Atauta vendimia en la joya de la Ribera del Duero bajo el veranillo de San Miguel
En el paraje de La Laguna, a los pies de la bonita localidad de Atauta, la joya de la Ribera del Duero, sobre el terreno franco arenoso de unos viñedos con más de 150 años de sabiduría, comienza un día de vendimia antes de que asome el sol del ‘veranillo’ de San Miguel. Lejos de grandes maquinarias y procesos mecanizados, toca faena en una nueva jornada de vendimia con un proceso manual, que sigue el legado de una tercera generación capitaneada por Óscar y Adolfo, de la Sociedad Agraria de Transformación (SAT) San Pablo.
Una empresa familiar que mantienen la cultura del vino en su localidad, siguiendo para ello un proceso ecológico, con abonos orgánicos como azufre en polvo que no se introduce en la planta, que ha incorporado algún avance con respecto a cómo vendimiaban sus abuelos, pero que mantienen la esencia de la vendimia en la zona más privilegiada de la Ribera soriana.
Y lo es, la joya de la corona, porque ve brotar su uva año a año en tierras prefiloxéricas, acogiendo en su tierra el conjunto más grande de viñedos centenarios y bicentenarios junto a las más de 140 bodegas subterráneas que serpentean ‘El Plantío’, un conjunto etnológico con construcciones del siglo XIX que obtuvo su más que merecida recompensa en 2017 con la declaración de Bien de Interés Cultural. Una tierra arenosa a veces, otras arcillosa, que traslada sus cualidades al vino, como también lo hace el clima soriano a sus cepas, con temperaturas muy calurosas por el día, con hasta 38 grados y bajada de 20 grados al amanecer, lo que hace mayor concentración de madurez en la uva, especialmente en septiembre. Una cualidad que la da esa distinción a la que le acompaña una altitud de 960 metros, de las más altas de la Ribera.
Una brotación muy temprana con altas temperaturas en marzo, cuando el suelo ya coge temperatura, hizo reactivarse a una planta que el 17 de abril dejó mermada una gran helada. Una helada normal para un mes de abril en Soria pero donde el clima menos habitual de meses anteriores se topó con la planta haciendo su trabajo y se llevó por delante muchas de las yemas que habían brotado.
Estas jornadas de finales de septiembre y principios de octubre, unos 110 días después de la floración, toca recoger la uva y hacer balance de lo que ya se sabía, una vendimia que va a dejar la mitad de kilos que en años anteriores, pero con una gran calidad de la uva, algo que prima en este caso. Óscar y Adolfo de SAT San Pablo, cuatro trabajadores de una empresa externa que llevan 25 años con ellos y otras tres personas recogen estos días la uva en la explotación de familiar. Una Sociedad que gestiona cerca de 30 hectáreas entre viñedo viejo y joven, en una localidad donde de las 90 hectáreas aproximadamente 60 son viñedos centenarios. Han llegado a ser hasta 18 vendimiadores.
La uva, toda negra, que sale en carretillas para terminar en las cajas que esperan sobre el remolque es más escasa, pero a su vez hace que prime más en su calidad. Todo se trabaja por microparcelas. En este caso tocaba faenar sobre la SAT 4, de 450 cepas donde se coge todo por parcela a nivel de recepción de bodega. Cada parcela va con su tablilla para la trazabilidad y en cajas de 12 a 14 kilos para así a la vez llevar un control de kilos por parcela una vez ya en bodega para realizar las mezclas. Un proceso que también utilizan ellos a más pequeña escala para la producción familiar.
Un año medio la producción suele rondar los 3.500 o 4.000 kilos por hectárea en una densidad de población de unas 3.500 cepas por hectárea. Este año es posible que se quede en la mita pero Atauta, y los galardones con lo certifican, seguirá primando su calidad. Todo el producto que sale de estos conjuntos centenarios se queda en casa, en la bodega Dominio de Atauta, mientras que la uva más 'nueva', esta ya recolectada con un proceso más mecanizado, va también para la bodega local Atalayas.