Cómo viajar en el t(i)empo
Hoy vamos a viajar en el tiempo.
Si no os parece mal, viajamos al pasado, ¿vale? Estoy prácticamente seguro de que también se puede viajar al futuro, pero soy muy muy nazi con los spoilers, y no quiero que nadie me destripe lo que va a pasar en Juego de Tronos. Eso y que me gusta creer que tengo un cierto control sobre mi destino y esas cosas; llamadme loco.
Bueno, el primer paso es decidir a dónde queremos volver. Qué año, qué lugar o qué persona son buenos comienzos. A más restricciones de la búsqueda, más definición e intensidad; a más libertad, más probabilidad de sorprenderte.
Una regla muy importante es tratar de no recordar. Solo se puede echar la vista atrás para decidir tiempo, espacio y compañía; en cuanto hayamos fijado los pivotes del viaje, tendremos que soltar los cabos si no queremos acabar en un vórtice infinito de recuerdos adulterados. Esto se trata de viajar a un lugar en el que ya hemos estado, no de volver a ver las fotos y reírnos con las anécdotas.
Ahora viene mi parte favorita: el medio de transporte.
Para el viaje utilizaremos una canción (cómo no). Esta canción tiene una serie de características muy especiales que le confiere la capacidad de transportar almas; a saber:
- Tiene una alta densidad de escucha en el periodo de tiempo deseado. La escuchaste muchas veces durante unos pocos días, semanas o meses
- Pasaste de amarla a odiarla. De tanto escucharla, o de los recuerdos que traía de regalo, te pasó que no pudiste volver a ponerla sin sentirte mal
- Hace un año o más que no la escuchas
Una vez que hayamos elegido la canción, podemos viajar.
Lo primero será buscar un lugar tranquilo y aislado, un buen equipo de música y un rato en el que sepamos que podemos estar solos con nosotros mismos. Atenuamos luces, cerramos ojos, subimos el volumen y le damos al play.
Es posible que los primeros compases desaten sonrisas nerviosas, que las primeras notas desacompasen alguna sístole o diástole y que algunos pasajes vengan acompañados de fuertes olores. Es posible también que llores, que escuches voces y que no te reconozcas como tú mismo. Puede que pases frío, o calor, o todo a la vez. Puede que toques, que beses e incluso que te muevas como preso de una danza que antes sabías y te encantaba bailar.
No pasa nada, es normal desubicarse cuando viajas en el tiempo.
Puedes repetir el viaje todas las veces que quieras, pero debes tener en cuenta que esto del pasado es como una droga: cada vez necesitas más dosis para conseguir el mismo efecto.
Mi consejo es que apagues todos los sonidos, te tumbes y te desdespiertes. Mañana creerás que todo ha sido un sueño y el presente de verdad te estará esperando.
Buen viaje.