Naturaleza

2024, un año de pájaros en Soria (30): Avutardas, de vacaciones por la meseta soriana

Avutardas. Foto Daniel Fernández Alonso

Sección escrita por Juan Luis Hernández, de SEO Soria
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Carmelo Romero, nuestro mejor historiador, acaba de plasmar en un libro, altamente recomendable, lo que fue el fin de una época, “El fin de un mundo”. Ese mundo rural, agrícola y ganadero que desapareció, conllevó también la desaparición del gigante de las estepas cerealistas: la avutarda ('Otis tarda'), llamada en buena parte de la provincia, avetarda.

Para el que no la conozca, estamos hablando del ave más pesada del mundo que puede volar. De la familia de los avestruces, algunos machos de avutarda pueden llegar a alcanzar pesos de 15 y 16 kilos. Metro de altura, dos metros y medio de envergadura alar, plumaje marrón y blanco, su visión en las campiñas cerealistas siempre impresiona.

Por desgracia, la población reproductora soriana, antaño relativamente común, fue languideciendo hasta desaparecer por completo en algún punto inconcreto de los años 70 del pasado siglo. Sin embargo, la propia biología de esta especie hace que todavía podamos disfrutar con su presencia. Esta es una especie poligámica. Los machos se reúnen a realizar un espectacular cortejo en donde las hembras -de apenas 4/5 kilos- elegirán, como si fuera una pasarela de moda, quién será el padre de sus futuros polluelos.

En esas exhibiciones hay machos muy afortunados y, algunos, menos diestros, más jóvenes por lo general, tendrán que esperar años venideros. Las hembras fecundadas se retiran a incubar sus huevos y los machos se desentienden del todo de la incubación y posterior crianza de esas, sus, futuras crías. Hasta tal punto desertan que, muchos de esos machos, abandonan las zonas de cría y se mueven a zonas más frescas donde pasar la temporada de verano.

Esos machos, procedentes sobre todo de la población madrileña de avutardas, son los que, desde mediados de mayo, empiezan a llegar a determinadas zonas de la provincia. En torno a 200/250 machos están en estos momentos en las planicies de Barahona, sur de Almazán, zonas del Campo de Gómara, Campillo de Buitrago o Noviercas.

Durante la mañana aprovechan para forrajear y buscar grandes insectos que componen su dieta en estos momentos y, con el tremendo calor que cae a plomo en esas llanuras desarboladas, se refugian como pueden en los cultivos de girasol, que les vienen de maravilla para aguantar mejor. Los pequeños grupos que podemos ver ahora, en torno a 10 o 15 avutardas, según llega septiembre van juntándose en formaciones mayores y, tan discretamente como han llegado, se marcharán, aunque gracias a los estudios que se han hecho con emisores “gps” que se han colocado a algunos ejemplares, sabemos que no vuelven a sus zonas de cría madrileña, sino que se marchan a determinadas áreas de Toledo y Cuenca.

Para una especie que se creía, hasta hace poco, estrictamente sedentaria, no está nada mal. Disfrutemos de estos gigantes en nuestra estepa que solo tienen como enemigos las líneas eléctricas y los parques eólicos del área de Medinaceli y Almazán, donde casi todos los años muere algún ejemplar.