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Am I wrong?

Entonces, después de muchos compases, metros de cuerda, golpeteos con el pie, decibelios y sangre en la madera, decidí que dejaba la música.

Por supuesto que no fui yo, ni fue consciente. Fue un supuesto de lo que se suponía que iba a suponer poner el cerebro a 630 kilómetros del corazón, el compás y el ritmo. ¿Pero qué sé yo?

Luego te lees el libro de un japonés loco y te encuentras con cosas como:

Quizá tiene razón: la corriente no fluye.

No todo desaparece con el paso del tiempo.

En la vida siempre hay cosas demasiado complicadas para explicarlas en cualquier idioma.

Y sonrió calladamente, con la sonrisa que esbozan los gatos cuando duermen al sol.

Entonces te preguntas que cuándo has escrito tú eso, que si eres japonés y que igual, solo igual, estabas un poco equivocado; algo así como totalmente.

Y nada, que encogí los hombros y me vi que tengo dos cosas que no desaparecen con el paso del tiempo y que son demasiado complicadas para explicarlas en cualquier idioma. Una de ellas incluso tiene pata y rabo gatuno. Igual ya no sonríe y por eso la corriente no fluye.

Pues habrá que hacer música, digo yo.