2025, un año de pájaros en Soria (99): Aguiluchos pálidos: patrullando sin descanso por nuestros campos
Sección escrita por Juan Luis Hernández, de SEO Soria
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En esta sección ya hemos dedicado sendos artículos al aguilucho cenizo y al aguilucho lagunero. Sería de todo punto injusto no dedicar otro al aguilucho protagonista de nuestros paseos invernales por las campiñas y planicies sorianas: el aguilucho pálido (Circus cyaneus). Este es una copia casi exacta al aguilucho cenizo, pero para ventaja del observador, cuando uno desaparece el otro llega y viceversa.
El aguilucho pálido ha dejado prácticamente de criar en Soria- lo hace sin embargo en buen número en otras zonas de la meseta- y ya solo se presenta en otoño e invierno. Desde mediados de septiembre, un buen número de pálidos empieza a llegar desde el centro de Europa a la península. En áreas favorables permanecerán todo el invierno y, a partir de mediados de marzo volverán a dirigirse hacia sus zonas de cría europea justo cuando llegan los aguiluchos cenizos desde África.
Así que es fácil. Si vemos un aguilucho ahora por Soria es un aguilucho pálido y si lo vemos en primavera-verano será un cenizo. La mayor parte de los pálidos que vemos proceden de Francia y Alemania. Como he dicho al principio, ambas especies son muy parecidas, tanto, que las hembras son bastante difíciles de separar en el campo, no así los machos que presentan diferencias perceptibles.
El aguilucho pálido tiene una envergadura de unos cien centímetros, alas largas y estrechas y cola larga. El macho hace honor a su nombre y visto de lejos destaca por las partes pálidas-grisáceas por buena parte de su cuerpo salvo las puntas de las alas negras que destacan mucho. La hembra, sin embargo, y también los jóvenes, presentan un plumaje marrón, con barrado difuso en el pecho y debajo de las alas, destacando el obispillo blanco, rasgo casi único entre el resto de rapaces.
El vuelo de los aguiluchos es muy característico, grácil y elegante, a baja altura, con las alas en forma de “V”. Crían en zonas de matorral y extensos campos de cultivo y, en la invernada, repiten estos ambientes por lo que tendremos que buscarlo en las grandes zonas abiertas que ocupan nuestra provincia rehuyendo de los bosques densos. Las mejores zonas para observarlos son las grandes planicies, como el campo de Gómara, las tierras de Almazán, los llanos de Buitrago y de Almajano y, en general, todas las zonas en las que hay esa mezcla de campos, baldíos y matorrales bajos.
Duerme en el suelo y, si la zona tiene un número apreciable de ejemplares, suelen formarse dormideros comunales que, al menos aquí, se establecen siempre entre la vegetación palustre de lagunas y arroyos. La laguna del Cubillo, la laguna Guarrera de Tardajos o la dehesa de Fuencantos acogen o han acogido algunos de estos dormideros.
Su dieta es muy variable, pero ahora en invierno predomina la captura de micromamíferos como los topillos, ratones y ratas. Además, también captura aves, desde pequeños paseriformes hasta aves del tamaño de las perdices, a las que captura siempre sorprendiéndolas en sus vuelos bajos. Es difícil saber cuál es su población, pues siempre ha sido una especie escasa y solitaria. En los años 90 del pasado siglo aparecen nuestros campos como uno de los puntos más importantes en su distribución invernal pero no parece que esto sea así ahora, donde su presencia se está tornando cada vez más escasa, algo lógico si pensamos que en Europa está en recesión.