La aurora boreal que se pudo ver en Soria

En plena Guerra Civil, el hemisferio norte vivió uno de los fenómenos astronómicos más sorprendentes del sigo XX

'El Avisador Numantino', en las cuatro páginas de su edición del 29 de enero de 1938, recoge varias informaciones de la Guerra Civil que en esos días sufría España. Junto a todas esas piezas, hay dos que hacen referencia a uno de los fenómenos astronómicos más extraños y sorprendentes que vivió España (y buena parte de Europa y del mundo) el siglo pasado: la visión de una aurora boreal.

Aquella aurora boreal de 1938 pudo verse en casi todo el hemisferio norte del planeta Tierra, aunque también se tiene constancia de la misma en Australia (aurora austral). En diversas partes del mundo, aquel inesperado color rojizo que tiñó los cielos provocó diferentes pensamientos y presagios. España vivió ese fenómeno, el atardecer del 25 al 26 de enero, en uno de los momentos más sangrientos de la Guerra Civil, con lo que millones de españoles se inquietaron todavía más con esa visión del cielo de color rojizo. Desde entonces, en España apenas hay constancia de otras dos auroras boreales en 1989 y 2003, aunque de mucho menor calado que la de 1938.

En la página 4 de aquella edición de 'El Avisador Numantino', aparece una breve nota informativa de dicho fenómeno, nota que así reza:

"Aurora boreal. -Sobre las ocho de la noche del martes último se observó en nuestra ciudad hacia la parte norte del horizonte un extraño fulgor, color escarlata, que iluminaba gran parte del cielo. Tratábase de una aurora boreal, fenómeno que rarísimas veces se produce en nuestras latitudes.

Según informes que se reciben, el fenómeno fue también observado en Pamplona, Burgos, Logroño y otras poblaciones del norte. Un telegrama de Berlín acusa asimismo el citado fenómeno en aquella capital".

Y en la página 2, aprovechando la presencia de tan sorprendente sucesos, Francisco Soria Montenegro aprovecha para hacer un comentario humorístico del que también se extrae alguna información:

"Comentarios humorísticos

El fenómeno luminoso del martes

Sobre las ocho de la noche del martes último, observaron numerosas personas de Soria un raro fenómeno luminoso cuya duración se prolongó hasta la una de la madrugada aproximadamente.

El cielo aparecía con un gran resplandor rojizo precisamente en la parte que correspondía a las regiones nórdicas, dando la sensación de que se trataba de una aurora boreal, fenómeno luminoso que suele aparecer en el cielo en regiones apartadas del Ecuador.

En la Península Ibérica solamente en raras ocasiones se ha podido admirar tan bello como interesante fenómeno. Sobre la aparición de una aurora boreal recordamos lo que le sucedió a un gobernador civil de la primera República que ejercía el mando en una provincia gallega.

No sabiendo el Poncio republicano a qué atribuir tan maravilloso espectáculo y temiendo que las masas emocionadas se desbordasen promoviendo serias alteraciones de orden público, decidió poner al Ministerio de la Gobernación un telegrama concebido en los siguientes términos:

-Gobernador civil a Ministro de la Gobernación. Presentada aurora boreal, ¿qué hago?

Y don Estanislao Figueras, que, si la memoria no nos es infiel, regentaba en aquella época el Ministerio de la Gobernación, envió al atemorizado gobernador gallego la siguiente contestación:

-Cuando se presentan las auroras boreales, los gobernadores civiles dimiten.

Pero volviendo al tema que origina los presentes comentarios, nos permitimos exponer la opinión de varios sabios austriacos, opinión que acabamos de leer en un telegrama fechado en Viena y que dice así:

-El martes se ha producido en distintas regiones del país un raro fenómeno. Sobre Viena, en la frontera checoslovaca y hasta en Praga, se ha percibido un resplandor rojizo que ha durado hasta las veintidós horas. Los hombres de ciencia, que han sido consultados, atribuyen el fenómeno al resplandor producido por arenas del desierto impulsadas por el viento hasta la estratosfera e iluminadas por la luz de la luna.

No estamos conformes con la explicación de los científicos austriacos, y en cambio, de perfecto acuerdo con varios técnicos sorianos que observaron con nosotros el fenómeno del martes, aseguramos categóricamente que se trataba de una auténtica aurora boreal, cuya aparición podían previamente haberla anunciado los astrónomos, como suelen hacerlo con los eclipses u otros espectáculos astronómicos completamente gratuitos.

Desde luego, queda desechada por inverosímil la teoría sustentada por algunos candorosos vecinos que atribuían el fenómeno a la proximidad de Marte.

Para que esos ciudadanos no sientan ningún temor ante la leyenda del bello y misterioso planeta, les recordamos que Marte brilla siempre en el firmamento alejado de la estrella Polar. Su distancia a la Tierra es tan enorme que para descartar la hipótesis de un choque o cataclismo nos bastará tener presente el cálculo que en determinada ocasión hizo un sabio acerca de la distancia que nos separa de tan magnífica estrella.

Dicho cálculo era el siguiente:

Un tren que saliera de la Tierra, marchando a una velocidad de 100 kilómetros por hora, tardaría en llegar a Marte 24 años.

Nada teman, pues, mis pacíficos convecinos sabiendo que Marte se encuentra un poco más allá de la Sierra Cebollera.

Francisco Soria Montenegro"