Naturaleza

2024, un año de pájaros en Soria (48): El petirrojo, un habitante simpático y confiado de nuestros bosques

Petirrojo 1. Foto Jesús Ruiz Rodrigo
Una de las especies residentes, abundantes y que gozan de buen estado de salud en la provincia

Sección escrita por Juan Luis Hernández, de SEO Soria
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Pocas especies hay entre las que componen nuestra avifauna que, dentro de su pequeño tamaño, despierte más simpatías. En ello influye su comportamiento osado, atrevido, muy confiado ante la presencia humana que hace que, en muchos parques y jardines de pueblos y ciudades, se muestre sin mayor problema. Sus grandes ojos enmarcados en la gran mancha naranja que cubre cara, cuello y pecho hacen el resto. Hablamos, por supuesto, del petirrojo.

Petirrojo es como lo conocemos ahora, pero reivindiquemos, una vez más, la riqueza del “soriano” en cuanto al vocabulario que designa a las aves: chinchín de pecho colorado, colmenero, coloradillo, colorín, nevador, neverillo, neverito, nevero, paparroyo, pechente, pechugo, pichente, pimientonera, pimientonero, pitirrojo o zarcero son algunos de los nombres utilizados para nombrar a nuestro inquieto protagonista de hoy.

El color de su pecho, ese rojo que no es tal rojo sino naranja, le ha valido muchas denominaciones. Pero también el que, en zonas bajas de la provincia, se dejaba ver mucho con los primeros fríos y nieves del año, gracias a ejemplares movidos de sus territorios de cría. El petirrojo es una especie residente, muy común en Soria, con miles de parejas que pueden criar en buena parte de los montes frescos de toda la provincia y penetrando en las zonas más secas a lo largo de los bosques de ribera.

Muchas veces nos hemos quejado en esta sección de lo mal que le va a la especie en concreto de la que hablamos. No es este el caso. El petirrojo goza de buena salud porque se nota el aumento de la superficie forestal de la provincia, ante el abandono del pastoreo en muchas comarcas. No necesita un bosque alto, y es en esas primeras fases de bosque con matorral las que ocupa, alimentándose de todo tipo de insectos como hormigas y escarabajos a los que captura en el suelo, pudiéndolo ver en esta tesitura con frecuencia.

Petirrojo 2. Foto Jesús Ruiz Rodrigo

En invierno incorpora a su dieta algunos frutos y semillas, aunque sigue con su dieta insectívora. Es por ello por lo que muchos miles de petirrojos hacen movimientos altitudinales desde las montañas hasta zonas más bajas, y también desde otros países europeos llegan a la Península. Todavía en estas fechas un paseo por el Duero o por otros montes permiten ver bastantes petirrojos. En enero o comienzos de febrero, un paseo en las mismas zonas no daría tantas observaciones.

Pero ya en los primeros días primaverales veremos de nuevo al petirrojo cantando animosamente en su territorio, que defenderá con fuerza ante posibles intrusos. Su delicado y agradable canto es uno de los más habituales en los bosques de Soria. Macho y hembra son iguales. Solo los jovenzuelos al poco de salir del nido son distinguibles, al no poseer todavía el naranja característico sino un moteado que irá mutando rápidamente hacia el plumaje de adulto. Estos pasados días de noviembre han sido tan buenos que muchos petirrojos se han animado a cantar. Si no, un “tec-tec” característico los delatará.