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“Érase dos veces”, la colección de cuentos que replantea las narraciones tradicionales

Portadas de la colección
photo_camera Portadas de la colección

Los cuentos tradicionales forman parte de nuestro imaginario colectivo como sociedad. La realidad es que son una parte fundamental de nuestra cultura, aunque también es cierto que son unos potentes transmisores de estereotipos y prejuicios, y, por ello, el debate respecto a su uso está servido. A este respecto, existen proyectos cuya opción es reinventar estos cuentos de toda la vida, con el fin último de despertar el pensamiento crítico. Hoy hablamos con Belén Gaudes y Pablo Macías, de la editorial Cuatro Tuercas, y autores de la colección de libros Érase dos veces.

1.- ¿Cómo surge la idea de crear esta colección de libros?

Fue una decisión vital. Cuando comenzamos a leer cuentos a nuestra hija Violeta, nos chirriaron muchas cosas. Y más cuando veíamos las películas inspiradas en ellos. Casi sin darnos cuenta, le contábamos que la belleza es imprescindible en la vida, le decíamos que siempre tenía que esperar a que un hombre la rescatara, que debía ser sumisa y aceptar su destino. Le transmitíamos que no podía ser valiente, que el amor romántico la salvaría de cualquier desgracia y que debía llevar altos zapatos de tacón para gustar a los hombres. Le enseñábamos que a los niños se les abandona en el bosque, que debe obedecer siempre sin rechistar, que los lobos son malos y que debe temer a las brujas.

Y pensamos que tampoco eran adecuados para nuestro segundo hijo Nicolás… No queremos que crea que las chicas son débiles, que debe protegerlas, que la belleza es cualidad imprescindible y que debe asumir la violencia como algo cotidiano.

Decidimos contar otra historia. Porque creemos que conocer distintas versiones es clave para formar la propia opinión.

2.- ¿Han tenido buena acogida? ¿Cuál es el público objetivo que más se está interesando por ellos?

La verdad es que estamos sorprendidos de la acogida de los cuentos, sobre todo cuando no hay un músculo editorial potente detrás para realizar una gran promoción. Los cuentos han funcionado gracias al boca-oreja, gracias a los maravillosos distribuidores que saben dónde emplazarlos y a las pequeñas librerías de esas de oficio, que saben recomendar lo que cada lector necesita.

Ahora mismo estamos en España, Colombia, Perú, México, Argentina, Chile, Uruguay… un sueño hecho realidad.

Nuestro público son las niñas y los niños, no podemos olvidar que son los lectores. Por eso, es primordial que las historias que contamos les gusten, les atraigan, les entretengan. No podemos hacer lectores sin los lectores. A la vez este es un proyecto que pretende ser de mucha gente, dar respuesta a las inquietudes comunes de muchas madres y padres que quieren contar todo tipo de historias.

Volúmenes
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3.- ¿Qué uso educativo (dentro de la educación formal, más allá de la socialización familiar) creéis que se les puede dar a vuestros libros?

El objetivo de la colección es abrir debates, cuestionar lo establecido, contar nuevos modelos, de mujer, pero también de hombre. A veces nos hacen creer que lo de “toda la vida” necesariamente tiene que ser bueno. ¿Quién se atrevería a cuestionar los clásicos? A nosotras no nos gusta ese modelo de hombre que convoca un baile para elegir esposa entre todas las mujeres casaderas del reino Nos resulta preocupante, por ejemplo, que un cuento como La Sirenita nos haga creer que una mujer tiene que sacrificar su propia identidad por conseguir el amor de su vida. O que la Bestia maltrate a la Bella y se tiña de amor romántico. Y así un larguísimo etcétera. Sobre todo, si tenemos en cuenta las versiones que llegan a niñas y niños, y no solo en formato libro… es toda una maquinaria que no se perdona ni un estereotipo de género.

Como comentábamos, es necesario un cambio de paradigma que ha de iniciarse en la infancia. Revisitar los clásicos es imprescindible. No se trata de censurar su lectura sino de ser capaces de reconocer que están escritos en un contexto muy concreto, muy distinto al actual y que trasmiten valores caducos. Se trata de educar la mirada para reconocerlo y ser capaces de disfrutarlos. Y esto se puede hacer en casa y en el aula.

Si conseguimos que nuestros cuentos hagan pensar sobre los modelos de hombre y mujer… es un éxito. Y creemos que lo estamos logrando.

Como ejemplo del trabajo que se puede hacer con los cuentos, se han utilizado en talleres con adolescentes, en mujeres víctimas de la trata o de maltrato. Ayudan a reconocer ciertas trampas del modelo de amor romántico que todo lo puede.

4.- ¿Tenéis previsto continuar con el proyecto en el futuro de alguna manera?

Creemos que la colección con estos 12 títulos está bien armada. Ahora estamos de lleno en nuestra colección Ande yo valiente. Esta es una colección que da voz a las niñas y a los niños. Rompe moldes de todo tipo, no solo respecto a los estereotipos. Vivimos en un mundo absolutamente adultocéntrico, donde los peques son ciudadanos de son ciudadanos de segunda. Con esta colección, presentamos personajes como Marta, que no quiere dar besos obligados… algo esencial que las personas adultas no respetamos, con lo que no estamos enseñando a decidir sobre el propio cuerpo. O Benito, que solo quiere que le regalen un bebé y un carrito para jugar. O Armando, a quien dicen que llorar es de niñas. O Renata, a la que acusan de chivata por no seguir al grupo y defender a una niña a la que otros compañeros acosan. En fin, personajes valientes que nos enseñan valiosas lecciones a las adultas.

5.- Si os tuvierais que quedar cada uno con un título de la colección, ¿cuál elegiríais?

Belén: Para mí, sin duda, Érase dos veces la bella y la bestia. Quizá por lo arraigada que está la versión de Disney en nuestra cultura. Pero, tomando un poco de distancia, no deja de ser una historia donde una bestia secuestra, maltrata y humilla a una mujer. Y todo ello lo disfraza de amor romántico… nos cuentan que, si Bella quiere de verdad, debe quedarse junto a la bestia y lograr que cambie. Es perverso.

Pablo: Es muy complicado elegir uno entre doce. Es casi como pensar a cuál de tus hijos quieres más. Eso nunca tiene respuesta. A pesar de todo, y entrando en contradicción conmigo mismo, tengo un especial cariño a Pinocho. Quizá sea porque no soporto las mentiras. A través del clásico nos han transmitido una idea con la que no estoy de acuerdo. Los que suelen mentir de manera habitual son los adultos, mucho más que los niños y niñas. Además, muestra un viaje a la paternidad realmente precioso.