Naturaleza

2025, un año de pájaros en Soria (55). De mirlos y familia

Dos zorzales comunes. Foto Daniel Ramírez Artiaga
De manera sorprendente, todas las especies de zorzales se pueden cazar sin ningún tipo de impedimento ni límite

Sección escrita por Juan Luis Hernández, de SEO Soria
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Pocas personas serán las que no conozcan la figura del macho del mirlo común (Turdus merula): negro, cola larga, pico y ojos amarillos. Las hembras y jóvenes comparten aspecto físico con el macho, pero no colorido, pues son mucho más apagados. En las últimas décadas, el mirlo ha ampliado su distribución, saliendo de los bosques para adaptarse a los entornos urbanos donde puebla parques y jardines, a veces, de tamaño mínimo.

La ciudad de Soria es un caso típico. Hace 30 años se veía algún mirlo sólo en el parque de la Dehesa y alrededores. Hoy cría casi en cualquier jardincillo. Y aunque se supone que es una especie residente, pocos mirlos se ven en invierno por la ciudad. La ribera del Duero es otra cosa porque ahí encuentran insectos y frutos que componen buena parte de su dieta. Su fuerte pico le sirve para alimentarse de muchos insectos, pero también lombrices, caracoles y, como decía, en estas fechas ahora muchas bayas y frutillos.

Mirlo macho. Foto Daniel Ramírez Artiaga

Esa es una característica de todos los componentes del género Turdus. Otras cinco especies se podrían encontrar en estos momentos en nuestras masas forestales, pues sus componentes son especies ligadas a los bosques. El mirlo capiblanco (Turdus torquatus) es el más escaso de esos cinco. Apenas unos pocos ejemplares se encuentran invernando en las zonas más escabrosas de la Sierra de Cabrejas, entre enebros y sabinas, venidos de las montañas del norte pues no crían por aquí.

Los otros cuatro, sin embargo, son muy comunes en nuestros bosques. Son los zorzales, llamados malvices o tordos en otras zonas de España (no hay que confundirlos con los estorninos, los “tordos” sorianos).

Zorzal alirrojo. Foto Daniel Ramírez Artiaga

En otoño, miles de zorzales alirrojos (Turdus iliacus) y, en mucha menor medida, zorzales reales (Turdus pilaris), llegan a la Península. Las grandes regiones olivareras peninsulares suelen ser su destino porque la aceituna es un alimento abundante y fácil en estas fechas. En Soria no hay casi olivos, pero tenemos bastantes acebos en las sierras del norte y sabinares en el centro y occidente. En años buenos, miles y miles de alirrojos pueblan esos hábitats alimentando de las bayas de acebos y sabinas y ayudan a esas especies porque la ingesta del fruto no supone la descomposición de las semillas, sino que éstas aparecen intactas - y listas para poder germinar si caen en un lugar adecuado-, en los excrementos de las aves. Este año no es uno de ellos y hay muy pocos zorzales.

Esas dos especies invernantes se mezclan con las dos especies que sí que crían aquí y se pueden ver durante todo el año: el zorzal común (Turdus philomelos) y el zorzal charlo (Turdus viscivorus). Los zorzales son aves de plumaje variable, pardo o gris en el dorso y moteado en el pecho. No es fácil distinguir a primera vista un común y un charlo en foto, aunque en el campo este último se distingue bien por ser más grande, dorso gris y presencia en medios abiertos como campos o pastizales próximos siempre, eso sí, a bosques.

Zorzal charlo. Foto Daniel Ramírez Artiaga

Y si algo caracteriza a la totalidad de este género es su voz, sus melodiosas voces. El canto del mirlo común es muy conocido por su vecindad, pero los conciertos que pueden protagonizar el charlo o el común son maravillosos, en particular el del zorzal común, con una fuerza y variedad increíble. De manera sorprendente, todas las especies de zorzales se pueden cazar sin ningún tipo de impedimento ni límite, causando verdaderas masacres de alirrojos, sobre todo. Espero que, en pocos años, la administración prohíba definitivamente su caza ante la evidencia objetiva del descenso acusado de sus poblaciones.