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Cap. 290. 12/14-5-2022. Tres días en la costa de Montenegro: Budva, Sveti Stefan, Kotor

Jueves 12 de mayo

A pesar del título de esta nueva entrada, el día 12 no empezó en el Montenegro balcánico, sino todavía en Albania. Después de la larga y más bien llana marcha del miércoles 11 para ver el Ojo Azul, este jueves nos ha tocado montaña de verdad, la de los desniveles.

Para avanzar con mayor ligereza, hemos calculado una excursión de unas tres horas en las que no fuera necesario el acarreo de mochilas. Hablando con los guías de nuestro albergue, nos recomiendan hacer la excursión más famosa de la zona: el camino que lleva hacia Valbona, regresando antes del collado superior para que no se nos fuera el tiempo.

Han salido 12 kilómetros y 800 metros positivos, desnivel que se salva en solo 8-9 kilómetros, porque el resto es el camino entre nuestro alojamiento y el comienzo o final del Valle del Theth, donde de verdad empieza a subirse. Esta excursión es preciosa, se entiende que sea uno de los destinos preferidos por los turistas de montaña: ascensión, nieve, ríos, bosques cerradísimos, vistas espectaculares… y un bar a algo más de 1.500 metros que es donde hemos decidido darnos la vuelta. En resumen: llevad dinero.

Regresamos al hotel para ducharnos porque el calor ha sido más que interesante, y volvemos a coger nuestro Golf después de darle un día completo de descanso. Hoy le va a tocar cambiar de país y, con él, a todos sus ocupantes, a nosotros cinco (Adrián, José Mari, Óscar, Nacho, Sergio).

El comienzo del camino es tal cual el de antes de ayer, ya que Theth es final, y muy final, de trayecto. En una gasolinera nos toca ir girando a la derecha para enfilar hacia Montenegro, uno de los varios países en los que se desgajó la no tan antigua Yugoslavia, aunque ahora parezca de otra época.

Antes de cambiar de país, paramos a comer en un restaurante que nos había hecho tilín solo por el nombre (Cavaliero) y la ubicación (donde ya no sería mucho más tiempo soportable el hambre). Acierto de verdad, con unos buenos risottos, cabrito al horno y unos increíbles postres entre los que destaca el trilece (tres leches, tradicional en Sudamérica y en Albania por estas peculiaridades que tiene la transferencia de culturas).

En la frontera perdemos una media hora, entre otras cosas sacando una especie de seguro por el que nos cobran 15 euros. Este tramo final es por caminos estrechos rurales. En un momento, uno de ellos nos lo encontramos en obras. Como carecemos de internet por el cambio de país, nos toca tirar de intuición y de preguntas para retomar pronto la trayectoria que habrá de llevarnos a Budva.

Esa trayectoria alcanza el mar por Bar y Petrovac, dejamos Sveti Stefan a la izquierda y bien antes de anochecer llegamos a Budva, el gran destino turístico de playa de Montenegro y uno de los principales de los Balcanes. Nos encontramos mucha gente joven que se nota que están de viaje de fin de curso o algo similar. Nostalgia de los 20 años…

Habíamos buscado un apartamento por internet pero no lo habíamos reservado. Llegamos a él y lo que vemos sí nos convence, así que contratamos el alojamiento para dos noches. Dejamos las cosas en él, nos apañamos un poco y buscamos la Ciudad Vieja de Budva, que se encuentra a unos 20 minutos a pie de donde dormimos.

Esta Ciudad Vieja es realmente bonita, un lugar intramuros ahora repleto de restaurantes y tiendas de recuerdos. Se nos ha hecho tarde, pero no tanto como para que no nos den de cenar en un sitio en el que la especialidad es el pescado. Qué bien estamos comiendo estos días. (Las fotos de abajo son de los días 12 y 13 por la noche)

Viernes 13 de mayo

No tenemos contratado el desayuno, así que nos toca tomarlo a unos 100 metros de casa, bueno, abundante y asequible. Repetiremos mañana. Nuestro primer destino es Sveti Stefan, el lugar más fotogénico y fotografiado de Budva y cercanías, de todo Montenegro y, quizás, de todos los Balcanes.

Esa fotogenia pertenece en realidad a una isla unida al continente por un pequeño puente peatonal. La isla es ahora un complejo turístico vedado a las visitas, así que nos quedamos sin entrar. Nos dicen que en verano, en temporada alta, sí deben de hacer visitas guiadas. La otra manera de conocerla por dentro es alojándose en ella, algo que no va a ser barato.

A cambio, nos pegamos un buen baño en el Adriático, justo al lado de este recinto cerrado de Sveti Stefan (San Esteban), creo que el primer baño marítimo de 2022 para todos nosotros. Muy buena el agua.

Tomamos algo en el bar a pie de playa y, tras pagar el aparcamiento, nos vamos a comer a nuestro segundo destino del día: Kotor. Antigua ciudad veneciana, se entiende la gran cantidad de personas que visitan Kotor.

Ubicada entre el mar y la montaña, la ciudad antigua es también un recinto amurallado de mayor tamaño que el de Budva y, por tanto, con muchos más restaurantes y tiendas de recuerdos.

Compramos algo y comemos en este bonito lugar sombreado, pues si algo nos está acompañando en estos días es el sol y las altas temperaturas. Por suerte, en una farmacia de Tirana habíamos comprado crema solar.

Volvemos al coche y, en vez de desandar lo andado hacia Budva, optamos por circular por la carretera panorámica 3, paralelos a la costa, pues Kotor se encuentra a orillas del final de una estrechísima ría de varios kilómetros. Si no hay prisa, como era el caso, merece la pena desviarse por este lugar para seguir disfrutando de cerca del mar. En el trayecto pasamos por el aeropuerto de la zona, muy activo en estas épocas del año.

Llegamos aún de día a Budva (es la misma hora que en España, así que en Albania y Montenegro amanece y anochece pronto). Algunos optan por darse un baño en el mar, no tan cristalino como en Sveti Stefan, y otros se quedan junto al coche, aparcado un poco regular, lo que evita la intervención de la grúa que sí se lleva algún otro vehículo aparcado junto al nuestro.

Vuelta al apartamento y, de ahí, nuevo paseo hasta la Ciudad Vieja de Budva, para cenar en un chino y para tomar algo en un bar con música en directo antes y después de esa cena. Como era previsible, había más ambiente después.

Sábado 14 de mayo

Dormimos por segunda y, de momento, última vez de nuestras vidas en Montenegro. Como no nos agradó el baño en Budva, y como nos pilla de camino, paramos de nuevo en Sveti Stefan. De ahí, regreso por el mismo lugar que el jueves hasta Bar, donde abandonamos la costa y nos metemos por el interior de Montenegro, de nuevo lleno de carreteras estrechas

Este paso fronterizo está mucho menos concurrido y no tenemos que sacar ningún seguro porque volvemos al país en el que está matriculado el coche, así que apenas nos demoramos unos minutos. En ningún momento ha sido obligatorio el pasaporte para visitar los dos países de este viaje, pero esto es una crónica de lo que hemos vivido nosotros, no el apartado de Recomendaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores.

A la hora de la comida llegamos al camping donde íbamos a dormir este sábado. Pero con casi 30 grados y una piscina en mitad del recinto, hemos priorizado el baño al restaurante, donde nos han dado autorización para ir a comer un poco más tarde. Una vez más, gran comida y, como siempre en Albania, barata. Por cierto, en muchos lugares de este país no admiten pagar con tarjeta, así que conviene viajar con lekke (la moneda local) o con euros, que los admiten en casi todos los sitios.

Después, como es fácil de adivinar, tiempo para la siesta, hasta que a las siete de la tarde alguien propone mover. El resto acepta y, aunque nos dicen que está cerrado, probamos a subir al castillo de Rozafa, situado justo encima de nuestro camping. Por suerte, está abierto. Pagamos como podemos con el poco dinero suelto que nos quedaba y disfrutamos de este gran promontorio, con un atardecer espectacular. Mucho mejor ir a esta hora que antes, con todo el calor.

Ya anocheciendo bajamos a Shkoder, a un par de kilómetros de donde estamos. Es una ciudad de unos 135.000 habitantes y es sábado por la tarde-noche. Nos sorprende muy gratamente el ambiente que se respira en las calles principales del centro. Aprovechamos para sacar dinero en efectivo y para hacer una fotografía a la estatua de la Madre Teresa de Calcuta, nacida en Macedonia del Norte pero descendiente de Albania y, más concretamente, de Shkoder.

De vuelta al camping, seguimos en nuestros dispositivos las votaciones de Eurovisión. Nos emplazamos para salir a celebrar en caso de que Chanel sea la vencedora, pero nos tenemos que conformar con un gran tercer puesto por detrás de Ucrania y Reino Unido. A dormir, por tanto.

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