2025, un año de pájaros en Soria (84). Buscarlas, discreción absoluta
Sección escrita por Juan Luis Hernández, de SEO Soria
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En este repaso a todas las aves que viven en el solar soriano ya llevamos unas cuantas en las que no se ha podido destacar mucho de su plumaje, por ser este de tonalidades marrones, pardas o similares. Pues bien, hoy nos toca un género de aves que se llevan la palma, dado que conjugan esa coloración en su plumaje a lo que suman su discreción y retraimiento máximos. Nos referimos a las buscarlas y a sus dos representantes en la península ibérica: la buscarla pintoja (Locustella naevia) y la buscarla unicolor (Locustella luscinioides).
La más frecuente en Soria es la primera, llamada “buscar la Pantoja” en un alarde de originalidad y humor de algunos pajareros sorianos. Y es que, en otro alarde de ingenio pajaril, buscar la buscarla ha sido siempre una tarea bastante compleja. La buscarla pintoja es un ave de tamaño pequeño, de apenas 13-14 centímetros, y su plumaje no es tan uniforme como otras especies similares de coloración parda como el cetia ruiseñor, el carricero común o el propio ruiseñor común, ya que presenta el dorso de color pardo oliváceo y muy moteado oscuro, mientras que las zonas ventrales son más bien pálidas o con toques amarillentos, con los flancos rayados. La cola es larga y presenta en su parte inferior más pintas que le dan su nombre.
El problema para identificarla no es tanto, como vemos, su plumaje, sino lo retraído de su comportamiento y de las espesuras en las que habita. Porque se trata de una especie propia de los grandes herbazales y pastizales. Otra cosa es en la primavera, cuando canta, porque pocos cantos tan característicos como el de esta especie y la unicolor, al semejar su canto más a un insecto tipo saltamontes que a un ave propiamente dicha.
Lo que ocurre es que no existe ninguna población nidificante de buscarla en Soria. Solo habita en España en los herbazales y matorrales cercanos a las costas del Cantábrico, en especial en Asturias y el País Vasco. Esos ejemplares, más, sobre todo, los de la población europea son los que nos atraviesan en estos momentos camino del África tropical. Su paso es bastante extenso en el tiempo y desde finales de julio hasta finales de septiembre puede detectarse y, con más ímpetu, los primeros días de septiembre.
Y, sin ser raro, el problema, volvemos a insistir, es su dificultad de detección ahora que migra silenciosa o, como mucho, emitiendo un reclamo que recuerda a muchas otras especies. Deberemos buscarla, y aparecerá en casi cualquier herbazal húmedo que encontremos al lado de arroyos y ríos, cuanto más espeso mejor. Allí se desenvuelve como pez en el agua y como si fuera un ratón trepa por tallos y ramas buscando los insectos de los que se alimenta. La dehesa de Fuentecantos, la cala del río Bajero en Abejar, las orillas del Milanos entre la Cuenca y San Miguel de Parapescuez… hay muchos lugares en Soria en los que aparece la buscarla pintoja.
Otra cosa distinta será la unicolor. En España se distribuye solo en puntos del centro, sur y levante y, al contrario que la pintoja, ocupa vegetación palustre como hacen los carriceros. Hasta hace pocos años apenas si se tenían observaciones de esta especie en Soria, pero en los últimos años aparece de modo regular en las campañas de anillamiento que se llevan a cabo en la dehesa de Fuentecantos, por lo que puede ser una especie más común de lo que se creía y que solo la dificultad en su observación e identificación correcta hace que pase más desapercibida. ¿Buscamos las buscarlas?
Nota: Las fotos de ejemplares en mano son de individuos anillados en varias jornadas de anillamiento científico realizadas en la dehesa de Fuentecantos. Una vez anillados, los ejemplares fueron liberados.