"Resulta inviable alcanzar una enseñanza de calidad sin desmontar los bulos históricos presentes en los libros de texto de Secundaria y Bachillerato"

Entrevista Doña Gorgo

Doña Gorgo opinaba, allá por mediados del 2022, en este mismo blog, que “nuestro sistema educativo no alienta la curiosidad cuando se enseña Historia”. Y, para paliar este problema, se ha puesto manos a la obra, publicando un libro que salió a la venta el pasado 15 de noviembre, bajo el título Esta historia no te la habían contado, de la editorial Alfaguara. Como uno de los objetivos principales del mismo, tal y como recoge su introducción, conseguir que se deje de asociar la Historia con esa “asignatura petarda” que estudiamos en el instituto. Conmigo, desde luego, lo está consiguiendo. Hoy, volvemos a charlar con ella para tratar de que nos desvele alguno de los secretos que guarda su reciente publicación.

1. ¿De dónde surgen los mitos o bulos históricos?

Es una excelente pregunta y me encanta que me la hagas, porque así puedo empezar por explicar a nuestros lectores que mito y bulo no son sinónimos.

Verás, el mito es un recurso explicativo creado para intentar justificar la realidad y la relación del ser humano con su entorno. El bulo, sin embargo, es un dato falso, pero con potencial para la verdad. Es decir, para que el bulo cale en el imaginario colectivo, tiene que ser creíble. Si yo digo que en el monte Toranzo habitan centauros, nadie se lo va a creer; pero si, por el contrario, dijera que un pirómano ha provocado un incendio, saltarían las alarmas.

Ahora, aclarado este punto, debemos tener en cuenta que hay diferentes tipologías de bulos. Yo suelo catalogarlos en tres grupos: el bulo adorno, el bulo que surge por un error de interpretación o traducción y el bulo que se crea adrede.

El bulo adorno surge para que te fijes en un detalle concreto, para captar tu atención; es casi como el tráiler de una película, en la que se resumen las mejores escenas. El problema es que, siguiendo este símil, el espectador nunca accede a la película completa. Su información se resume a lo que ha visto en el tráiler.

El bulo que surge por un error de interpretación o de traducción, suele ser muy común. Aparece cuando un dato choca con nuestras inferencias personales y nuestra cognición social (es decir, la educación cultural y contextual que recibimos desde niños). Al no conseguir interpretarlo o traducirlo correctamente, creamos un bulo. Es el caso, por ejemplo, del famoso bulo de los esclavos construyendo pirámides.

Por último, tenemos el bulo que se crea adrede, bien con intenciones positivas, como enardecer la historia de una figura relevantes (ahí tenemos el caso de William Wallace), o con intenciones negativas, como convertir a Juana I de Castilla en una mujer desequilibrada cuando no era el caso. Todo esto, incluidos los bulos mencionados, son explicados con detalle en mi libro.

2. En nuestra anterior entrevista ya comentábamos la necesidad de transversalizar la perspectiva de género en la narración histórica… Tras el proceso de documentación para el libro, ¿cómo ha evolucionado esta idea? ¿sigues identificando esa desigualdad de género?

Por supuesto, la desigualdad de género sigue presente en el espacio propedético. La LOMLOE propone una educación inclusiva y que propicie la igualdad, pero lo cierto es que mientras no adaptemos los manuales y el estilo educativo a esa premisa, seguiremos estancados. A nivel divulgativo, también es extremadamente necesario que integremos esa dinámica para que el público conozca la realidad de las mujeres a lo largo de la historia, y no me refiero solo a las mujeres europeas. En mi libro hago especial hincapié en el caso del pueblo escita, por ejemplo, que ha sido terriblemente abandonado por el discurso historiográfico debido a que su paridad sexual resultaba chocante para muchos investigadores, e incluso les llevaba a deslegitimar el peso social de los pueblos nómadas en la historia de Eurasia.

3. ¿Y si aterrizamos los bulos históricos en los libros de texto de Educación Primaria y Secundaria? ¿Encontramos mitos en ellos?

Sobre Primaria me temo que no puedo hacer ningún comentario porque, como sabes, mi docencia se limita a la Secundaria y el Bachillerato. Pero, desde luego, en estos dos últimos casos, los bulos históricos rondan en casi todos los manuales educativos. Y aquí tenemos un doble problema: el primero es que resulta inviable alcanzar una enseñanza de calidad si obviamos una buena base. Por ejemplo, no podemos explicar la Revolución Francesa sin que el alumno haya entendido los bulos que se volcaron sobre María Antonieta. El segundo problema es que, una vez más, nuestro sistema educativo permite que un licenciado en cualquier carrera ajena a la Historia, imparta las materias de secundaria y bachillerato que son propias de las ciencias sociales. Y puede que sea un docente excelente (no lo pongo en duda) pero carecerá de las bases necesarias para explicar la historia con rigor e imparcialidad. Tenemos que comprender que el historiador no es solo un receptor del conocimiento historiográfico, sino un depurador de la información. Nuestro trabajo es separar la evidencia de la adición perceptiva para crear un discurso riguroso. Dicho en otras palabras: interpretamos los acontecimientos desde la comprensión de un contexto cultural, social, etnográfico, material, político... Y, para hacer todo esto, hace falta un extenso conocimiento académico y una metodología que muy difícilmente estará al alcance de alguien ajeno a las carreras de Historia, Geografía e Historia o Historia del Arte.

4. Como docente, tengo una teoría. Vaya por delante que no estoy especializada en Historia, por lo que igual lo que te estoy planteando no tiene sentido, pero me gustaría conocer tu opinión: ¿sería viable, incluso recomendado, contar la historia comenzando por los hechos presentes, para ir enlazándolo con los sucesos del pasado, por aquello de que lo más cercano en el tiempo al alumnado es más significativo?

¡Absolutamente! De hecho, esa es mi mecánica cuando inicio un nuevo trimestre. Siempre revisamos los datos que vamos a estudiar estableciendo paralelismos con situaciones actuales o cotidianas. Por un lado, porque creo que es imprescindible para captar la atención del discente. Y por otro porque quiero que empaticen con las realidades pretéritas, que piensen de manera crítica y aprendan del pasado para no repetir los mismos errores en el futuro. Por supuesto, eso no significa que apueste por una interpretación presentista de los hechos, sino que podemos establecer paralelismos con determinados contextos históricos que se repiten en la actualidad. Quien lea mi libro, se dará cuenta de que he trasladado esta dinámica de aprendizaje a cada capítulo.

5. Con respecto a tu libro, yo diría que es un manual divulgativo para todas las edades, desde un joven de 15 o 20 años hasta un adulto de 60. ¿Cómo conseguiste esa adaptabilidad narrativa? ¿Te ha supuesto algún problema de cara a la catalogación?

Con mucho esfuerzo (jajaja). Siempre tuve claro que quería escribir un libro que cualquiera pudiera disfrutar, desde un adolescente hasta un adulto, desde un estudiante hasta un aficionado. Por suerte, siempre he tenido facilidad para la transmisión y adaptación de la información a diferentes públicos, así que esa parte no fue especialmente compleja. Quizá lo más difícil fue agrupar un contenido tan dispar en un solo libro y enlazarlo de una manera atractiva que me permitiera generar un hilo conductor y atrapar al lector.

Con respecto a la catalogación del libro, sí es cierto que algunas librerías lo han situado en la sección infantil o juvenil por error cuando, en realidad, ya ves que se trata de un libro versátil diseñado para lectores de cualquier edad (aunque, personalmente, no lo recomendaría para menores de 12 años, a menos que vayan a practicar una lectura compartida con sus padres o abuelos).

6. ¿Qué esperas lograr con la publicación de este libro?

Suelo decir que los bulos son una condena sin apelación porque, una vez que se lanzan, es casi imposible detenerlos. Se ve muy claro en las redes sociales, ¿no? Basta que alguien diga "Fulanita es muy desagradable" para que tenga ese Sanbenito de por vida. Mi libro pretende ser esa apelación largamente esperada, el punto de inflexión y el abrazo para todos aquellos que protagonizaron y sufrieron a causa de los bulos. Con algo de suerte y, si llega a los suficientes hogares, quizá se convierta en un pequeño faro de conocimiento.

7. Y, ya para finalizar, y por abrir boca a tus futuros lectores: ¿cuál de los 15 bulos históricos que desmientes en tu libro es tu preferido?

¡Me resulta imposible responder a esa pregunta! (jajaja). Cada bulo histórico tiene su encanto porque me permite ahondar en diferentes contextos históricos y culturas. Sí que puedo decirte que algunos bulos me resultan especialmente emotivos; por ejemplo, el capítulo 12 sobre Juana I de Castilla, o el 15 en el que hablo de la auténtica María Antonieta. Ambas sufrieron ataques y vilipendios constantes y, aún a día de hoy, continúan cargando con etiquetas que les fueron impuestas injustamente. En cierta medida, necesitaba hacerles justicia para que el mundo comprendiera que fueron personas como nosotros, con sus aciertos y sus meteduras de pata.