La implicación de la familia en la educación

Hace unos días me sorprendía el siguiente titular: “Los grupos de Whatsapp de madres y padres son lo peor que ha ocurrido a los colegios en años”, que compartía uno de mis contactos en Facebook. Movida por la curiosidad de un comienzo así, leí como uno tras otros se iban enumerando los usos disfuncionales que de esta red social hacen los progenitores del alumnado español. Hasta llegar a un párrafo que me llama especialmente la atención:

“Por otro lado, con unas cuantas maestras que han pasado por la vida de mis hijas, también he podido asistir alguna vez (por suerte casi nunca ha habido motivo) a un ataque contra ellas, las docentes. Que si dicen esas cosas por Wathsapp, qué no dirán en casa delante de sus niños. Pienso que podemos estar en desacuerdo con los métodos de determinados docentes, pero mejor hablarlo directamente con ellos, sin perder el respeto como parece que se hace a través del móvil cuando no nos leen. Y ya, el colmo, no es cuando se habla de los métodos, sino de la persona en sí, si es más o menos simpática, si viste de un modo u otro…”.

Todo ello me ha hecho reflexionar sobre el rol que juegan las familias en la educación española. Como primer y segundo agente socializador, familia y escuela deberían trabajar mano a mano en cada una de las fases educativas de los alumnos, dado que además persiguen un fin común: la educación de los niños. Sin embargo, en demasiadas ocasiones no solo no tiene lugar esa colaboración sino que se entorpece dicha tarea.

Cuando hablamos de enseñanza de calidad es inevitable que a todos se nos venga a la cabeza un país: Finlandia. Líder en los informes PISA, es la referencia a nivel metodológico de todo centro educativo que busca la excelencia. Y es innegable que cuenta con un gran número de bondades, a cada cual más destacable. Pero, ¿cómo es la relación de los padres y las madres finlandeses en el proceso educativo? Como no podía ser de otro modo –y en consonancia con las altas calificaciones que obtienen en lectura comprensiva- los progenitores del país nórdicos son modelos ejemplares de ávidos lectores. Las excursiones familiares a las bibliotecas son actividades cotidianas.

Otro punto a favor de Finlandia es el reconocimiento de la labor docente. Y en ello juega un papel importante la sociedad en general, pero también las familias. Asumir el hogar como el primer centro educativo del niño y acompañar y apoyar plenamente las decisiones de los docentes es el modus operandi en este país, algo que, desgraciadamente, no es tan común en el nuestro –como el párrafo anteriormente descrito demuestra-.

Hablábamos en una de las primeras entradas de este blog de las Comunidades de Aprendizaje y como la familia estaba implicada en todo el proceso educativo. Gracias a ello, como recoge la web Utopiadream, “aumentan el número de interacciones que viven los niños y las niñas; interacciones impregnadas de sentidos (…) La reflexión y vivencia del niño o niña en estas situaciones es: Si mi padre está en clase participando de grupos interactivos, será porque esto debe ser importante”.

Hay un lema que debe convertirse en el estandarte de todo entorno educativo: que el niño sea el absoluto protagonista de su propio aprendizaje. Y bajo esta premisa necesitamos trabajar todos a una. Solo aunando esfuerzos conseguiremos alumnos motivados, ilusionados e implicados, que sabrán valorar y apreciar su propio proceso formativo.