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El metodo por proyectos de kilpatrick

El aprendizaje memorístico tradicional cuenta con un gran número de alternativas. Entre ellas, el método por proyectos de Kilpatrick es una de las más interesantes. Fundamentado bajo una perspectiva constructivista, por la que el alumno es el encargado de construir su propio aprendizaje a partir de sus conocimientos previos, y comprendido dentro de un enfoque globalizador, esta metodología huye del concepto de las asignaturas estudiadas de forma aisladas para dar paso a una serie de materias, que parten todas del mismo tema, relacionándose las unas con las otras.

Los proyectos de Kilkpatrick se basan en la idea de que todo aprendizaje teórico necesita de la práctica para fundamentarse, y se orienta como una especie de proyecto de investigación, en el que los alumnos se convierten en investigadores. Se busca conseguir una mayor reflexión en el día a día del aula, para lo que será importante dejar de centrarse tanto en los resultados y hacerlo en los procesos. Igualmente, los alumnos se convierten en educadores y se potencia el aprendizaje entre iguales. Todo ello contextualizado en la realidad que rodea a los estudiantes: el aprendizaje tiene lugar a través de la observación, la experimentación y la reflexión.

Kilpatrick define el proyecto como un plan de trabajo libremente elegido con el objeto de realizar algo que nos interesa. Parte de una primera fase: el diagnóstico y la elección del tema. Para ello, será necesario contar con las ideas y los intereses de los alumnos, ya que si centramos el proceso de enseñanza- aprendizaje en algo que les resulte atractivo será mucho más sencillo atraer su atención y mantener su motivación.

Una vez elegido el tema, pasamos a la segunda fase: planificación. Durante esta fase es muy importante la labor del docente, que deberá ser consciente de la estructura lógica del conocimiento, su secuenciación y su interrelación. A partir de la temática elegida, y teniendo claro los objetivos a conseguir, se comenzará a programar actividades, recursos, espacios, tiempos. Una buena estrategia que nos ayuda en este proceso es responder a una serie de preguntas sobre el proyecto: qué (con lo que definimos su nombre y descripción), para qué (propósitos), por qué (justificación), cómo (metodología y actividades), con qué y con quién (recursos materiales y humanos) y cuándo (cronograma).

La tercera fase es la de conclusión, y será el momento en el que todo el trabajo realizado deberá plasmarse de alguna forma, como a través de un mural, de una redacción, de un documento audiovisual, etc.

El autor clasifica los proyectos en cuatro tipos principalmente. En primer lugar, el de creación, creatividad o producción (por ejemplo, una manualidad). En segundo lugar, el de apreciación, recreación o consumo (con el que los alumnos disfrutarán de una experiencia estética). En tercer lugar, el de solución de problemas (por ejemplo, analizar un teorema matemático). Y en último lugar, el de adquisición de un aprendizaje específico o adiestramiento.

El rol del docente en esta metodología se identifica más con un guía, que acompaña al alumno en su proceso de construcción del aprendizaje, que con un instructor. Para Kilkpatrick, los proyectos favorecen un ambiente de aprendizaje muy enriquecedor, donde las vivencias de los alumnos traspasan las paredes del centro educativo, de manera que, a través de la experimentación en la vida real, adquieren un aprendizaje significativo y totalmente contextualizado, que se integrará a la perfección en sus estructuras cognitivas.