Somos música

Para escuchar...

Desde que nacemos ya tenemos complejo de cantantes de ópera. ¿Lo primero que hacemos? Pegar un alarido; con un par. Luego, seguimos practicando durante nuestros primeros meses de vida en casa con papá y mamá. Lo que pasa es que escogemos unas horas un poco inconvenientes (en mitad de la noche) y sobre todo piezas de un género experimental metadodecafónico que... nuestros padres... digamos que no llegan a entender. Será el sueño.

En cuanto despuntamos un palmo del suelo y aprendemos a decir palabras y a movernos más o menos, aprendemos a volar. Es curioso cómo cuando eres un mico te tiras casi más tiempo en el aire que en el suelo, y gritando y aullando y cantando más que diciendo cosas con sentido. Son los mayores, que dicen que no nos entienden. ¡Qué tontos! Tan mayores y se han olvidado de cómo entenderse sin palabras.

Luego llega el colegio, y con las clases de música esas en las que tocas Star Wars y Titanic con la flauta dulce, desaprendes a sentir ritmo y melodía. ¿Por qué ya no puedo gritar y aullar? ¿Por qué no puedo probar cosas nuevas a ver cómo suenan? ¿Por qué no puedo usar esta mesa para la percusión? ¡Si suena como la prehistoria!

Hace como un porrón de años y pico, los hombres no sabían comunicarse. Algunos dicen que la música vino antes que el lenguaje hablado; tiene lógica pensar que lo bonito vino antes de lo conveniente.

Ahora somos "mayores", "adultos", y algunos parece que lo único que han aprendido es a no divertirse. Nos hemos negado la música que somos por convención de otros, y lo que hace 20 años era contorsionismo bailongo a grito pelao ahora son meneíllos y murmullos bajo unos cascos casi más grandes que tú hace 20 años.

Por suerte, algunos no olvidan que cantar es limpiarse y bailar es fluirse. Siguen desafinando en la ducha y buscando música al aire libre para sentirse como el aire; libres. Siguen saltando y gritando como locos, convencidos de que a más volumen más se contenta el alma y a más impulso menos tocan los pies el suelo y más vuela el cuerpo.

Qué bonito es saber que bailar sintiendo es como volar; y que es igual de fácil.