Sociedad

El abejaruco Carlos Arroyo y su idea con la que ha hecho historia y le retará en Australia a gigantes como Corea del Sur o China

Carlos Arroyo

Compitió durante 24 horas y se proclamó ganador de la primera edición del Steel Challenge España, consiguiendo así el billete con el que ahora vuela a Sidney para representar a su Región (Europa y África) ante países que llevan décadas participando. Firme defensor de la escuela rural, donde ha forjado su educación y sus inquietudes, ahora le toca que cuaje su idea de acero, fusión y ahorro

 

Mientras coge un avión con destino a Australia con la cabeza rebosante de horas de preparación combinadas con trabajo, con ambición pero con la reflexión de que el mayor logro ya está conseguido, piensa y se enorgullece de sus raíces. Especialmente de su formación que se inició con 3 años en un colegio rural, el de Abejar, y de una educación que comenzó a forjar sus inquietudes y de la que es sólido defensor. No ha sido ni será el único soriano en tener que dejar su tierra para volver cada vez que puede. Sí ha sido el primer soriano, también el primer español, en proclamarse ganador de la primera edición del programa Steel Challenge España para jóvenes talentos en la categoría empresas de la región Europa-África el pasado 26 de noviembre. 

Una competición que llegó por primera vez a España de la mano de UNESID (Unión de Empresas Siderúrgicas Españolas) y que le ha hecho, desde que se enteró, compartir sus esfuerzos laborales como ingeniero de Materiales en Roldán, del Grupo Acerinox, en Ponferrada (León) con la preparación de este reto que le ha llevado a una final mundial en la que se medirá, el 8 de abril en Sidney, a gigantes como Corea del Sur o China, que copan los galardones desde las primeras ediciones en sus regiones hace ya dos décadas.

Carlos Arroyo en su lugar de trabajo

Carlos Arroyo (19/05/1999), con madre de Cabrejas del Pinar y padre de Abejar, donde ha vivido hasta los 18 años antes de partir, tras pasar por el IES Politécnico, a Madrid a estudiar Ingeniería de Materiales, estuvo compitiendo durante 24 horas para ser el mejor en su región, en su caso Europa y África, en la categoría trabajador (también hay estudiante). Aunque era la primera vez en España, el Steel Challenge lleva 19 ediciones a nivel global guiada por Steel University, organización mundial dedicada a la difusión y educación del acero. 

La competición consiste en simular la fabricación de un tipo de acero en particular mediante un programa informático, que reproduce las condiciones de una planta industrial real, en cuanto a fusión y procesamiento del acero a partir de las materias primas. Una vez conseguidos los requisitos en los componentes químicos del acero, temperaturas, etc, el ganador se decide en base al menor coste. Cada año el tipo de acero a conseguir es diferente y sorpresa, como si de un examen se tratara. Durante la competición están permitidos prácticamente todos los intentos que se deseen hasta conseguir el mejor que pueda cada uno, dentro de las 24 horas que dura la competición.

CLASIFICACIÓN CADA DOS HORAS

Una curiosa jornada donde el simulador estaba abierto durante 24 horas para que participantes de todas las partes del mundo puedan competir durante sus horas de trabajo por las diferencias horarias. Pero en el caso de Carlos, como ocurrió en el de la mayoría de los participantes de más nivel, no le sobró ni un minuto de esas 24 horas. Unos participantes que podían seguir la clasificación de su Región actualizada cada dos horas con una excepción clave ya que la última actualización no se produce. Cualquier cambio o mejora en resultados que un participante tenga en esas últimas dos horas, no se sabrá hasta la publicación oficial de resultados, una semana después. Arroyo vio el último ranking tras 22 horas discurriendo, momento en el que era segundo en su Región (Europa y África). Pero todavía le quedaban dos horas en las que reconoce que no mejoró su resultado, por lo que aparcó su particular maratón con un segundo puesto, "en el mejor de los casos".

Carlos hizo su faena y volvió a su empresa con el orgullo de haber defendido esta primera edición. Mientras disfrutaba tranquilo del puente con su familia y amigos en Abejar, el 4 de diciembre se publicaron los resultados en página web de la Asociación Mundial de Acero 'World Steely y Carlos Arroyo estaba en el primer puesto que le daba el billete que ahora muestra en Barajas con destino a Sidney donde en unas horas afronta la competición Mundial. "La noticia de mi primer puesto cayó del cielo para mí, pese a la preparación previa y el buen nivel que me asumía, no esperaba ganar en la que fue mi primera, y también la de cualquier español, participación en esta competición", reconoce el soriano, que aspiraba "siendo positivo" a una segunda plaza. Un fallo no aclarado en el participante que iba primero cuando Carlos vio por última vez la clasificación le devolvió a lo más alto de la tabla. Siguió en el pueblo ajeno a todo, y esperó unas horas a que le felicitara la organización personalmente para empezar a creérselo. La gran repercursión mediática que vino después le acabó de convencer de su logro.

Ganadores primera fase

ALEGRÍA COMPARTIDA

"Es uno de los momentos más increíbles que he vivido, por como se vivió la competición y su preparación, y por lo que ha repercutido después. Los días posteriores al anuncio de mi victoria fueron para no olvidar. Más allá de las felicitaciones esperables cuando una noticia es mediática, en la que cualquiera puede dejarte un mensaje, recibí mensajes sinceros de alegría compartida, muchos de ellos inesperados y de personas que compartieron el logro como si fuera suyo", recuerda con orgullo y emoción.

En las horas dedicadas a la que fue la primera vez para Europa y África representada por Carlos, el soriano jamás pensó en la repercusión. "Me siento un afortunado de haberla podido aprovechar al máximo, profesionalmente por supuesto ha sido un plus enorme, viviendo experiencias que es difícil de tener siendo tan joven y con tan poco tiempo en la industria, así como las oportunidades que vendrán a partir de ahora", muestra cauto. Un orgullo que le brota para llevarle de nuevo a su arraigo, a sus pueblos, y a su gente, de donde ha recibido "las emociones más positivas" de esas personas cercanas que le han demostrado "por qué lo son" y han compartido con él cada momento desde el inicio, haces varios meses ya, y que estos días estarán pendientes a unas cuantas horas de distancia.

Su familia y sus amigos, su cable a tierra. Su empresa, su gran respaldo. Tanto es así que para esta fase final cuenta con un equipo con dos compañeros con los que ha trabajado a nivel técnico la competición. Horas de trabajo codo con codo e ideas para tratar de predecir el comportamiento del simulador, intentando entender al máximo los cálculos y fórmulas que tiene en cuenta para poder producirlas y optimizar luego sus propios resultados. "La evolución ha sido muy positiva. Puedo decir que estamos a un nivel que ni imaginaba hace unos meses, y vamos a la final con un nivel muy competitivo, aunque estará lejos del que presentarán los asiáticos", reconoce Carlos, consciente de a lo que se enfrenta.

En unas horas aterrizará en Sidney donde competiría contra los campeones de las otras cuatro regiones (Américas, Medio-Este, Asia del Sur/Oceanía y Asia Norte) a las 9.00 horas de la mañana hora local, 1 de la madrugada hora española. En esta ocasión serán dos las horas de competición. Una fase final en la que estarán diez personas (cinco en cada categoría, estudiante y trabajadores de la industria). En la categoría de trabajadores, donde compite el abejaruco, los otros cuatro ganadores de sus Regiones provienen de Brasil, Emiratos Árabes, Corea del Sur y China. Arroyo reconoce que Corea del Sur y China son "claramente" los inmensos favoritos, ya que han sido campeones prácticamente de todas las ediciones desde la primera, en 2006.

Participantes

SUS RAÍCES, SU ORGULLO

En Australia defenderá por primera vez en este Steel Challenge a Europa y África, como defiende con perseverancia y franqueza sus raíces. "Viví en Abejar desde que nací, y allí estudié hasta el instituto, en un colegio que no superó en ninguno de los años en los que estuve la docena de niños. Esa situación formó en gran parte la educación que tengo hoy, pues los profesores pudieron enseñarnos de manera particular, estimulando en mi caso la curiosidad por aprender y el trabajo", reflexiona Carlos en su rotunda defensa por los colegios rurales.

"Ojalá más gente pueda vivir esa experiencia, y los padres puedan permitirse el esfuerzo de escolarizar a sus hijos en pueblos como Abejar, Cabrejas del Pinar, Molinos de Duero o tantos otros pueblos de Soria y de otras provincias despobladas. Nunca se sabe, quizá un día tengan un campeón del acero", bromea. No se sabe si se sabrá en el medio rural de Corea del Sur o de China, pero Abejar y Cabrejas del Pinar lo descubrirá en unos días.

También se siente algo madrileño, donde estudió Ingeniería de Materiales. "Allí viví seis años y, pese a lo que muchas veces pensamos los sorianos, Madrid fue una experiencia inigualable y me dio oportunidades únicas". Tras su paso por la capital el pasado año se mudó a Ponferrada para trabajar en Roldán, la fábrica de producto largo de acero inoxidable del grupo Acerinox S.A. "También aquí me siento afortunado, muchos jóvenes de mi generación tienen problemas en encontrar un trabajo estable o bien remunerado. Desde que llegué estoy creciendo y aplicando muchas de las cosas que estudié, siempre aprendiendo continuamente y tratando de mejorar", repasa el abejaruco, de nuevo con los pies en la tierra. En la actualidad está inmerso en la competición, conciliando con el trabajo y con un máster en dirección y gestión de proyectos. Siempre con huecos para volver a Pinares.

Carlos Arroyo (dcha) barrosero junto a Jorge Gómez en 2018

"Tenemos que estar orgullosos de donde somos, no por el hecho de serlo, si no porque tenemos razones de peso: muchos valores y educación que no se pueden aprender en otros sitios. Allá donde voy siempre digo que soy de Soria, de Abejar, pueblo de mi padre, y de Cabrejas del Pinar, pueblo de mi madre. Podré cambiar de casa pero sé cual es mi hogar", dice Carlos antes de cruzarse medio mundo con su tierra en el corazón y una cabeza llena de ideas, buenas, que le transportan en un avión a mirar sin miedo a sus gigantes rivales asiáticos y a representar, nada menos, que a Europa y África con ambición pero con la serenidad y la garantía del trabajo bien hecho.