Paco de Lucía descansa en paz
Paquito descansa en paz; ya está descansando en paz. Es que lo sé, es como si lo viera. Ni "Paco de Lucía, descanse en paz", ni "Paco de Lucía, descansa en paz", ni milongas varias. La frase va de corrido y sin la coma porque a genios como él no hay que pedirles que hagan las cosas; ellos las hacen y luego hacen que te hubiera gustado pedírselas antes.
No voy a contar su vida y milagros; para eso hay mucha gente que sabe mucho más que yo, y tal día como hoy, mucho reformulador express de la Wikipedia. Lo poco que sé de él es que de pequeño se tiró la mayor parte de su infancia encerrado en una habitación tocando la guitarra como si fuera lo único que había en el mundo (que lo era), que tocó con Camarón, y que, después de pasarse años y años tocando flamenco, el tío cogió sus dos cojones, los puso encima de la mesa y se requeteinventó.
De Paco de Lucía se habla, a Paco de Lucía se lo conoce y a Paco de Lucía se le ha escuchado aunque digas que no sabes quién es. La primera vez que me llamó la atención fue una vez, ya de adolescente, cuando estaba leyendo una de mis revistas de guitarras. "Blablabla, nosequénosequé, Paco De Lucía con John McLauchlin y Al Di Meola..."
Espera espera, ¿What? ¿Paco de Lucía con el que dice hola y uno de los guitarristas más influyentes par aZakk Wylde (yo es que era heavy...)? ¿Y dices que esto existe y yo no me había enterado? Rescepto.
¿Que qué quiero decir con esto? Que Paco es el mejor. Ha sido, es y será capaz hasta después de muerto de llevar consigo la elegancia, el carisma, el olor, los bailes, el arte y el buen hacer de un país entero mientras hace lo que le da la gana y con quien le da la gana. Es uno de los pocos músicos con tradición que consiguieron innovar sin perder sus raíces, y sacarle brillo a lo de siempre, lo justo para que oliese a nuevo sin parecer diferente.
A Paco le he visto en directo; ahora me doy cuenta de lo afortunado que fui y que sigo siendo. Le vi en San Javier, en un festival de Jazz, en verano y al aire libre. Magia.
Paco de Lucía lucía y se lucía, él solo y con los demás tocaba las cuerdas, que rozaban el aire, y como por cosas de brujas, tejía y tejía un enmarañado de notas, que a modo de hamaca, nos levantaba gentilmente del suelo y con mimo nos mecía. Y todo esto sin moverse de la silla. Tenía esa pose suya tan carismática, con las piernas cruzadas y apoyado con todo el torso sobre el cuerpo de la guitarra, con los ojos cerrados, escuchando atentamente... como asomado al universo que se estaba gestando cerca de sus tripas; como si le sorprendiera que de la madera sonasen emociones en crudo.
Paco me dejó algo que nunca le pude agradecer; igual que las flores nunca pueden agradecerle al jardinero que las plantó, es un poco el mismo rollo. Y tampoco te creas que le escuchaba mucho ni muy a menudo; era uno de esos seres que, con el mero hecho de saber que existía ya me daba paz de espíritu.
Y claro, ahora que se ha muerto, pues me acuerdo de él, y de aquella vez que hizo chiquitito el Universo delante de mí y me lo enseñó con solo 6 cuerdas. Fue como un pase privado al infinito.
Igual por eso es la primera vez que echo una lagrimilla al enterarme de que se ha muerto alguien que no conocía; o igual es que sí que lo conocía y no lo sabíamos ninguno de los dos.
Paco, sigue descansando.