Cima 66 de 68. Cáceres. Villuercas. 1.595 metros. 23-9-2020
Ya está cerca el final de este reto y, como siempre que se intuye un final, van aumentando las ganas de llegar hasta él. Pero nos lo seguiremos tomando con tranquilidad, disfrutando, y sin perder de vista el objetivo de completarlo antes de que acabe el presente 2020, por mucho que tantas dificultades se nos estén presentando.
La última
cima de las más altas fue la de Cáceres, conseguida al tercer intento. Y ahora,
la antepenúltima cima de las más prominentes también ha sido la de esta
provincia extremeña.
Como sucede en otras provincias, en Cáceres hay mucha variación entre altura y prominencia de sus principales montañas. Su punto más elevado (Calvitero, 2.400) se encuentra muy cerca de otros todavía más altos situados en la vecina Salamanca (Canchal de la Ceja, 2.427), así que su prominencia es relativamente escasa.
A cambio,
la provincia de Cáceres tiene diseminadas por su geografía varias serranías
quizás no muy altas pero sí de importante entidad propia, reflejo una vez más
del carácter tan montañoso de todo el país en general. Cuántas veces se han sorprendido
mis amigos a lo largo de este reto cuando les he comentado que iba a hacer
montaña a ciertas provincias españolas.
De entre esas serranías, una de las más abruptas es la de Guadalupe, en la comarca de Las Villuercas. Su pico más alto se llama igual, Villuercas, no sé si el artículo es importante o no. Es el lugar más alto, además, de todos los Montes de Toledo, con una diferencia sobre el nivel del mar de 1.595 metros.
Poca altura, podría pensarse. Y en tan pocos metros, sin embargo, encierra una prominencia de casi un millar, una salvaje desproporción que da idea de la soledad y del aislamiento de esta zona tan hermosa de la provincia de Cáceres, el Geoparque de Villuercas-Ibores-Jara. Aquí, en agosto del año pasado, nacieron los primeros linces ibéricos en libertad, para constatar el éxito del programa de introducción de este felino en la zona.
Según
veníamos, nos ha extrañado ver señales triangulares de peligro en la carretera,
con un lince en su interior. Desafortunadamente, no hemos visto ninguno.
El ascenso a Las Villuercas se puede hacer fundamentalmente de tres maneras. La primera es a pie, como se supone que deben hacerse todas las montañas, para lo cual hay varias rutas senderistas. La segunda es en bicicleta, en un recorrido asfaltado (es decir, una carretera) en el que vienen marcados los once kilómetros con su diferencia de altura, su pendiente máxima y su pendiente media.
Y la tercera es en coche, por esa misma carretera con un firme en buenísimo estado ya que acaba de ser arreglada con un millón de euros de inversión. La razón por la cual hay una carretera que llega hasta la cima de la Sierra de Guadalupe es que allí hay una base militar ahora abandonada.
Cuando se abandonó, la carretera empezó a destrozarse, hasta que la Diputación Provincial de Cáceres decidió recuperarla para convertirla en una de las once carreteras paisajísticas de Extremadura. La inauguración del nuevo trazado fue el pasado 2 de julio, hace menos de tres meses, así que hemos sido unos afortunados.
Mari y los
dos Sergios hemos salido de Soria cuando nuestras obligaciones laborales nos lo
han permitido, a las 15.00 horas. Hemos cruzado las provincias de Guadalajara,
Madrid y Toledo antes de entrar a la de Cáceres.
Nuestra única parada ha sido breve, porque queríamos llegar arriba con luz. Lo hemos conseguido, pero esa luz solar estaba acompañada de una niebla espesísima que nos ha impedido disfrutar de las impresionantes vistas que ofrece esta montaña, llamada también Risco de la Villuerca.
La carretera
llega hasta la valla misma de la base militar. En otras ocasiones de este mismo
reto, el vértice geodésico se encontraba dentro de la base. Aquí en Cáceres,
por suerte, no ha sucedido eso.
Justo al
final de la carretera sale una pequeña pista de hormigón y, en apenas un
minuto, se alcanza el vértice. Hoy, es lo único que hemos visto, ese cilindro
característico de las montañas, acompañado de un par de chozos de piedra y del
antiguo helipuerto.
En cinco minutos hemos solucionado la cima. A la bajada, y a pesar del poco tiempo transcurrido, se ha ido despejando el paisaje. Aunque las nubes seguían tapando la cumbre, estaban ya algo más altas y hemos podido disfrutar de las vistas de un par de miradores, vistas que cuando subíamos no existían. También nos hemos detenido a ver si podíamos aprovechar los frutos de alguno de los numerosos castaños que bordean el camino, pero todavía es demasiado pronto.
El último mirador, ya cerca de la ermita del Humilladero, está puesto a conciencia. Desde él se tiene una visión impresionante del lugar más famoso de toda esta zona, la localidad de Guadalupe, presidida por el monasterio de su mismo nombre, Patrimonio de la Humanidad desde 1993. Tanto el monasterio como el propio pueblo de Guadalupe son una maravilla.
Aquí es donde nos alojamos hoy, un miércoles de septiembre, sin apenas visitantes, algo que seguramente no pueda decirse en verano y en los fines de semana, como puede adivinarse por la gran cantidad de negocios de hostelería que nos hemos encontrado en nuestro paseo nocturno antes de recogernos temprano.
En ese
paseo nocturno, por cierto, se veía justo bajo la Luna la silueta perfectamente
definida del Pico de Las Villuercas.
Punto de salida: Se llega en coche
hasta arriba. La carretera sale de la ermita del Humilladero de Guadalupe.
Distancia: Ni cien metros. La
carretera en sí tiene once kilómetros, para los que quieran subir en bicicleta.
Desnivel: Si se va hasta
arriba en coche, se entiende que nada. Si se quiere salir desde abajo, hay casi
800 metros positivos.
Cuánto se tarda: Pues eso, lo que
te diga el navegador que se tarda desde el lugar donde te encuentras hasta el
Pico Villuercas (si pones solo ‘Villuercas’, te manda a otro sitio).
Explícame cómo se sube sin literatura: Es una cima a la que se puede llegar en coche. Desde que abrió hace un par de meses la carretera desde Guadalupe, esa es la ruta más lógica para los que decidan llegar hasta arriba sin esfuerzo.