Cultura

Día Internacional de la Lengua Materna

Este texto es un extracto del libro inédito “El Quijote de Valdeavellano”, de Carlos Álvarez González

En 1999 la UNESCO proclamó el 21 de febrero como Día Internacional de la Lengua Materna. Se trata, obviamente, de salvaguardar esa inmensa riqueza, variedad e inventiva que hemos desarrollado los humanos a la hora de comunicarnos.

          En esto Cerbantes –como en tantas cosas– fue un adelantado (sí, con b, como él lo escribía y como a él le hubiera gustado que lo escribiéramos). Cerbantes era muy consciente de esa riqueza idiomática y muy sensible a la necesidad de preservar tal diversidad. Así, aun escribiendo en la “lengua del imperio”, aun estando en una situación de absoluta preeminencia y privilegio con respecto a todas las otras lenguas, en ningún momento las desprecia, sino que muestra siempre gran respeto por todas y aboga por que cada cual use la suya sin ningún complejo.

          En la segunda parte de su Quijote, capítulo 16, en una conversación con don Diego de Miranda, en su biblioteca (momentos más tarde de regalarnos esta genialidad de la sabiduría: “letras sin virtud son perlas en el muladar”), nos lo dice de manera muy expresa:

      “…en resolución, todos los poetas antiguos escribieron en la lengua que mamaron en la leche, y no fueron a buscar las extranjeras para declarar la alteza de sus conceptos. Y, siendo esto así, razón sería se extendiese esta costumbre por todas las naciones, y que no se desestimase el poeta alemán porque escribe en su lengua, ni el castellano, ni aun el vizcaíno que escribe en la suya”.

          Este de los idiomas y las lenguas es un asunto muy recurrente en el Quijote, hasta el punto de que la palabra “lengua” aparece nada menos que en doscientas dieciséis ocasiones (ciento ocho en la primera parte y ciento ocho en la segunda, que ya es casualidad), en unas con el significado de idioma y en otras con el de órgano corporal (que al fin y al cabo, la palabra lengua viene de lengua), y en muchas de ellas, jugando con su polisemia.

          Jugar con las palabras. Esa era una de las grandes ocupaciones de Cerbantes, barroco él, para quien las palabras eran auténticos juguetes.

          Me voy a permitir, a título de juego también, hacer una recopilación apresurada de la cantidad de expresiones hechas, hechas con lengua, con que cuenta hoy la lengua castellana.

          Por un lado está, ya lo hemos dicho, su significado como lenguaje, como idioma, en el que nos encontramos lenguas vivas y muertas, lenguas francas, lenguas maternas o lenguas de signos, tenemos también que cuando la materia adopta forma de lengua podemos hablar de lengua de fuego, lengua de agua o lengua de tierra; y otras veces le damos con ella el nombre a una planta, lengua de gato, o a una enfermedad, lengua azul. Hay sílabas linguodentales y linguoparentales. Y también tenemos lengüetas, tanto en las zapatillas como en las flautas. La verdad es que la lengua es una maravilla.

          Pero es mucho más rico el uso de lengua como órgano, como músculo, ese apéndice carnoso que tenemos dentro de la boca, llenito de papilas gustativas y que nos sirve para dar forma sonora a las palabras.

          Cuando, en la tierna infancia, intentamos articular esas primeras palabas, todavía de manera un tanto chapucera, se dice que tenemos la lengua de trapo, que también puede ser lengua de estropajo. Supongo que por su consistencia fláccida y torpe movilidad, no porque sean elementos de limpieza. Aunque, si manchamos algo y somos reincidentes manchando nos pueden amenazar con que lo vamos a limpiar con la lengua. Lo cierto es que se puede pasar la lengua por muchos sitios, a eso se llama lamer o dar un lengüetazo. Que no tiene nada que ver con tener la lengua sucia, que eso es si dices palabras feas y cochinas.

          Luego, de más mayores, si somos agudos e incisivos o hirientes, nos pueden decir que tenemos la lengua viperina, o de serpiente, o de víbora, que todo es lo mismo. O que somos unos lenguaraces. Y si, al final, acabas enfadando a alguien por ser deslenguado, te podrán decir que frenes la lengua o que te ates la lengua o que te metas la lengua por donde te quepa o, concretando más, que te metas la lengua por el culo. Y siempre será mejor eso que que te corten la lengua.

          Si no guardas un secreto o eres poco discreto te dirán que te has ido de la lengua o que se te ha escapado la lengua. Y si hablan de ti, en especial si hablan mal, diremos que estás en lengua de todos. Si te critican se podrá decir aquello de: dicen las malas lenguas. Cosa que puede cabrearte, claro, y hacer que se te caliente la lengua (o que se te caliente la boca), y que vayas a por esas gentes murmuradoras y, con afán de gresca, les busques la lengua (o les busques la boca).

          Que seguramente la cosa se quedará ahí, pero si la otra persona te saca la lengua bien puede ser que vaya a más y se arme gresca. Y seguro que entonces alguien se va de la lengua y llama a la policía y acabáis en comisaría. Allí harán todo lo posible para tirarte de la lengua, o para soltarte la lengua, o para que aflojes la lengua…, vamos, para que hables y les cuentes lo que ha pasado, que la poli ya sabes cómo las gasta. Y tú, con los nervios, pues eso, que se te traba la lengua (cosa que no tiene nada que ver con los trabalenguas), que si Sr. Comisario, que no me acuerdo, bueno, el caso es que lo tengo en la punta de la lengua… Bien, al final todo se arregla pero, con la pérdida de tiempo se te ha hecho tarde, y no llegas a cenar, y echas a correr y acabas con la lengua fuera, tienes la lengua seca, o sea, que se te pega la lengua al paladar y, ya en el portal, antes de entrar, te encuentras con una parejita que se está dando la lengua y, cuando entras, pasas al lado de un grupo de vecinos que le están dando a la lengua (también podríamos decir dándole a la sinhueso).

          Por fin llegas a casa, le cuentas todo a tu pareja que, para calmarte, cariñosa, te abraza y te colma de besitos. Primero piquitos, luego ya besos con lengua y, claro, una cosa lleva a la otra y acaba metiéndote la lengua hasta el garganchón.

          Como decíamos antes, la lengua es una maravilla. Podemos decir que la lengua es la polla. Bueno, a veces incluso ejerce de tal, pero ahí ya nos tenemos que poner finos y hablar en Latín, porque se trataría de un cunnilingus.

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