JAVIER CANO. DESCUBRIENDO EL GRAFITI. Los iguales se encuentran y se reconocen.
Madrid en los años 80 se abre entusiasmada, como quién llega a la hora del postre y se come sola la tarta de todos. Sucede siempre aquí, aparece una fuerza especial, una ola gigante que rompe y arrastra.
Las imágenes de este reportaje documentan la emoción cargada de los muros con una intensidad que atrapa con preguntas no muy cómodas. La virtud arrogante de un pensamiento dibujado que no ha perdido fuerza a día de hoy; los grafitis han desaparecido,si,pero Javier Cano los rescata,los hace vivir a través del tiempo.
No hubiéramos podido imaginarlo si él no nos lo hubiera contado.
Un ojo que mira a la vez que ofrece, participando de esa tautología fotográfica en la cual, el que menos juzga es el que más sentencia.
Nunca ha sido fácil el grafiti, ni hacerlo, ni comprenderlo, ni lo es ahora, casi a punto de abandonar el lado marginal...¡ cómo sería en sus orígenes, antes de iniciar el protocolo social de aceptación!.
Javier lo ha visto, lo ha reconocido y fotografiado, su punto de vista nos desvela el misterio, abre el acceso, si es que queremos entender...
Tomó estas fotos en el año 87, aunque algunas pinturas llevarían tiempo allí, no parecen recientes.
Con brocha, sin spray, pero una fuerza espontánea, que no envidia la de los extintores, arde en los trazos. Las fotos no son en blanco y negro, la monocromía estaba en las mismas paredes, ilustrando un zoológico voraz a gran escala, una fiesta simbólica y fantasmal, que dis-parando en contra, hacía chocar a patadas los sueños contra los muros.
Javier Cano andaba por Madrid en esos 80, venía de Suecia, de Noruega, luego de Marruecos, y tenía los ojos abiertos.
Trabajando como reportero para diferentes periódicos y revistas ha ido formando valiosas colecciones dedicadas a sus temas favoritos: el Amor, la Naturaleza, la Muerte, sus Poetas: Machado y Becquer, los Flamencos y Gitanos, las Mujeres, los Amigos y todo aquello que bello y maldito respira, lo que prende en su alma de truhan incansable, marginal a ultranza, inteligentísimo escritor y fotógrafo que se bambolea entre dos lenguajes: expresivo el uno, crítico el otro; pero lo único que tiene seguro, por ingenuo que parezca, es la resistencia furibunda a todo sistema reductor.
Javier muestra una atalaya, un lugar propio en lo alto, y dice: “ yo estuve aquí”, como el grafitero; la escritura de las paredes y la escritura de la imagen fotográfica. Los dos se retratan.
Una vez más los iguales se encuentra y se reconocen.
Carmen María Palenzuela
Es profesora de Educación Plástica y Visual. Autora del libro “Espacios para la Libertad. Graffiti en el entorno ferroviario de Valladolid”.
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