Naturaleza

2024, un año de pájaros en Soria (17): Oropéndolas, 'canarios' en nuestras riberas

Macho de oropéndola. Foto Daniel Ramírez
photo_camera Macho de oropéndola. Foto Daniel Ramírez
Sección escrita por Juan Luis Hernández, de SEO Soria
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Uno de los placeres que tiene la primavera ya entrada es dar un paseo por cualquiera de las arboledas presentes en las riberas de nuestros ríos. Chopos, álamos, fresnos, ya han dejado su desnudez invernal y han cubierto sus ramas de hojas, verdes y frescas, haciendo invisibles a los muchos habitantes alados presentes que, sin embargo, se manifiestan y se dejan notar con sus hermosos cantos.

A nada que nos detengamos un poco, un sonido aflautado, potente y melódico, que en algunas zonas del oriente provincial en contacto con áreas riojanas y aragonesas han traducido en un “martín torero” o “tengo frío, tengo frío”, será el que acabe por llamar nuestra atención.

Y podemos intentar descubrir al emisor de tal canto siendo en muchos casos esa misión infructuosa, pues estamos ante una especie que pasa casi todo el tiempo entre las copas más altas de los árboles, sin bajar casi al suelo. Si tenemos suerte, quizás una interjección de sorpresa salga de nuestra boca, dado que no es un pájaro pardo o grisáceo al uso, sino que es otra especie tropical que se digna a visitarnos, el único representante de su gran familia en Europa.

Casi estoy acabando el artículo y todavía no he dicho que estamos hablando de la oropéndola europea ('Oriolus oriolus'). Tanto oro en su nombre no es exagerado pues el amarillo limón que cubre mucho del plumaje del macho justifica tal denominación. Ese amarillo chillón lo presenta, como ya estamos viendo por aquí que ocurre en muchas especies, solo el macho, contrastando bastante con el negro de las alas.

Hembra de oropéndola. Foto Jesús Ruiz
Hembra de oropéndola. Foto Jesús Ruiz

La hembra presenta unos tonos mucho más apagados, con partes superiores de color verde oliva y las inferiores blanquecinas y rayadas en gris. Es un ave medianeja, pues es del tamaño de un mirlo grande, con unos 24 centímetros de longitud y el doble aproximadamente de envergadura alar.

Acaban de llegar de África y ocupan todos los bosques de ribera sí, pero también son frecuentes en robledales y quejigares o huertos con frutales en las inmediaciones de los pueblos. Fruto de su gran discreción, y de lo difícil que es su observación como hemos señalado, se suele pensar que se trata de una especie escasa.

Nada de eso. Es una especie común, frecuente en los ambientes descritos de toda la provincia y todo parece indicar que en los últimos años su población ha ido en aumento, como está pasando en el resto de la Península. Estarán con nosotros hasta agosto, siendo ya raros en los primeros días de septiembre. Aunque con dieta insectívora, en agosto necesita mucha energía para emprender tan largo viaje y es ahí donde se presenta como un ávido consumidor de frutos. Si alguien tiene una higuera en su pueblo que esté atento y las verá, ya silenciosas, pero igualmente bellas.