2024, un año de pájaros en Soria (7): Grullas para arriba
Sección escrita por Juan Luis Hernández, de SEO Soria
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“Grullas arriba,
el pastor buena vida;
grullas abajo,
el pastor mucho trabajo”.
Este dicho, recogido de forma muy similar en varios pueblos de Soria, recoge muy bien el sentir de nuestras generaciones pasadas ante lo que es, en la actualidad, uno de los espectáculos más maravillosos que se pueden ver en los cielos provinciales.
Lejos de cualquier pulsión espiritual, la visión de las grullas bajando desde el centro europeo a pasar el invierno a las dehesas extremeñas era el sinónimo de la llegada del temido invierno. Y lo contrario la vuelta, en pleno invierno todavía, el vuelo de esas mismas grullas hacia el norte era motivo de alegría ante la esperanza de la llegada de la primavera.
Es en estos días cuando esos bandos, esos cordones de grullas en uve, surcan los cielos sorianos. Miles de grullas vuelven camino de sus zonas de cría en Europa y atraviesan la provincia de oeste a este. Muchas no se detienen y tenemos que contentarnos con verlas -y oírlas- mientras cruzan raudas por encima de cualquier punto de la provincia.
No obstante, algunos bandos a los que la tarde les pilla en plena migración, se detienen a pasar la noche. Siempre van a seleccionar zonas húmedas pues, para dormir, necesitan tener siempre las patas en el agua. Cosas curiosas de las grullas.
Las pocas lagunas que sobrevivieron al proceso desecador del siglo pasado pueden ofrecer la estampa de cientos de grullas descansando para seguir su viaje. Quizás la principal zona en esta parada y fonda de las grullas en Soria sean las lagunillas del Campo de Gómara.
La laguna del Cubillo en Cubo de Hogueras, la Laguna del Guarrero en Tardajos y la Laguna Herrera conforman el núcleo central dado que, además del agua, tienen a su alrededor extensos campos de cereal donde las zancudas también pueden encontrar alimento.
Otras zonas donde se pueden observar son las lagunas del entorno de Barahona, la laguna de Conquezuela, las lagunas de la dehesa del Rabanera del Campo, el embalse de la Cuerda del Pozo, el complejo lagunar de Noviercas o el embalse de Monteagudo.
El aumento de la población europea de grullas -hasta 250.000 pasan el invierno en la Península- hace que sus observaciones sean mayores ahora que en décadas pasadas. Pero no hay que perder el tiempo pues, si bien la migración otoñal se ha demorado mucho y podemos ver grullas migrando desde octubre hasta diciembre, ahora siguen manteniendo la fidelidad -y la rapidez- en su viaje. A comienzos de marzo, prácticamente todas habrán salido ya de la Península y nos dejarán esperando a que podamos verlas, de nuevo, para abajo.