectacularidad al guión de la naturaleza.

El otoño es un claro ejemplo. Con la llegada del frío y la disminución de las horas de luz y de la radiación solar, las hojas ya no pueden producir tanta clorofila y dejan de ser útiles para los árboles de hoja caduca.

Al no poder realizar la fotosíntesis, los árboles activan su mecanismo de supervivencia "cerrando el grifo" de las venas que distribuyen los nutrientes hacía las hojas. Guardan estos nutrientes en su "despensa" para asegurarse reservas de agua y energía durante los meses más duros, y a "hibernar" se ha dicho. Inteligencia biológica al servicio del ahorro y la auto-protección.

Es entonces cuando aparecen los tonos rojos, naranjas, amarillos, ocres, azules, morados, grises... y todo a nuestro alrededor se convierte en un espectáculo para la vista.

Las imágenes que acompañan este reportaje han sido tomadas con la luz del amanecer en la ribera del río Duero, a su paso por Almazán. Concretamente en los parques de las Islas y La Arboleda.