Cima 14 de 45. Gerona. Puigpedrós. 2.914 metros. 16-11-2014
Imagino que la grandeza física y estética de los Pirineos será la principal culpable de que el Puigpedrós, el punto más elevado de la provincia de Gerona, no sea más conocido. O quizás sea solo culpa mía haber vivido hasta ahora en la ignorancia de su existencia. En la mañana de hoy domingo lo hemos solucionado.
Ya van tres de las cuatro cimas catalanas, las tres con Óscar como único compañero. A ver qué pasa con la ilerdense Pica d’Estats. Como es tradición, hemos madrugado. A las cinco de la mañana hemos puesto nuestros despertadores en Sant Boi de Llobregat, y no mucho después hemos partido rumbo hacia Meranges, la cabeza de municipio más elevada de Cataluña.
Cinco bajo cero
Hay que atravesar Meranges para seguir un camino asfaltado, que a los pocos kilómetros pasa a ser de tierra. Y poco después se llega al refugio de Malniu. Aquí se pagan tres euros y se aparca. Son poco más de las ocho, hay cinco grados bajo cero y poca gente, nada que ver con el jolgorio que nos encontraremos a la vuelta.
En el mismo refugio nos hemos tomado un café y nos hemos pertrechado con la ropa de abrigo. Rumbo al Puigpedrós. Se abandona el refugio siguiendo el sentido en el que veníamos en coche y a los cien metros se encuentra el desvío: subir por la derecha (lo más directo) o subir por la izquierda (llegar hasta el refugio de Engorgs y afrontar la subida por el Oeste).
Nosotros hemos optado por la travesía circular, y hemos empezado por la derecha. Es una subida bastante fuerte desde el comienzo. Afortunadamente, el sol de esta mañana era espléndido y no era difícil intuir el sentido de la marcha, siempre hacia arriba pero con cierta tendencia a la izquierda, al Oeste.
Hoy tocaba disfrutar
Se deja a la derecha el Clot de Malniu y, al llegar a las Molleres, la pendiente decrece ostensiblemente y, para mayor alegría, se ve preciosa justo enfrente la mole del Puigpedrós. Como tantas veces he dicho y diré en este blog, esta travesía puede ser infernal en un día de viento y nieve. Hoy tocaba disfrutar.
Ya no hay pérdida. Nosotros nos hemos tirado demasiado a la derecha, por lo que intuimos, y al llegar a esta especie de pradera nevada a más de 2.700 metros vemos a unas cuantas personas, tampoco demasiadas, algo más de una decena. Van donde nosotros.
En poco más de un cuarto de hora hemos llegado a la cima. Es fácil tener estas vistas cuando se está a 2.914 metros sobre el mar: Francia al Norte, Andorra al Oeste y las provincias de Lérida y Gerona, y algo de la de Barcelona, al Sur.
Optamos por la ruta circular
Fotos de rigor, breves conversaciones con los compañeros de cima y a decidir por dónde bajamos. Como ya he avanzado, optamos por hacer la ruta circular. Desde aquí aviso que es un acierto. Es un poco más larga, quizás una hora, pero es muy diferente. Además, hemos visto varios sarrios.
Tras hollar la cima hermana del Puigpedrós, situada a escasos metros, ha comenzado una fuerte bajada, con bastante más nieve que por el camino de subida y con algunos tramos de hielo. Los crampones no eran imprescindibles pero dentro de pocos días lo serán.
Esta fuerte bajada termina en el torrente de Engorgs, que corre bastante fuerte de agua y que no es fácil atravesar en algunos tramos. De hecho, hay que cruzarlo con prudencia. A casi 2.400 metros se encuentra el refugio no guardado de Engorgs o de Joaquim Folch, con una decena de colchones.
GR perdido
Por aquí pasa el GR que alrededor de hora y media después tendría que habernos dejado en Malniu. Sin embargo, ha habido un momento en el que hemos perdido las señales rojas y blancas y hemos tenido que caminar incómodamente entre las coníferas y sus raíces. Hemos perdido una media hora, hasta que hemos visto la senda buena al llegar a un claro, unos treinta metros por debajo de nosotros.
Esa senda todavía tiene un tramo de ascenso antes de enfilar la recta final hasta el punto de salida, pero es una pendiente bastante suave. Ya hace tiempo que hemos abandonado la nieve, hemos tenido mucha suerte con el día.
En Malniu, a esta hora del mediodía, hay algunas decenas de personas. Algunas llegan con grandes mochilas, preparadas para dormir allí y caminar al día siguiente. Otras llegan en vaqueros y con el deseo de tomarse un café caliente a 2.138 metros. Nosotros hemos llegado después de esta preciosa ruta circular de aproximadamente cinco horas y dispuestos a desandar el camino andado en coche, después de parar a comer en Bellver de Cerdanya según manda la tradición. Como avisé al final de mi anterior relato, la decimocuarta cima no iba a ser de relleno.