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La Pólvora de Leiva y otras cosas que explotan

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Eran como las 6 de la mañana; septiembre, a principios. El típico escenario de desasosiego antes de ir al curro. Es pronto porque sí, porque ya toca portarse bien; porque llevo demasiadas semanas con demasiadas mañanas brumosas de resaca, y eso no puede ser. Hay veces que la vida te da un toque y tú no le haces ni caso; entonces aparece con la artillería pesada.

Por qué aquella mañana decidí ponerme "Pólvora" por primera vez seguirá siendo una incógnita de esas que ya casi prefieres no resolver. Al final, en la vida siempre falta romanticismo, y de algo tendremos que enamorarnos. El caso es que lo hice, y fue como un buen martillazo a tiempo en las costillas: crujiente y esperanzador.

https://www.youtube.com/watch?v=kMqA22EAwa0&list=PLrY3A4J-5brGrp9UpGAWpndknKcSjmL0w

Para mí, escuchar a Leiva es como darme un paseo por el centro de Madrid. Son manías. Es la forma de los fraseos, la selección de las palabras y la rima de los acordes. También es el mensaje entre líneas que subyace a cada verso, que casi siempre tiene una historia que cantarte que tiene más que ver contigo que con el propio artista.

Una de las grandes hazañas del buen arte es su capacidad para conocerte mejor que tú mismo. Esa capacidad para describir lo que te pasa por las entrañas cuando a veces no sabías ni que te estaba pasando; ver tu historia retratada por una tercera persona, y ver que es exactamente así.

Leiva, el intensito

En este sentido, Leiva es un buen artista: porque no le da vergüenza sentir en HD y quedarse en pelotas a la hora de ponerlo en versos. Es un buen artista porque nos deja en pelotas al resto en cuanto admitimos que, en el fondo, también somos un poco como él nos pinta.

Todo el disco me deja con la sensación constante de la dualidad entre ser la rockstar y el perro apaleado de fondo; la realidad más allá de la pose. Las canciones on como cicatrices, y no hay cicatriz sin herida, ni herida sin sangre. Es un proceso curioso de exorcismo en el que el artista pone a sus demonios encima de los acordes y espera que, a fuerza de compartirlo con los que escuchan, se vuelvan menos demonios. Tal vez por eso tantos músicos vean el hacer música como su propia terapia; al menos al principio.

Digo al principio, porque yo creo que un músico solo tiene un cierto número de canciones sinceras de desamor y deconstrucciones antes de autodestruirse. Cada una es ligeramente distinta, y cada una explora un matiz distinto de la experiencia del quererse muy fuerte de repente. Y como que se terminan cuando el cantante ya ha conseguido racionalizar el amor dentro de su propia persona, o cuando, simplemente, no puede más.

Digo amor porque, como decía Nick Hornby en su "31 canciones":

Al final, las canciones de amor son las que mejor resisten. (...) las grandes canciones de verdad, las que ni la edad ni las emisoras de radio dedicadas a los años dorados pueden desgastar, tratan de nuestros sentimientos románticos. Y esto no es porque los compositores tengan nada que añadir al tema; es simplemente que lo romántico, son sus giros y caídas y morriñas y altos y barridos y saltos y tristezas, es una metáfora natural para la música misma.

Y para qué liarse sin con cantar de amor ya es suficiente.

Sonido y producción

Además, dejando de lado mi sesgo particular de madrileño intensito pasado de rosca, Pólvora suena de puta madre.

Parece ser que el señor Leiva ha cedido cancha en materia de producción y le ha dejado casi todo el trabajo a Carlos Raya; y se nota. A diferencia de Diciembre (su otro disco en solitario, y que un poco sin más), aquí Leiva se ha montado una banda (la Leiband) y se ha grabado el disco entero con ellos. Atrás quedaron los días en los que se ponía detrás de cada instrumento y se grababa todas las pistas, y es de agradecer.

Será por la producción, será por la variedad de músicos, el caso es que el disco tiene un aire distinto a todo lo que había hecho antes. Es más relajado, con más aire entre los músicos; tal vez más "maduro", sutil, discreto. Como que no necesita alardear. Y yo, personalmente, echo de menos el gamberreo de los primeros discos de Pereza, pero eso es algo que siempre tendré en los primeros discos de Pereza.

Conclusión

Pólvora suena a que Leiva se ha hecho mayor como cantante solista. Como dije en algún post anterior, las canciones de este disco son como las tías: me gustan todas. Desde "Los Cantantes" a "Ciencia Ficción", pasando por "Pólvora", cada una tiene su pequeña tara para quererla mucho.

Entre eso, el sonidazo, y que hemos hecho muy buenas migas, emocionalmente hablando, se lleva el galardón del mejor disco del cuatrimestre pasado. Aunque el disco es de 2014 y ya estamos en Enero, pero ya sabéis que yo hago lo que me da la gana, ¿no?