Naturaleza

2025, un año de pájaros en Soria (101): Agachadizas: parecidas pero no iguales

Agachadiza común. Foto Jesús Ruiz Rodrigo
Dos preciosas especies, similares pero distinguibles por el tamaño y por algunas características de comportamiento
Agachadiza chica. Foto Jesús Ruiz Rodrigo

Sección escrita por Juan Luis Hernández, de SEO Soria
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Justo hace un año dedicábamos esta sección a la chocha perdiz o becada, una limícola muy conocida e invernante es nuestros bosques. Menos conocidas son otros dos miembros de su familia, muy parecidas físicamente, hasta el punto de que se conocen en muchos puntos con el nombre de becacinas, al ser más pequeñas que la chocha. Estamos hablando de las agachadizas, en concreto de la agachadiza común (Gallinago gallinago) y de la agachadiza chica (Lymnocryptes minimus).

Ambas especies presentan plumajes y aspecto físico muy similares, tanto que solo una observación muy cercana y buena o el conocer cuestiones del comportamiento de ambas puede diferenciarlas. Como se ve en las fotografías, ambas presentan plumaje marrón listado y pico largo, aunque es más corto en la agachadiza chica. Esta también es más pequeña pues la longitud de la común es de 26 centímetros por 18 de la chica.

Pero hay varios trucos que nos ayudan mucho a diferenciarlas. En general, siempre vamos a ver a las dos especies en los mismos hábitats húmedos, en las orillas de juncales, praderas anegadas y ambientes similares de lagunas y dehesas. Valiéndose de su mimetismo, tendremos que estar muy cerca de los ejemplares para que echen a volar. Cuando esto sucede, la agachadiza común siempre -o casi siempre- emite un reclamo característico, un “chac” que luego va a repetir en su vuelo, que será largo pues evita volver a posarse en las cercanías de donde la hemos levantado.

Agachadiza chica. Foto Jesús Ruiz Rodrigo

Sin embargo, la agachadiza chica casi, casi habrá que pisarla para que salga y una vez que emprende el vuelo no emite ninguna voz y se vuelve a posar en las inmediaciones, a veces, sorprendentemente cerca. Y otro factor importante para diferenciarlas. En un porcentaje altísimo, lo que nos va a salir es una agachadiza común pues su población es mucho más numerosa que la de la chica. Tal es así, que de esta especie apenas se tenía información y se consideraba casi, casi una especie rara, que solo aparecía en los pasos migratorios desde sus zonas de cría muy al norte de Europa. En los últimos años, no obstante, se han multiplicado sus observaciones no solamente aquí en Soria sino también en otras partes de España, pero esto casi con total seguridad tiene que ver con el aumento del número de observadores de aves pues su población no es muy numerosa y no parece que vaya en aumento.

Si bien la agachadiza chica se puede observar mínimamente en Soria y más en los pasos migratorios, no ocurre lo mismo con la agachadiza común. Los primeros ejemplares suelen observarse en agosto, siendo más frecuente en septiembre y octubre. Pero ahora, en pleno invierno, pueden verse en puntos adecuados individuos que intentan pasar lo más discretamente posible su estancia. Solamente en inviernos muy duros y con grandes nevadas -tipo Filomena- se desplazarán a puntos más sureños donde los humedales en los que buscan los invertebrados que componen su dieta, no se hayan congelado.

Las praderas inundadas son su hábitat predilecto y en eso destacan algunas dehesas con pastizales inundados como las de Miranda de Duero, Quintana Redonda, Hinojosa de la Sierra o Aylloncillo, graveras como las de Fuentecantos o Tardajos de Duero, lagunas como la del Guarrero en Tardajos de Duero u orillas de ríos como el Duero en Langosto. Una pena que aves tan hermosas, discretas y que sufren con nosotros los rigores invernales permanezcan todavía en el catálogo de aves cinegéticas de Castilla y León. Es decir que hoy domingo, cuando estén leyendo esto, es posible que alguna agachadiza vea cortado su rápido y fugaz vuelo de la manera más absurda imaginable.

Agachadiza común. Foto Jesús Ruiz Rodrigo