2025, un año de pájaros en Soria (54). Mirlo acuático: cada vez más escaso en nuestros ríos
Sección escrita por Juan Luis Hernández, de SEO Soria
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La especialización que muestran algunas especies de aves las hace más sensibles a los posibles cambios en su hábitat, lo cual es peligroso para ellas si esos hábitats son muy escasos. Y por desgracia eso es lo que está pasando en muchos de nuestros ríos, acechados por vertidos contaminantes de todo tipo. Podría parecer que la calidad ha mejorado con respecto a hace 30 años, al entrar en funcionamiento muchas depuradoras, pero esto no es suficiente por ejemplo para nuestro protagonista de hoy: el mirlo acuático europeo ('Cinclus cinclus'), necesitado de ríos de aguas limpias, con pozas de pequeña profundidad donde pueden vivir los macroinvertebrados de los que se alimenta, a los que captura buceando con gran agilidad moviendo piedras, troncos y algas.
Esos invertebrados son larvas de efímeras, moscas de la piedra o frigáneas con casa, ¡las gusarapas, con las que se cebaban muchas cañas sorianas hace décadas! Todos esos animales, indicadores de aguas limpias, desaparecen en cuanto hay episodios, puntuales o continuos, de contaminación. Muy sangrantes son los casos del río Linares, en San Pedro Manrique o el río Val, en Ágreda, ambos con depuradoras, paraísos antaño de los mirlos acuáticos y que ahora se han rarificado en extremo en el primer caso y desaparecido en su totalidad en el segundo.
Es evidente, por lo tanto, que su situación en Soria no es nada boyante y solo aparece ya en las cabeceras del Duero, entre Duruelo y Molinos de Duero y aguas abajo de la Cuerda del Pozo hasta Garray, el Razón hasta Espejo de Tera, el mismo Tera hasta Almarza, el Cidacos y su afluente el Baos, en todo su recorrido y en el Arganza, entre Navaleno y Arganza. En el Jalón, entre Lodares y Somaén también criaba, aunque ahora ya casi no se ve. También en el Caracena desde Caracena hasta Fresno, crio en tiempos, así como en el Ucero, en su nacimiento.
No lo hemos descrito pero pocas presentaciones hacen falta viendo sus fotos. De aspecto rechoncho, de coloración oscura, negra, desde lejos, chocolate con una visión más cercana, destaca su gran babero blanco que se extiende sobre el pecho. De comportamiento sumamente tímido, echará a volar en cuanto note nuestra presencia, siempre a gran velocidad y a ras de agua.
Ahora es un buen momento para verlo porque empieza a marcar con su canto el territorio que va a ocupar. Son residentes, a salvo de grandes crecidas o lo contrario, grandes estiajes. Encima de una piedra o de un tronco lo veremos desgranar un canto con muchos gorjeos roncos. En marzo ya ambos miembros de la pareja empezarán la construcción de un nido muy característico, globoso, hecho con musgo, que se sitúa a cubierto debajo de estructuras diversas, naturales como piedras o cascadas, pero también artificiales como canales o puentes. La foto es de un nido situado en Molinos de Duero ocupado en la primavera pasada.
Allí, la hembra pondrá de 4 a 6 huevos en una primera puesta pues, si todo va bien, harán una segunda puesta. Esos jóvenes se dispersan y son los que hacen que se puedan observar mirlos acuáticos en puntos donde no crían y que, si los ríos adecuados se recuperan de los fenómenos contaminantes que sufrían, puedan recuperar con cierta facilidad.