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Trazando límites

Esta mañana leía en algún medio de comunicación la historia de una adolescente que había practicado ciberbullying, castigada por su madre a confesar su actitud a través de las redes sociales. Una decisión, la de la madre, que ha levantado mucha polémica, siendo acusada de practica bullying contra su propia hija. Pero, ¿no es este un claro ejemplo de establecer límites? En muchas ocasiones, la sobreprotección a nuestros hijos no solo puede ser perjudicial para el niño, haciéndole más débil y vulnerable, sino que también puede provocar que no le quede claro lo que esta bien y lo que está mal, y a consecuencia de ello salgan perjudicadas otras personas de su entorno.

Una de las cosas que siempre está presente en cualquier aula de cualquier nivel educativo es el establecimiento de normas. Desde que los niños comienzan su escolaridad, los docentes establecen límites que son reforzados tanto positiva como negativamente.  Se premia el buen comportamiento con buenas calificaciones, con refuerzos positivos verbales o incluso con premios materiales. Y también al contrario, se castiga el mal comportamiento con bajas calificaciones, con reprimendas o con la supresión de privilegios. De este modo, los niños van comprendiendo poco a poco lo que está bien y lo que está mal y las consecuencias de actuar de ambas maneras. Sin embargo, ¿qué pasa cuando este establecimiento de límites no se refuerza en casa?

Dejando casos extremos aparte, y dado que cada persona es un mundo, con sus vivencias particulares, lo que complica emplear el mismo patrón para todos, no se nos tiene que pasar por alto que en el colegio apenas pasan el 15% de las horas que conforman una semana. Y por ello las rutinas de comportamiento desarrolladas en el aula deben mantenerse fuera de ella para que las normas sean asumidas con la misma naturalidad que se aprende a leer o a jugar. Hay conductas, como el egoísmo, que son parte del crecimiento de los niños, fases naturales por las que tiene que pasar. Pero la labor del adulto educador es la de guiar al niño hacia un comportamiento respetuoso hacia sí mismo y hacia los demás.

Y ¿cuál es la mejor manera de establecer límites? la página web www.guíainfantil.com ofrece unos consejos para conseguir este fin:

1.- OBJETIVIDAD: Cuando damos órdenes a los niños tendemos a hacerlo de forma algo abstracta. Debemos hacerlo con frases cortas y precisas que ellos entiendan a la perfección.

2.- OPCIONES: La libertad de oportunidades que siente un niño al poder elegir entre varias opciones le hace sentir mayor control, con lo que la resistencia a cumplir órdenes será menor.

3.- FIRMEZA: Con un tono de voz seguro, sin gritos y un gesto serio en la cara.

4.- ACENTÚA LOS COMPORTAMIENTOS POSITIVO.

5.- GUARDA DISTANCIAS: Haciendo constar las reglas de una forma impersonal.

6.- EXPLICA EL PORQUÉ: Ya que así el niño entenderá la regla y la cumplirá con mayor agrado. Además le ayudará a crear su propia conciencia.

7.- SUGIERE UNA ALTERNATIVA: De esta manera, entenderá que sus sentimientos y deseos son tenidos en cuenta.

8.- FIRMEZA EN EL CUMPLIMIENTO: Las rutinas y las reglas deben ser seguidas día a día de manera firme.

9.- DESAPRUEBA LA CONDUCTA, NO AL NIÑO.

10.- CONTROLA LAS EMOCIONES: Habrá momentos en los que será necesario contar hasta diez antes de reaccionar ante un mal comportamiento del niño. La disciplina consiste en enseñar al niño cómo debe comportarse y no lo podremos hacer de manera adecuada si somos extremadamente emocionales.